EL SENTIDO Y SIGNIFICADO
DE LA ETICA EN EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO
DE LA EXISTENCIA HUMANA
INTRODUCCIÓN
Al momento de
hablar de existencia humana, no nos referimos solamente a su raíz biológica. La
existencia humana encierra algo más, algo que no podemos ver ni tocar. Hablamos
de las cosas que realmente trascienden, traspasan fronteras y perduran en el
tiempo.
Todo en el
mundo es y existe. Lo que diferencia al ser humano del resto de las especies es
la capacidad de elegir y la conciencia de sí. Siempre está sujeto a decidir
entre una u otra cosa. Esa es su libertad y como ente individual inserto en una
sociedad debe asumir la responsabilidad de sus actos. La manera en que el
hombre se rige moralmente, su patrón de conducta, es lo que llamamos ética.
La idea
actual del hombre y la existencia humana, no es más que el resultado de cómo ha
evolucionado este mismo pensamiento. La historia nace con la necesidad de
conocer todas aquellas experiencias que nos han llevado a ser lo que somos hoy.
El hombre y
la sociedad han evolucionado gracias a su propia curiosidad, con la adquisición
de experiencia, de conocimiento. Los adelantos tecnológicos de hoy en día, son
fruto de la interacción de todas las ciencias existentes y las diversas
disciplinas del conocimiento.
ÉTICA Y
EXISTENCIA HUMANA.
La ética nace
en la Edad Media como una valoración moral de los actos humanos. Se refiere
principalmente al comportamiento humano,a su categorización como bueno o malo.
Pero la ética no surge para difundir una serie de normas sobre cómo vivir, para
eso puede tomarse alguna religión o simplemente las leyes. La ética tampoco
surge para crear ciudadanos moralmente correctos, ni mucho menos moralmente
incorrectos. La ética sirve como patrón para el libre albedrío.
Al momento de
plantearnos cualquier situación en la vida, siempre tendremos la capacidad de
decidir entre hacerlo o no hacerlo, entre decir SI o NO. Sin duda esta es
nuestra principal libertad. Pero nada es tan simple como parece. Al momento de
decidir libremente, debemos tener en cuenta que nuestras acciones repercuten en
la vida del resto de los miembros de nuestra sociedad. En cada decisión
tendremos en cuenta muchos aspectos, nos haremos preguntas tales como el por
qué y para qué de lo que hacemos, y en ese preciso instante estaremos “haciendo
ética”, reflexionando sobre la vida.
Está claro
que existen patrones generales de conducta que promueven la sana convivencia y
que la humanidad ha adoptado como una parte más de la vida en sociedad. Pero
también es cierto que cada quien debe vivir su propia vida, desarrollar su
propia existencia, teniendo en cuenta que la propia libertad termina cuando
empieza la del otro.
“ La vida del
hombre no puede “ser vivida” repitiendo los patrones de su especie; es él mismo
- cada uno - quien debe vivir” (Erich Fromm, Ética y psicoanálisis, citado en
revista Occidente n° 365 por Roberto Muñoz Barra)
CIENCIA Y
EXISTENCIA HUMANA.
Sin duda los
conocimientos que poseemos hoy en día nos han permitido lograr cosas que hace
cien años habrían sido imposibles de imaginar siquiera.
Cada una de
las ramas del árbol de la Ciencia comprende un vasto campo de conocimiento, en
ocasiones tan amplio que no basta solo una disciplina para estudiarla.
Gracias al
desarrollo de las ciencias, la humanidad ha conquistado todos los ambientes de
la Tierra y una pequeñísima parte del espacio exterior. Lugares muy distantes
uno de otro están conectados permanentemente y en los últimos años, de manera
más expedita gracias a la incorporación masiva de Internet. La ciencia ha
permitido curar enfermedades y salvar vidas que hasta hace algunos años eran
imposibles de salvar. Con la ayuda de la ciencia existe la posibilidad , en la
práctica, de romper las barreras del sonido y en teoría las del tiempo. El
conocimiento de la especie, de nuestras conductas es cada vez menos misterioso
gracias a la psicología, la sociología y la historia entre otras cosas. Lo más
importante de destacar, es que a pesar que las ciencias están fundadas en
pilares distintos, es la interacción de todas aquellas la que nos lleva a un
conocimiento global
El desarrollo
de las ciencias nos permite obtener un mayor conocimiento y responder una serie
de incógnitas. Pero también es cierto que una pregunta resuelta conduce a
muchas más por resolver. Una cosa si está clara: ningún conocimiento es
definitivo, porque no se ha comprobado la existencia de verdades absolutas.
Frecuentemente se recurre a la ciencia como argumento de peso, algo
comprobable, aunque es sabido por todos que la ciencia proviene de los humanos
y como tal puede tener imprecisiones.
En algunas
ocasiones y con justa razón , la ciencia es considerada como salvadora de la
Humanidad.
¿Pero qué
sucede cuando la ciencia parece ir más rápido que la ética y que la propia
imaginación?
Es muy
importante al hablar de la ciencia, identificar hasta donde se puede controlar
el conocimiento, hasta donde somos capaces de frenar nuestras ansias de saber
más, cuidando de no traspasar el umbral entre lo correcto y lo incorrecto. Pero
al pensar en esa delgada línea que separa lo bueno de lo malo surgen distintas
interpretaciones; cada persona le asignará el valor según sus propias normas
éticas.
“Crear el
conocimiento, el entendimiento que posibilita la convivencia humana, es el
mayor, el más urgente, más
grandioso y
más difícil desafío que enfrenta la humanidad del presente”.
«EL
SIGNIFICADO DE LA EXISTENCIA HUMANA»
¿Tiene la
humanidad un lugar especial en el universo? ¿Cuál es el significado de
nuestras vidas? Wilson Edward examina lo
que hace que los seres humanos sean absolutamente distintos al resto de las
especies. Buscando el significado de lo que Nietzsche en su día
denominó «los colores del arco iris» en los límites exteriores del
conocimiento y la imaginación, lleva a sus lectores a un viaje, entre la
ciencia y la filosofía para crear un tratado del siglo XXI sobre la
existencia humana, desde nuestros primeros inicios a una mirada provocativa a
lo que presagia el futuro de la humanidad.
Wilson
sugiere que es la época de las especies, que se inició en la evolución
biológica y la prehistoria, pasó a la historia y, ahora con urgencia, día a
día, cada vez más rápido hacia el futuro indefinido, es también lo que
decidiremos que sea.
Los avances
de la ciencia y la tecnología nos llevará al mayor dilema moral desde que
Dios sujetó la mano de Abrahán. Estamos a punto de abandonar la selección
natural, el proceso que nos creó, a fin de dirigir nuestra propia
evolución mediante selección voluntaria, el proceso de rediseño de nuestra
biología y naturaleza humana como deseamos que sea.
La
prevalencia de algunos genes sobre otros ya no será resultado de las fuerzas
medioambientales, la mayoría de las cuales están fuera del control humano o
incluso del entendimiento.
Los genes y
sus rasgos prescritos pueden ser lo que queramos. Entonces,¿qué pasa con vidas
más longevas, una mayor memoria, una mejor visión, un comportamiento menos
agresivo, una capacidad atlética superior, un olor corporal agradable? Como
escribe Wilson, la lista de la compra es interminable.
Tenemos
suficiente inteligencia, benevolencia, generosidad e iniciativa como para
convertir la tierra en un paraíso, tanto para nosotros como para la biosfera
que nos engendró.Podemos lograr ese objetivo de manera verosímil, al menos, ir
por el buen camino a finales de este siglo.
El problema
que está frenando este proceso hasta ahora es que el Homo sapiens es
una especie disfuncional de manera innata. La maldición paleolítica nos ha
ralentizado: las adaptaciones genéticas que funcionaron muy bien durante
millones de años de existencia de cazador-recolector, son cada vez obstáculo
mayor en una sociedad urbana y tecnocientífica global. No parecemos capaces de
estabilizar ni las políticas económicas, ni los medios de gobierno a un nivel
superior al de un pueblo.
Destruimos el
medio ambiente natural, la herencia más preciosa e irremplazable de nuestra
especie ya que estamos demasiado concentrados en nosotros mismos como para
proteger el resto de la vida que existe.
Mientras el
conocimiento científico y la tecnología sigan creciendo exponencialmente,
duplicándose cada una o dos décadas, dependiendo de la disciplina, la tasa
de crecimiento se reducirá inevitablemente. Los descubrimientos originales,
habiendo generado enorme conocimiento, se reducirán y empezarán a disminuir en
número. En las próximas décadas, el conocimiento de la cultura tecnocientífica
será enorme en comparación con la del presente, pero también será la misma en
todo el mundo.
Lo que
seguirá desarrollándose y diversificándose de manera indefinida es la
humanidad.
Es cierto
que la ciencia y las humanidades son fundamentalmente
distintas la una de la otra en lo que afirman y en lo que hacen. Pero se
complementan la una a la otra en origen, y surgen de los mismos procesos
creativos en el cerebro humano. Si el poder heurístico y analítico de la
ciencia se puede unir a la creatividad introspectiva de las humanidades, la
existencia humana se elevará a un significado infinitamente más productivo e
interesante.
Edward
Osborne Wilson es reconocido como uno de los biólogos más importantes
del mundo. Entre los reconocimientos que ha recibido en todo el mundo se
encuentran la Medalla nacional de la ciencia de los EE. UU., el premio Crafoord
de la Real Academia Sueca de las Ciencias, o el Premio internacional de
biología de Japón. En el ámbito de las letras, dos premios Pulitzer, los
premios Nonino y Serono en Italia y el premio COSMOS de Japón.Es Honorary
Curator en etimología y catedrático emérito de investigación universitaria
de la Universidad de Harvard. Es autor de Sobre la naturaleza humana
(premio Pulitzer de 1979), Las hormigas (premio Pulitzer de 1991),
Consiliencia: la unidad del conocimiento, El futuro de la vida o Cartas
a un joven científico, entre otros libros.
SENTIDO DE LA
VIDA HUMANA
El sentido
de la vida constituye una cuestión filosófica y sobre el objetivo y el
significado de la vida, o de la existencia más en general. Este concepto se
puede expresar a través de una variedad de preguntas, tales como ¿Por qué
estamos aquí? o ¿Qué es la vida?. Ha sido objeto de un gran estudio filosófico, científico, psicológico y teológico,
e incluso literario a lo largo de la historia. Esta cuestión ha
recibido un gran número de respuestas desde diferentes puntos de vista, junto
con los orígenes culturales e ideológicos de cada civilización.
El sentido de
la vida está profundamente mezclado con las concepciones filosóficas y
religiosas de la existencia, la conciencia y
la felicidad,
y afecta a muchas otras cuestiones tales como el significado
simbólico, la ontología, el valor, el propósito, la ética, el bien y el mal, el libre
albedrío, las concepciones de Dios, la existencia de Dios, el alma y el más allá. También desde el Humanismo y
la literatura son
amplias las aportaciones y reflexiones sobre el sentido de la vida.
Aunque
normalmente los autores (filósofos, poetas, teólogos, etc.) a lo largo de la
historia se han centrado en formular preguntas de difícil respuesta, pocas
veces estas reflexiones han dado fruto en forma de respuesta realmente
satisfactoria. En algunos casos han logrado respuestas parcialmente
satisfactorias (por ejemplo, autores cristianos para sus correligionarios),
pero raramente son respuestas aptas para otros públicos.
Platón fue
uno de los primeros y más influyentes filósofos, especialmente por idealismo,
que creería en un sentido común de la vida. En su Teoría de las Formas, lo común no existe
físicamente, como los objetos, sino como formas celestiales.
Para el Platonismo,
el sentido de la vida se halla en la consecución de una forma superior de
conocimiento, la cuál es la idea (forma) del bien, de la cuál todo lo bueno y
lo justo obtiene utilidad y valor.
Aristóteles,
aprendiz de Platón, fue otro filósofo temprano e influyente, el cuál
argumentaba que el conocimiento ético no es conocimiento certero (como la metafísica y
la epistemología), sino que es un conocimiento general.
Dado que no es una disciplina teórica, una persona ha de estudiar y ponerlo en
práctica para ser bueno, y entonces la persona pasaría a ser virtuosa; afirmaba
que no era meramente el estudio de lo que la virtud es, sino que habría de ser
virtuoso mediante actividades virtuosas. Para este fin, Aristóteles estableció
lo que para él era virtuoso:
Todas las
artes, todas las indagaciones metódicas del espíritu, lo mismo que todos
nuestros actos y todas nuestras determinaciones morales, tienen al parecer
siempre por mira algún bien que deseamos conseguir; y por esta razón ha sido
exactamente definido el bien, cuando se ha dicho, que es el objeto de todas
nuestras aspiraciones.
el sentido
del dolor , el sufrimiento y el dolor
La
preocupación por el dolor es de gran importancia, por cuanto hoy han disminuido
los niveles de tolerancia álgida. Existe mucho miedo al dolor y al sufrimiento.
Esto procede de dos raíces principales: por un lado el hedonismo y por otro,
los beneficios aportados por la técnica; gracias a los progresos de la anestesia
y de la analgesia, el hombre está menos familiarizado con el dolor que sus
antecesores, por eso le teme mucho más. Surge la algofobia que constituye
una verdadera plaga social. Nuestra cultura pretende abaratar el mal y el
sufrimiento. Dice Polaino: “estamos en una cultura en la que el sufrir tiene
mala prensa. El dolor es hoy un dis-valor” no tenemos motivos para
soportarlo, sino medios técnicos para combatirlo. Hemos caído en una trampa
peligrosa: pensar que somos capaces de erradicarlo, lo cual es imposible. No
soportamos el sufrimiento. El miedo o pánico al dolor llega a ser patológico.
Se dice que padecemos de analgofilia: aficción desmedida al analgésico;
“las virtudes han sido sustituidas por las grageas”. La eficacia de los
analgésicos nos ha ido ablandando. El sufrimiento se considera un intruso, que
quizá desmiente la bondad del Creador y hunde en la desesperación. Se lo ve
como una maldición. Se lo hace coincidir con la absurdidad. Por otra parte, se
advierte una pérdida del sentido humanizante y trascendente del dolor, lo que
urge recuperar, porque se olvida que el dolor tiene una dimensión perfectiva y
misteriosa. Huyendo del dolor padecemos doblemente.
Según
Polaino-Llorente el dolor es una cuestión que interpela a cada persona, El
sufrimiento resulta inevitable. Ningún hombre puede zafarse de la experiencia
del sufrimiento. De una u otra forma, todos acabamos por ser hombres
dolientes. Pero decía el maestro Eckhart que: “la cabalgadura que con más
rapidez conduce a la perfección es el sufrimiento”
PERSPECTIVA
PSICOFÍSICA DEL DOLOR
Sobre este
tema la ciencia ha hecho aportes importantes. Aquí solo señalaremos unas pocas
consideraciones. El dolo biológico y físico, se manifiesta como reacción a un
estímulo sensitivo perjudicial. “El dolor es un daño sentido”. Toda experiencia
dolorosa deja un recuerdo importante, no en cuanto dolor propiamente dicho,
sino en tanto que experiencia dolorosa. Esa huella no puede interpretarse como
algo innato, sino adquirida; y en tanto que adquirida, puede condicionar
determinados tipos de actitudes frente a futuras situaciones dolorosas.
NATURALEZA
DEL DOLOR
El dolor es
un acto de la subjetividad, un sentimiento. Santo Tomás señala diesisiete
instancias afectivas. Dice: “los hombres son víctimas de muchas deficiencias” porque
su fuerza y energía vital son limitadas, todo movimiento vital consume una
parte de ellas. San Agustín lo define como un sentimiento que resiste a la
división. En primer nivel el dolor corporal intenso, patentiza en nuestra
conciencia la unidad substancial de la persona; que se revela contra su
disgregación. Por su parte, Bergson considera al dolor como sensación local
impotente. La tendencia a la huida que provoca el estímulo doloroso está
enlazada con la imposibilidad de sustraerme a la realidad dolorosa; el dolor
rompe la unidad de la persona.
En un segundo
nivel, la experiencia dolorosa es mucho más rica que la mera sensación de
dolor. Esta última es siempre dolor exterior, causado por un mal que es
contrario al cuerpo y percibido por los órganos corporales, mientras que la
quiebra y el desgarro íntimo del afligido son dolor interior, o sea
sufrimiento. En el sufrimiento o dolor interior, interviene la memoria, la
imaginación y la inteligencia.
TIPOS DE
DOLOR
Freud distingue
tres fuentes principales del dolor: 1. la enfermedad que nos hace descubrir
nuestra finitud; 2. las agresiones del mundo exterior que nos hacen descubrir
nuestra pequeñez e indefensión; 3. las relaciones con el prójimo que nos
descubre la injusticia.
Por su parte, Scheler señala
cuatro estratos en la persona: 1.somático, 2.vital, 3. psíquico, 4. espiritual.
De acuerdo con estas dimensiones existen cuatro sentimientos fundamentales:
sensoriales, corporales y vitales, del Yo y de la persona. El dolor es un
sentimiento del primer estrato, sensorial, referido al yo, pero no a la
persona. Esa sería la diferencia entre dolor y sufrimiento (cuarto estrato). Y
no solo por su intensidad, sino por su duración. El sufrimiento devora todas
las perspectivas de futuro, la indeterminación de un horizonte sin dolor,
afectando a ese estrato espiritual y produciendo tristeza.
Santo Tomás señala
que la apetencia de placer y el anhelo de unidad o amor es causa del dolor, ya
que este es un sentimiento que resiste a la división de resistencia de la
voluntad y de la sensibilidad a una fuerza de potencia superior, la misma causa
dolor, porque si tal fuerza tuviera la potencia suficiente para transformar el
impulso de resistencia volitiva o sensitiva.
De acuerdo a
los autores señalados existen tres especies principales de dolor: dolor
corporal, dolor interior y tristeza. Estos corresponden al cuerpo, alma y
espíritu.
DISTINTAS
ACTITUDES ANTE EL DOLOR
Tenemos miedo
al sufrimiento y ese mismo miedo es sufrimiento. El temor ante el dolor físico
es, con frecuencia, peor que el propio dolor; el miedo ante el sufrimiento es
miedo del miedo. El temor ante la muerte no es miedo a estar muerto, sino miedo
ante la situación en la que tengo miedo.
Es importante
distinguir dolor de sufrimiento. Sufrir es un fenómeno complejo. El dolor
físico, el malestar, la sensación de desagrado, no son desde el principio
idéntico al sufrimiento. El sufrimiento no se identifica, sin más, con el dolor
físico. Ni con cualquier tipo de malestar. Muchas veces, el temor al dolor hace
sufrir mucho más que el propio dolor. El sufrimiento, no es un dolo físico o
moral, sino un dolor que condena a la pasividad, donde no se puede hacer nada. En
el fondo es una situación de impotencia que pide serenidad de aceptación de lo
que no se puede cambiar. Hablar del tema sin haber padecido sufrimiento alguno,
es lo más parecido a un ciego de nacimiento hablando de los colores.
La sociedad
moderna silencia la pregunta sobre el sufrimiento, la suprime. Concentra sus
esfuerzos en la evitación y en la disminución del sufrimiento, de manera
directa o indirectamente. Existe una actitud que incapacita para soportar el
padecer y aumenta con ello el sufrimiento. No se enseña a sufrir, como tampoco
se enseña a morir.
INTERPRETACIONES
DEL DOLOR
Son muchas
las interpretaciones que se han dado del dolor y del sufrimiento. Recordemos
sólo algunas:
a) El budismo considera
que para anular el sufrimiento tengo que anular la voluntad. A través de la
praxis meditativa debe desaparecer el Yo; de este modo, se desvanece el
sufrimiento. Se trata de evitar el sufrimiento y no de plantear la pregunta
sobre el sentido, porque el sufrimiento es en sí mismo lo sinsentido.
b) Schopenhauer tiene
una interpretación pesimista: “Toda vida es dolor” Considera la apetencia
al placer como carentes de satisfacción. El placer y la felicidad son vistos
como ausencia del dolor. La felicidad existe cuando impedimos el deseo,
evitamos enfrentamientos.
c) Nietzsche encarna
la interpretación heroica. Dice que el dolor no tiene la última palabra: “el
placer es más profundo aún que el sufrimiento”. También señala que la
causa del dolor es la subjetividad sin correlación real. Pero proclama la
superioridad energética de la subjetividad sobre las fuerzas cósmicas
d) La interpretación
dialéctica considera que el dolor es un mal y que se debe evitar a toda
costa pero a su vez es un mal que resulta necesario para el incremento y la
constitución del bien y por ello es en último término un bien.
SENTIDO
HUMANO DEL SUFRIMIENTO
Lo primero
que se necesita para saber qué hacer con el dolor es aceptarlo, como algo que
esta ahí, y que tenemos que encarar: es el momento dramático de nuestra
existencia. Señala Lewis: “la primera y más humilde operación del dolor
destroza la ilusión de que todo marcha bien”. Nos pone en situación
dramática y eso requiere un modo de expresión. Sin embargo:”el que se sobrepone
a su dolor, sube más alto” (Holderlin). Quien acepta esa situación convierte el
hecho doloroso en una tarea: la de reorganizar la propia vida contando con esa
dramática verdad que se ha hecho presente. Así, “La enfermedad me es dada como
una tarea; me encuentro con la responsabilidad de lo que voy a hacer con ella”.
Yepes dice:
“el dolor realiza en nosotros una catarsis, una purificación, no solo corporal,
sino espiritual; nos hace menos dependiente de nuestro capricho”. El dolor
eleva al hombre por encima de sí mismo porque ayuda, le enseña a distanciarse
de sus deseos.
Afirma Lewis:
”el efecto redentor del sufrimiento reside básicamente en su propensión a
reducir la voluntad insumisa.” El hombre doliente se ennoblece
si ha aprendido a ser fuerte para sobrellevar su dolor. Después de los dos
momentos anteriores, se puede descubrir el verdadero sentido del dolor: “yo
sólo puedo afrontar el sufrimiento, sufrir con sentido, si sufro por un algo o
un alguien”.
La existencia
del sufrimiento es un reto a la fe y a la razón. Produce daños; pero podremos
hacer algo positivo si se consigue darle sentido a ese mal que se presenta
muchas veces como un atentado a la existencia de Dios.
Polaino
señala que el hombres doliente tiene que plantearse si va a ser feliz o no a
pesar de sus sufrimientos. Lo primero que tiene que hacer es aceptarse a
sí mismo tal como es con los sufrimientos y limitaciones.
El que ha
estado en contacto con el sufrimiento, puede señalar que la persona que sufre,
no pide tanto explicaciones racionales, como una actitud empátíca. Lo mismo
puede suceder con las consideraciones teológicas, se queja porque no se
encuentra sentido. Se necesita darle sentido porque esa situación forma parte
de la vida. Sólo el sufrimiento con sentido da paz espiritual.
Ante la
desgracia siempre sobran las palabras, que nunca podrán compensar la pérdida
sufrida. Todo sufrimiento verdadero se experimenta como ruptura. El homo
dolientedice: tengo el alma destrozada y otras cosas por el estilo.
LOS LÍMITES
DEL SENTIDO HUMANO Y LA PLENITUD DE LA FE CRISTIANA
El dolor
cuando queda integrado en la vida, nos moldea, nos hace más únicos, más
humanos. Lo único que consigue no romper a la persona es que sea capaz de amar
de verdad. El amor es un fuerte apoyo del sentido del sufrimiento.
Algunos
descalifican el sufrimiento como si fuera una maldición. Se hace coincidir el
sufrimiento con la absurdidad. Se olvida que el dolor tiene también una
dimensión perfectiva. Para alcanzar la felicidad hay que luchar. ”Hay que
buscar la perfección en las entrañas del sufrimiento”.
No se conoce
verdaderamente al hombre hasta no saber como se comporta frente al dolor. El
mismo es el acontecimiento fundamental para el perfeccionamiento personal. Si
mejora y se perfecciona, el dolor ha contribuido a hacer a la persona más
feliz. Así, el dolor es una ocasión de la que el hombre puede servirse para
alcanzar esa perfección.
Ser feliz es
elevar al máximo de perfección todas las facultades, especialmente las
espirituales; pero hay que olvidar el mal que se está pasando. Por eso, insiste
Polaino que es posible autorrealizarse en la experiencia dolorosa, porque el
dolor es la ocasión, tanta veces mal aprovechas, para el autoperfeccionamiento
personal.
MÁS ALLÁ DEL
DOLOR Y EL SUFRIMIENTO DEL HOMBRE
Según Polaino
el dolor se hace misterio, es el plus del dolor. Ya no alcanzan las explicaciones
racionales y a pesar del desarrollo tecnológico y avances de la medicina, el
hombre continúa siendo homo patines, el homo doloris de siempre, en
su constante peregrinar en busca de explicaciones que casi nunca alcanza. Por
eso, es preciso pasar de lo natural a lo sobrenatural; se necesita la luz de la
fe para ese misterio.
La pregunta
acerca del sentido del dolor y el sufrimiento va más allá del dolor y el
sufrimiento. El misterio del dolor humano encamina al misterio del amor
divino:”Sin el sufrimiento de Cristo es locura tratar de entender el
sufrimiento del hombre”. El amor de Dios al hombre probado en el
sufrimiento ilumína el sentido del su dolor que se muda en amor de Dios y amor
a Dios. El amor limpia y trasciende el dolor. El sufrimiento abre la vida a un
sentido más pleno y la hace más digna. Cristo curó a los enfermos y alivió al
hombre en su dolor. Con eso demostró que es bueno combatir el dolor. Pero son
su vida y su sufrimiento enseñó a divinizar el dolor. Tanto se acercó al sufrimiento
que Él mismo se hizo sufrimiento. A partir de aquí, el sufrimiento será
redimensionado de una forma nueva: el dolor será vinculado al amor. Sufrir no
será en adelante, sino amar. El hombre se realiza en tanto que sufre y su
sufrimiento se asocia a la cruz. El sufrimiento se transforma en fortaleza
salvífica y su miseria en potencia redentora.
Cuesta
entender el sufrimiento en la medida en que no sabemos quién es Dios y quienes
somos nosotros y los demás y cómo tratarlos. El problema está en nosotros, en
nuestra superficialidad. Cuando se sufre con humildad, se puede ir adquiriendo
esa sabiduría que advierte lo eterno, porque el sufrimiento es anuncio de lo
que está por llegar, aviso de que hay algo que permanece para siempre y, que lo
que importa es el amor que se posee.
El mayor
milagro de Lourdes es la serenidad de los que abandonan el lugar sin
ser curados. Si Dios puede curarme, debe tener un motivo para no hacerlo. Tal
vez no entienda, pero debo aceptar su voluntad. Seguramente que me tiene
reservado algo bueno.
El sentido
del sufrimiento es una paradoja. Sólo bajo el presupuesto de que Dios existe y
el pecado, puede el sufrimiento cumplir su función. El sentido del sufrimiento
es ayudar al que padece a refugiarse en Dios. Señala Juan Pablo II que
el dolor no es un castigo inmerecido, sino un inmerecido tesoro. La unión con
el sufrimiento de Cristo constituye el culmen de vuestra actitud de fe.
EL VALOR
SALVÍFICO DEL DOLOR HUMANO
Escuchemos
finalmente a Bruno Forte: en la muerte y resurrección del Hijo, se revela
el doble “éxodo” como única posibilidad de dar valor salvífico al dolor humano:
la salida de Dios de sí mismo hasta el abajamiento supremo de la Cruz y Su
retorno. El “éxodo de Dios” del Hijo venido en la carne culmina en el
acontecimiento de Su muerte, como lugar del extremo advenimiento del Eterno en
la forma de la limitación humana: pero el sufrimiento y la muerte en Cruz son
iluminados en su profundidad abisal por el “éxodo hacia Dios” de la
resurrección del Hijo encarnado, en que la muerte ha sido engullida por la
victoria (cf. 1Cor 15,54).
La cuestión
sobre el sentido del sufrimiento es específicamente bíblica. Presupone la fe en
una ilimitada totalidad de sentido, la fe en que el universo en su conjunto
descansa dentro de un contexto de sentido. Sólo desde ahí tiene sentido
preguntar sobre el sentido del sufrimiento. Tal pregunta se plantea ante todo
allí donde se cree en un Dios omnipotente y bueno, es decir, allí donde, por
tanto, es posible preguntar: «¿cómo se armoniza ese hecho con la existencia de
sufrimiento en el mundo?».
En Homero no
se plantea la pregunta sobre el sentido del sufrimiento. Los héroes homéricos
viven todos dentro de una cierta tristeza. Saben que estarán sobre la tierra
sólo un corto tiempo, y que luego deben bajar al Hades, donde les aguarda un
oscuro destino.
Sólo donde se
acepta y se cree en un sentido universal, como sucede en la religión bíblica,
llega a ser planteada como tal la pregunta sobre el sufrimiento. Aparece como
pregunta sobre la justificación de Dios (es decir, como justificación del obrar
de Dios), pero no entendida en el sentido de que si Dios quisiera podría evitar
cualquier sufrimiento (es decir, no poniendo en Dios la causa del sufrimiento).
Hay muchos que piensan que Dios podría haber hecho también una tierra de jauja
(Schlaraffenland). Pero la pregunta entonces es si ése sería un mundo más
deseable. Podemos fácilmente explicarnos que el obrar humano supone una
naturaleza independiente del hombre. Para poder obrar debemos contar con una
tal fiable naturaleza.
El Nuevo
Testamento, en la Pasión de Cristo, nos sitúa de manera extrema ante la
dolorosa experiencia de la falta de sentido: «Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?» También esto, en efecto, es un rol dentro de un drama. Jesús reza
un versículo de un salmo, y representa el papel del siervo sufriente de Dios
del Antiguo Testamento. Pero el papel debe ser representado comprometiendo la
entera existencia, y eso significa que quien lo representa debe perder de vista
el conjunto del guión. El sentido del papel es la experiencia de la falta de
sentido. No cabe ver en esa historia de la Pasión ningún vestigio del heroísmo
estoico. La Pasión de Jesús está descrita expresamente como algo que se hace
contra su voluntad. A ella pertenece el ruego que dice: «haz que este cáliz
pase de mí».
Si nos
preguntamos por el sentido cristiano del sufrimiento, debemos considerar cómo
es interpretada la Pasión de Jesús en el Nuevo Testamento. Hay en él dos
pasajes centrales que ofrecen esa interpretación, uno del apóstol Pablo, quien
afirma que Jesús se hizo «obediente hasta la muerte», y otro de la Epistola a
los Hebreos, en el que de manera aún más fuerte se dice que «aprendió a
obedecer a través del sufrimiento».
SUFRIMIENTO Y
DESOBEDIENCIA
El Nuevo
Testamento describe esta situación como desobediencia, como el estado en el que
cada cual busca convertirse en el punto central del mundo. El sufrimiento
vuelve a situar el punto de vista en su perspectiva universal: descubro repentinamente
la situación en la que todo nos encontramos, y me aparto de la desobediencia.
Pues la desobediencia es no escuchar, no oír el sentido del todo. Sólo puede
representar bien su papel quien presta atención a las órdenes del director y
escucha el papel de los otros.
La
interpretación cristiana del sufrimiento dice, según creo, que lo hombres viven
en un contexto general de culpa que se caracteriza por que cada uno se ve a sí
mismo como el punto central (el ombligo) del mundo. Ese contexto de culpa sólo
puede ser eliminado si es experimentado como sufrimiento. Mientras el malo
encuentre aceptable y perfectamente en orden vivir a costa de los demás, ¿para
qué cambiar la situación? El que sufre se ve obligado a experimentar la
falsedad de la situación. Esto se ha puesto de relieve constantemente en la
tradición cristiana. Todos los grandes santos y doctores de la Iglesia han
entendido el sufrimiento como el irremediable reverso de la arbitrariedad
EL CONSUELO
DEL SENTIDO
Cuando se
habla del sentido del sufrimiento, no se puede pretender obtener una respuesta
transparente acerca de nuestro sufrimiento. Si alcanzáramos tal tipo de
respuesta, no sería ya el nuestro verdadero sufrimiento. En el sufrimiento hay
siempre un momento de comprensión. Su sentido aparece sólo puntualmente, como
«una luz que alumbra mi sufrimiento».
¿TODOS LOS
QUE SUFREN ENTIENDEN EL SENTIDO?
¿Qué sucede
con el dolor al que no le podemos encontrar un sentido?, ¿qué sucede con el
dolor de los animales, con el dolor de los niños pequeños? Nos situamos aquí
ante una oscuridad que no podemos penetrar. No sabemos qué es el dolor para un
ser que no entiende el sentido (incapaz de preguntarse por el sentido), un ser
que tampoco experimenta el sin sentido porque se mueve en una perspectiva no
trascendente. Para un ser así sólo es puntualmente real el dolor actual. Qué
sea el dolor para él no es comprensible para nosotros ni positiva ni
negativamente. Sabemos que experimenta el dolor. Lo vemos. Pero no podríamos
decir que sufre, porque el sufrimiento es un fenómeno complejo al que le
pertenece la experiencia de la falta de sentido, la cual sólo tienen los seres
capaces de entender el sentido.
A esto se
añade que el dolor no es algo acumulativo a muchos individuos. El dolor es
siempre «mi dolor», y el dolor de miles de hombres no es ni peor ni mejor que
el dolor de uno sólo, no es sino el dolor de miles de individuos singulares. El
dolor de un solo hombre plantea el mismo problema que el dolor de miles de
hombres. Auschwitz no plantea ningún problema de Teodicea que no estuviera ya
planteado desde Caín y Abel. Todo esto no son sino prólogos a los que no sigue ningún
epílogo, porque estamos ante una situación que no sabemos interpretar. La
Sagrada Escritura nos dice que el sufrimiento de la criatura tiene su último
fundamento en la desobediencia del «príncipe de este mundo», y que será también
objeto de una redención.
El
sufrimiento sólo es suprimido cuando el sufrimiento de cualquier hombre se
transforme en alegría. De eso se habla en el Apocalipsis, al final del Nuevo
Testamento: Mira, ésta es la morada de
Dios con los hombres.
CRITICA:
La pregunta acerca del sentido del
dolor y el sufrimiento va más allá del dolor y el sufrimiento. El misterio del
dolor humano encamina al misterio del amor divino:”Sin el sufrimiento de Cristo
es locura tratar de entender el sufrimiento del hombre”. El amor de Dios al
hombre probado en el sufrimiento ilumína el sentido del su dolor que se muda en
amor de Dios y amor a Dios.
El amor limpia y trasciende el dolor.
El sufrimiento abre la vida a un sentido más pleno y la hace más digna. Cristo
curó a los enfermos y alivió al hombre en su dolor. Con eso demostró que es
bueno combatir el dolor. Pero son su vida y su sufrimiento enseñó a divinizar
el dolor. Tanto se acercó al sufrimiento que Él mismo se hizo sufrimiento. A
partir de aquí, el sufrimiento será redimensionado de una forma nueva: el dolor
será vinculado al amor. Sufrir no será en adelante, sino amar. El hombre se
realiza en tanto que sufre y su sufrimiento se asocia a la cruz. El sufrimiento
se transforma en fortaleza salvífica y su miseria en potencia redentora.
Cuesta entender el sufrimiento en la
medida en que no sabemos quién es Dios y quienes somos nosotros y los demás y
cómo tratarlos. El problema está en nosotros, en nuestra superficialidad.
Cuando se sufre con humildad, se puede ir adquiriendo esa sabiduría que
advierte lo eterno, porque el sufrimiento es anuncio de lo que está por llegar,
aviso de que hay algo que permanece para siempre y, que lo que importa es el
amor que se posee.
El mayor milagro de Lourdes es la
serenidad de los que abandonan el lugar sin ser curados. Si Dios puede curarme,
debe tener un motivo para no hacerlo. Tal vez no entienda, pero debo aceptar su
voluntad. Seguramente que me tiene reservado algo bueno.
La eficacia de los analgésicos nos ha ido
ablandando. El sufrimiento se considera un intruso, que quizá desmiente la
bondad del Creador y hunde en la desesperación. Se lo ve como una maldición. Se
lo hace coincidir con la absurdidad. Por otra parte, se advierte una pérdida
del sentido humanizante y trascendente del dolor, lo que urge recuperar, porque
se olvida que el dolor tiene una dimensión perfectiva y misteriosa. Huyendo del
dolor padecemos doblemente.
Según Polaino-Llorente el dolor es una cuestión que
interpela a cada persona, El sufrimiento resulta inevitable. Ningún hombre
puede zafarse de la experiencia del sufrimiento. De una u otra forma, todos acabamos
por ser hombres dolientes. Pero decía el maestro Eckhart que: “la cabalgadura
que con más rapidez conduce a la perfección es el sufrimiento”
Tenemos
miedo al sufrimiento y ese mismo miedo es sufrimiento. El temor ante el dolor
físico es, con frecuencia, peor que el propio dolor; el miedo ante el
sufrimiento es miedo del miedo. El temor ante la muerte no es miedo a estar
muerto, sino miedo ante la situación en la que tengo miedo.
Es
importante distinguir dolor de sufrimiento. Sufrir es un fenómeno complejo. El
dolor físico, el malestar, la sensación de desagrado, no son desde el principio
idéntico al sufrimiento. El sufrimiento no se identifica, sin más, con el dolor
físico. Ni con cualquier tipo de malestar. Muchas veces, el temor al dolor hace
sufrir mucho más que el propio dolor. El sufrimiento, no es un dolo físico o
moral, sino un dolor que condena a la pasividad, donde no se puede hacer nada.
En el fondo es una situación de impotencia que pide serenidad de aceptación de
lo que no se puede cambiar. Hablar del tema sin haber padecido sufrimiento
alguno, es lo más parecido a un ciego de nacimiento hablando de los colores.
Hay un grado moderado de dolor físico que no se puede denominar sufrimiento,
sólo tiene un sentido conocido, una función biológica y se acepta sin objeción
A partir de un cierto grado de intensidad, el dolor físico se convierte en
sufrimiento; nos condena a la pasividad. No se acierta a integrar una
determinada situación dentro de un contexto de sentido; significa tristeza y
pasividad o frustración. La pregunta acerca del sentido del sufrimiento es una
pregunta paradójica. Ella misma es expresión de sufrimiento, de ausencia del
sentido del actuar. Los amigos de Job, con sus respuestas teóricas, sólo
consiguen irritarle. Dios no responde a sus preguntas, sino que le hace callar.
La
sociedad moderna silencia la pregunta sobre el sufrimiento, la suprime.
Concentra sus esfuerzos en la evitación y en la disminución del sufrimiento, de
manera directa o indirectamente. Existe una actitud que incapacita para
soportar el padecer y aumenta con ello el sufrimiento. No se enseña a sufrir, como
tampoco se enseña a morir.
En
la antigüedad el sufrimiento desarrollaba su rol. Dicha función hacía posible
transformar, hasta cierto punto, el sufrimiento en actividad. Ej. el mendigo no
es simplemente un fracasado, sino que desempeña un papel. Lo suyo no es sólo
aceptar lo que le dan, no es un mero receptor, sino que él tiene algo que dar:
el mendigo promete rezar por aquel que le da algo. Por ello, es importante
entender que el sufrimiento no es una pura condena a la pasividad.
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