6 CLASE DE
ANTROPLOGIA
LA DIMENSIÓN
INTERPERSONAL, CORPOREIDAD Y HUMANA
“LA AUTO DISCIPLINA ES LA HABILIDAD DE HACER LO QUE SE DEBE
HACER, CUANDO SE DEBE HACER, TENGAS O NO TENGAS GANAS EN ESE MOMENTO.”
La determinación es la pieza que falta para convertir en
realidad los sueños de millones de personas. Es increíble el número de personas
que alrededor del mundo se hallan paralizados por la falta de determinación; o
lo que es lo mismo, que se hallan atacados por lo que yo llamo el
"asesino" de la postergación. Y le llamo asesino porque cuántas vidas
que podrían haber sido ejemplos inspiradores se han quedado en simples vidas
mediocres debido a que estas personas han permitido que el hábito de la
postergación anide en ellas.
De acuerdo con el diccionario, postergar significa
"Aplazar una acción, demorar y posponer hasta otro día u otro
momento."
Seguro que usted ha escuchado miles de veces el dicho:
"Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy".
Pero desafortunadamente ese mañana nunca llega para millones
de personas. Dejan para mañana el avance hacia sus sueños, sin darse cuenta de
que lo que realmente están haciendo es matar esos sueños lentamente y caer en
la gris mediocridad.
Recuerde siempre que alcanzar el éxito y permanecer
postergando tareas son dos factores totalmente incompatibles.
Si de verdad desea triunfar va a tener que hacer algo al
respecto y destruir el hábito negativo de la postergación.
Preferimos dejar siempre para otro momento las tareas, sobre
todo cuando son algo pesadas o de cierta envergadura.
La actitud de las personas que han hecho de la postergación
una forma de vida, puede resumirse en la frase siguiente: "Si espero, y no
hago nada, quizás las cosas se solucionarán por si solas."
Pues bien, recuerde y grábelo con fuego en su mente:
"Las cosas jamás mejoran solas; siempre permanecen tal y como están. En
todo caso las cosas cambiarán, pero no mejorarán al menos que usted emprenda
con determinación total la acción masiva necesaria que hace que las cosas
sucedan. Su vida solo comenzará a ser mejor cuando usted comience a tomar
acción para mejorarla."
LA AUTOESTIMA
Es el conjunto de actitudes del individuo hacia sí mismo,
como actitud. Es la fuerza habitual de pensar, amar, sentir, y comportarse
consigo mismo. Es la base de nuestra existencia, el valor sustancial de nuestra
propia vida, abarca la totalidad de todos los sentimientos, experiencias,
ideas, pensamiento, juicios y actitudes que emergen en lo más profundo de
nuestro ser; involucra aspectos fundamentales de nuestra propia identidad, como
nuestras actitudes más arraigadas, algunos valores más íntimos y nuestras
conductas más comunes que requieren de un análisis muy profundo y comprensivo
de nosotros mismos, para realizar cambios progresivos en beneficio del
desarrollo de nuestra personalidad.
Todas las personas necesitan tener autoestima puesto que es
un sentimiento valorativo de nuestro ser, de quienes somos nosotros, de saber
que somos un conjunto de rasgos que configuran nuestra autoridad; esta la
hacemos responsable de muchos fracasos ya que una autoestima adecuada si este
propósito no se cumple se desarrollara una baja autoestima y la persona se
enfocará a la derrota y el fracaso es donde se maneja un sentimiento valorativo
bajo.
¿CÓMO DESARROLLAR LA AUTOESTIMA?
La autoestima es la base y el centro del desarrollo humano,
porque:
“Sólo se podrá respetar a los demás cuando se respeta uno a
sí mismo; sólo podremos dar, cuando nos hemos dado a nosotros mismos; sólo
podremos amar, cuando nos amemos a nosotros mismos”.
Cada individuo es la medida de su amor a sí mismo. Su
autoestima es el marco de referencia desde el cual se proyecta; es una parte
fundamental para que el hombre alcance la plenitud y autorrealización en la
salud física y mental, productividad y creatividad, es decir, es la plena
expresión de sí mismo.
Las personas se preocupan por ver, juzgar y arreglar lo que
está fuera de ellas, cuando la solución de muchos problemas sería que cada
persona viera y arreglara lo único que le corresponde: ella misma. Si todos
hicieran esto, el mundo sería otro.
EL HOMBRE TIENE LA CAPACIDAD DE FORMAR Y ENRIQUECER SU
PROPIA AUTOESTIMA Y AUTOCONOCIMIENTO
El autoconocimiento es conocer las partes que componen el
yo, cuáles son sus manifestaciones, necesidades y habilidades; los papeles que
vive el individuo y a través de los cuales es; conocer por qué y cómo actúa y
siente.
Al conocer todas sus partes, que desde luego no funcionan por
separado sino que se entrelazan para apoyarse una en la otra, el individuo
logrará tener una personalidad fuerte y unificada; si una de estas partes
funciona de manera deficiente, las otras se verán afectadas y su personalidad
será débil y dividida, con sentimientos de ineficiencia y desvaloración.
“CUANDO APRENDEMOS A CONOCERNOS, EN VERDAD VIVIMOS”
R. SCHULLER
Auto concepto: El auto concepto es una serie de creencias
que se tienen acerca de sí mismo, que se manifiestan en la conducta. De saber
quién es, que piensa como actúa en relación con los otros. La autoimagen es la
presentación mental que se tiene de sí mismo, las expectativas, las
ASPIRACIONES DEL PRESENTE Y EL FUTURO.
LA AUTOEFICACIA ES LA CAPACIDAD DE PENSAR EN LOS PROCESOS
QUE ELEGIMOS. SI ALGUIEN SE CREE TONTO, ACTUARÁ COMO TONTO; SI SE CREE
INTELIGENTE O APTO, ACTUARÁ COMO TAL.
“DALE A UN HOMBRE UNA AUTO-IMAGEN POBRE Y ACABARÁ SIENDO UN
SIERVO”
R. Schuller
Autoevaluación: La autoevaluación es la valoración de las
cualidades, capacidades y limitaciones de cada individuo. Es la capacidad
interna de evaluar las cosas como buenas si lo son para el individuo, le
satisfacen, son interesantes, enriquecedoras, le hacen sentir bien, y si le
permiten crecer y aprender. Y considerarlas como malas si lo son para La
persona, no le satisfacen, carecen de interés, le hacen daño y no permiten
crecer.
“EL SENTIRSE DEVALUADO O INDESEABLE ES, EN LA MAYORÍA DE LOS
CASOS, LA BASE DE LOS PROBLEMAS HUMANOS”
Carl Rogers
Auto aceptación: Consiste en reconocerse a sí mismo, en
forma realista, como sujeto de cualidades y limitaciones. No es una auto
aprobación. La auto aceptación es lo que permite Reconocer qué debo cambiar en
mi para poder crecer.
“LA ACTITUD DEL INDIVIDUO HACIA SÍ MISMO Y EL APRECIO DE SU
PROPIO VALER, JUEGAN UN PAPEL DE PRIMER ORDEN EN EL PROCESO CREADOR”
Mauro Rodríguez
Autor respeto: El autor respeto es atender y satisfacer
necesidades y valores. Expresar y manejar en forma conveniente sentimientos y
emociones, sin hacerse daño ni culparse, buscar y valorar todo aquello que haga
sentirse al individuo orgulloso de sí mismo.
“LA AUTOESTIMA ES UN SILENCIOSO AUTORRESPETO POR SÍ MISMO”
Dov Peretz Elkins
Autoestima: La autoestima es el conjunto de todos los pasos
anteriores. Si una persona se conoce y está consciente de sus cambios, crea su
propia escala de valores y desarrolla sus capacidades; y si se acepta y
respeta, tendrá autoestima. Por el contrario, si una persona no se conoce, su
concepto de sí misma es pobre, no se acepta ni se respeta, no tendrá
autoestima.
“SÓLO PODEMOS AMAR CUANDO NOS HEMOS AMADO A NOSOTROS MISMOS”
Elementos básicos de la autoestima: La autoestima es la
piedra angular de nuestra forma de ser, de pensar, de sentir, y de actuar. Es
el máximo resorte motivador de cada ser humano y el rostro esculpido a lo largo
de su proceso vital es como una estructura funcional que puede identificarse en
tres componentes fundamentales:
Cognitivo: Corresponde a un conjunto de auto esquemas que
pertenecen al terreno de la inteligencia y de la imaginación donde se generan
las ideas, opiniones, creencias, percepciones y procesamientos de información.
Comprende el auto concepto, la autoimagen y la autoeficacia u opinión que se
tiene de la personalidad y de la conducta de sí mismo.
Afectivo: Es sentirse a gusto o a disgusto consigo mismo, la
admiración de su propia vida. A mayor carga afectiva mayor potencia de
autoestima.
Conducta: Es la fuerza para alcanzar honor, forma, respeto,
y estatus ante los demás y ante nosotros mismos.
MANIFESTACIONES DEL AUTOESTIMA
Independencia: La persona decide por sí misma como emplear
el tiempo, el dinero, las ocupaciones, amigos y diversiones.
Afrontar retos con entusiasmos: El individuo se interesa por
cosas o actividades nuevas, que quiere aprender más y poner en práctica la
confianza en sí mismo.
Tolerancia a la frustración: Significa saber afrontar los
obstáculos de distinta manera y ser capaz de hablar de lo que lo entristece.
Capacidad para influir en otros: La persona confía en sus
impresiones y en el efecto que produce en los demás.
Asumir responsabilidad: La responsabilidad indica que quien
actúa por sí mismo con seguridad, asume sus tareas o necesidades.
Orgullo por los logros: Es la aceptación y reconocimiento de
los logros personales, presumiendo de vez en cuando por ellos.
Aspectos para fortalecer el autoestima:
El elogio: Se requiere fortalecer la autoestima utilizando
palabras adecuadas, que valore las actitudes y comportamientos.
La valentía: Se debe brindar confianza para que el individuo
pueda sobrepasar los temores en su relación con otros.
Aceptación de las debilidades y errores: Es ver por encima
de la experiencia desde una perspectiva más amplia. Se debe aprender de los
errores.
Abstenerse de las comparaciones: Se debe tener en cuenta que
la persona es única y es imposible que realice algo exactamente igual a otra.
La imaginación: La repetición frecuente de experiencias
positivas puede modificar el auto concepto; el recordar y disfrutar recuerdos
positivos identifica a las personas con alto nivel de autoestima.
DIMENSION INTERPERSONAL
DIMENSIÓN INTERPERSONAL: Es la relación que tenemos con las
personas que tenemos a nuestro alrededor con las cuales compartimos,
inquietudes, logros, amor.
Las relaciones interpersonales es la necesidad se
relacionarse con los demás, en el camino del encuentro interpersonal,
descubrimos que con algunas personas tenemos apatía y con otras no,
Cuando no hay empatía las relaciones se ven truncadas no hay
comunicación entre estas pueden aparecer sentimientos de rechazo, odio.
La comunicación es básica en nuestras relaciones ya que con
esta fortalecemos nuestras relaciones ya sea con la familia, amigos pareja etc.
ELEMENTOS DE LAS RELACIONES INTERPERSONALES
Conservación de la especie, vestuario, vivienda y descanso.
Seguridad: amor, protección, orden, trato justo. .
Aceptación, trabajo, amistad.
VALORES
Los valores son un proceso desde que nacemos, nuestra
familia es el pilar para adquirirlos, a medida que se va creciendo se van
moldeando, en el colegio, amigos, etc. siempre y cuando estos valores sean
practicados por nosotros mismos.
VALORES VITALES
Vida: Implica valorar la existencia
Respeto: Es el sentimiento que lleva a reconocer los
derechos y la dignidad del otro.
Libertad: la posibilidad de decidir cómo actuar en las
diferentes situaciones que se presentan en la vida. Libertad implica elegir,
entre determinadas opciones, lo que le parecen mejores o más convenientes.
EN LOS VALORES MORALES
Se destacan: Responsabilidad: es la capacidad personal de
comprometerse y de dar cumplimiento a las normas establecidas.
Convivencia: Se entiende como la actitud de ser humano de
hacer lo mejor a quienes lo rodean y permite vivir con los otros.
Honestidad: general es la capacidad de actuar con rectitud,
honradez y confianza consigo mismo y con los demás.
DIMENSION INTELECTUAL
El desarrollo del intelecto es alcanzado por el estudio, los
aprendizajes, la búsqueda del conocimiento, la investigación, el mejoramiento
continuo, el desarrollo del talento humano, todo esto logrado mediante la
superación personal del individuo.
EL PERFIL PROFESIONAL: Dentro perfil profesional requerido
para un(a) profesional como parte integral de las relaciones interpersonales y
empresariales debemos tener en cuenta los siguientes aspectos, algunos vistos
anteriormente pero que debemos resaltar:
RELACIONES PÚBLICAS
Conjunto de actividades y programas de comunicación
persuasiva efectuados por cualquier organización, para crear y mantener buenas
relaciones con sus diferentes públicos externos y para proyectar ante ellos su
imagen favorable.
LA CONCEPTUALIZACIÓN DE LA CORPOREIDAD, LA MOTRICIDAD Y EL
VIEJO PARADIGMA
¿Qué es la
corporeidad? : Jorge Gómez nos habla
del ser humano como ser corporal, de la existencia en para el cuerpo, el cual
nos predispone a la “acción autónoma” de resolver nuestra subsistencia y la necesidad
de la trascendencia.
Por lo tanto
diremos que la corporeidad humana en una construcción permanente en tres
niveles: biológico, psicológico y social. Esta construcción biopsicosocial,
siguiendo a Gómez, está compuesta por significados e imaginarios de la vida
cotidiana que se van modificando como son: los afectos y los vínculos, las
emociones, el gozo y el dolor, los impactos sensibles, la apariencia física
estética, la libertad o no de vivir en plenitud, basándose siempre en la
diferenciación-identificación con los otros.
Manuel Sergio nos
habla de que al hombre lo podríamos definir desde las siguientes dimensiones:
• La
corporeidad: Desde y a partir del cuerpo me proyecto al mundo
• La
motricidad: Interioriza y humaniza el movimiento
• La comunicación
y cooperación: Afirmamos el nosotros, vos y yo conectados, unidos a partir de
estar en el mundo.
• La
historicidad: Vivir nuestro presente, proyectando el futuro esperanzador, sin
olvidar de dónde venimos, sin olvidar nuestro pasado.
• La libertad:
Entender las necesidades, para ser un ser reflexivo, histórico y autónomo del
propio medio.
• La
noosfera: Buscando la totalidad humana, por medio de los saberes espirituales y
culturales.
• La
trascendencia: Buscando hacer para crecer y ser mucho más.
A partir de estas
dimensiones el cuerpo no se reduce a una instancia biológica, sino a un ser
histórico-social, biológicamente activo.
La corporeidad,
representa el modo de ser del hombre, bajo circunstancias históricas, siendo la
Educación Física su herramienta más importante.
Foucault
afirma que el cuerpo es portador de poder, por ende que uno es portador de
poder, que colectivamente somos portadores del poder colectivo. Este poder del
cuerpo colectivo está sujeto a normas y leyes propias de cada sociedad, siendo
que este cuerpo colectivo porta mayor poder, y que este cuerpo colectivo es el
que realiza las normas colectivas y reglas que engendran el cuerpo colectivo
popular absoluto de poder.
La corporeidad se
da a partir de la imagen del hombre y de su proyecto socio-cultural como
colectividad, como nación. Cada sociedad, cada institución, creará el ideal
corporal que cobrará vida a través de la Educación Física.
Este cuerpo
colectivo, Cuerpo Institucional, es el efecto de una elaboración social y
cultural, por lo tanto la corporeidad y la motricidad representan un ente
propio, indisoluble del imaginario colectivo propio de cada cultura, que lo
legitima en su expresión como sociedad, que estará representada y puesta en
marcha por la Educación Física, las teorías que la avalan, y su incidencia
directa en la vida colectiva.
Siguiendo la idea
de Gómez, no se debería, en pleno siglo XXI, solamente pensarse al cuerpo desde
una visión como conjunto de órganos solamente, o como con un concepto de
materia física siguiendo las teorías físicas de Newton.
El hombre debería
de pensarse desde la corporeidad, desde sus tradiciones antropológicas y el
proyecto social al que pertenece.
LA MOTRICIDAD COMO EXPRESIÓN DE LA CORPOREIDAD
La corporeidad y
la motricidad son indisolubles, no existen una sin la otra, son elementos con
definiciones propias, pero en la realidad práctica, activa del hombre, el
cuerpo no puede concebirse sin vida, sin movimiento.
Cada persona, cada
ser humano, va construyendo su corporeidad a través de los años, siendo
influenciado por su entorno y su circunstancia. Parafraseando a Parlebas socio
motricidad: el mundo, yo, mi circunstancia, mi introspección y mi vinculación
con ello.
Nosotros, nuestro
cuerpo, pasa desde la dependencia necesaria en nuestra forma más primitiva en
los primeros años de vida hasta llegar a auto formarse en ser totalmente
independiente.
La educación
física nos atraviesa desde que nacemos, en cada momento de la vida cotidiana,
de manera informal, haciéndonos desenvolver de manera eficientes bajo distintas
circunstancias. José María Cagigal en 1979 ya nos hablaba de la cultura física,
cultura corporal, como habito de una sociedad, como pilar de la libertad y
progreso del desarrollo del ser humano.
La corporeidad la
podemos asociar a la motricidad, ya que el ser humano experimenta con su cuerpo
de manera práctica, con vida, actuante.
La motricidad está
presente en lo cotidiano del hombre, cargada sus acciones de sentimiento y
finalidad, interactuando y expandiéndose en el tiempo, en busca de la
trascendencia de sus actos con el medio social y natural. La motricidad da
sentido a la corporeidad y viceversa. Siempre ha servido como método para que
las distintas sociedades moldeen el cuerpo humano, está presente en los
currículos escolares, las ideologías imperantes y reinantes de cada momento
histórico, reduciendo al hombre a disciplina o descubrimiento, en busca de un
control social absoluto.
Por lo tanto
hablar de motricidad ya indicaría una comprensión del movimiento humano.
Siguiendo a Gómez, esto supone el desenvolvimiento de las estructuras
componentes del sistema nervioso central; mantiene la regulación, la ejecución
y la integración del comportamiento; traduce la apropiación de la cultura y de
la experiencia humana como intencionalidad operante en el proyecto del hombre
social.
Por lo tanto
podríamos afirmar que el desarrollo de lo motor, de la motricidad, no es solo
el desarrollo de las capacidades coordinativas, el desarrollo técnico, físico,
psico-cognitivo, o las nociones de espacio-tiempo; si no el desarrollo motor
implica un fuerte compromiso cultural, histórico, político y social.
En definitiva
cuando hablamos de la motricidad como expresión de la corporeidad del ser, como
proyecto humano de acción, se expresa no solo las posibilidades biológicas que
nos permite el movimiento, sino también las intencionalidades, las utopías, las
fantasías, los ideales, los mitos, las visiones, las alegrías y las tristezas,
la necesidad de la relación e igualdad social, la comunicación con el mundo
natural: el agua, la tierra, el aire, las plantas y los animales; a la
construcción del estar en el mundo, en el tiempo y espacio, en definitiva en el
universo que cada persona le corresponde vivir.
EL NUEVO PARADIGMA: LA EDUCACIÓN CORPORAL COMO FUENTE DE
DESARROLLO Y SALUD GLOBAL
Desde el nuevo
paradigma se propone la construcción del cuerpo social en relación con el
entorno a través de que ambos se modifican dialécticamente y recíprocamente.
El cuerpo debe de
ser considerado en su integridad, explorando su capacidad sensorial y
perceptiva, integrando distintas nociones sobre el entorno físico y proyectarse
hacia el campo de las ciencias, del arte, del trabajo creativo o de los
deportes complejos.
La educación
física, en el viejo paradigma, construía solo un adiestramiento de cómo usar el
cuerpo sano dentro del mundo altamente perfeccionado del mundo laboral. Su
primitivo objetivo era el de educar no para ser más saludable, o para poder
ejercer nuestras libertades en pos de un desarrollo individual y colectivo; al
contrario, adiestrar para ser más saludable para poder trabajar más horas en el
mundo laboral, extrayendo del cuerpo, toda naturalidad y frescura física.
El nuevo paradigma
que envuelve la Educación Física está centrado en generar las condiciones que
posibiliten la introspección del hombre sobre su ser corporal y promover su
relación dialéctica con las actividades físicas y deportivas para permitirle
desvelar los determinantes culturales que subyacen en ellas y hacerlas propias.
Esta libertad
física, esta laicidad superadora, se exponía en la práctica cotidiana deportiva
después del trabajo. No es casual que la ramificación de los clubes de fútbol
modernos se dé en ciudades altamente desarrolladas en el mundo laboral:
Manchester, Liverpool, Madrid, Berlín, Buenos Aires, Rosario, Córdoba,
Budapest, Paris, Ámsterdam, Moscú. En cada de una de estas ciudades eran polos
de desarrollo productivo importante dentro del mundo industrial de fines del
siglo XIX y principios del siglo XX. Cada trabajador en sus pequeños ratos de
ocio desarrollaba sus virtudes físicas en búsqueda de su expansión de su laicidad
deportiva. No es otra casualidad que los clubes argentinos, nacieran en la
ramificación de los ramales ferroviarios o en los puertos o en los lugares de
alta expansión social.
Estos centros de
desarrollo de la civilización fueron los primeros en revelarse del poder que
ejercía el capitalismo sobre el cuerpo y propusieron argumentación pedagógicas
liberadoras de la corporeidad humana.
La práctica de
cualquier deporte colabora en la creación de cualidades y habilidades que
permiten la formación de deportistas integrales, otorgándoles herramientas para
afrontar el día a día en la vida cotidiana.
Estas virtudes se
ven fortalecidas desde intervenciones del deporte en la niñez atravesando la
búsqueda de la personalidad de la adolescencia, culminando en el
fortalecimiento y desarrollo en la edad adulta. Las bondades del deporte
atraviesan la vida humana, sembrando más allá de la propia práctica y su
delimitación en los campos de juegos y en la competencia.
Pero nos
deberíamos de preguntar ¿cuáles son las herramientas o valores que otorga la
práctica deportiva?
Podríamos
enumerarlos de la siguiente manera y de forma sencilla:
• La
competencia continúa con los demás y con uno mismo,
• La
cooperación grupal,
• La pertenencia
a un grupo, un color, un espacio y un lugar,
• La
adaptación a las normas generales y específicas,
• La
autovaloración y la estimación ajena,
• El
respeto hacia el contrario,
• La
voluntad individual y grupal de auto superación,
• La
asimilación del éxito y la tolerancia del fracaso.
CUERPO Y CORPOREIDAD
• Por
corporeidad se entiende, en general, todo aspecto material captado por los
sentidos, es decir, todo grupo de cualidades que nos representamos como
estables, independientes de nosotros y puestas en el espacio. Con este término
se designa también la dimensión material del ser humano. Para comprender el
significado del cuerpo humano hay que referirse a la concepción antropológica.
Según sea la antropología, variará el modo de entender el cuerpo, así como
variarán las concepciones morales.
• Según la
antropología bíblica, que se caracteriza por ser acentuadamente unitaria y
global, el hombre es tanto cuerpo como alma. Una yuxtaposición o una
contraposición de cuerpo y alma es algo intrínsecamente extraño a los escritos
de la revelación, El cuerpo designa al hombre como totalidad, como persona, y
equivale por tanto al yo concreto (cf. Rom 6,12; 12,1). Cuando se habla de un
conflicto entre "cuerpo" y «espíritu» esta fórmula no refleja úna
hostilidad natural entre el cuerpo y el alma como dos elementos de la
naturaleza humana, sino que expresa la situación en que el hombre, aprisionado
en el pecado y esclavo del egoísmo, se opone a la voluntad espiritual y
salvífica de Dios.
• Por eso
mismo en la Escritura se percibe repetidamente la dignidad y el valor del
cuerpo. En el Antiguo Testamento, el cuerpo del hombre lleva la huella de la
acción de Dios (Gn 1-2). Lejos de ser despreciado y de ser un obstáculo para la
perfección, se le reconoce una dignidad eminente : el cuerpo mismo (mediante el
corazón, los riñones, los ojos, etc.) produce, lo mismo que el alma, afectos,
pensamientos, deseos, decisiones (Sal 16,910; 63,21 84,3; etc.). El Nuevo
Testamento, aportando una nueva luz sobre el destino último del hombre, que es
la vida eterna en comunión con Dios, eleva más todavía la dignidad del cuerpo,
que será llamado igualmente, mediante la resurrección de los muertos, a
compartir la suerte del alma (Mt 25, 31-46; Lc 6,20-261 etc.).
• La
concepción antropológica griega, por el contrario, está caracterizada por el
dualismo, que se concreta en la afirmación de la conflictividad entre el cuerpo
y el alma. Según Platón, el alma y el cuerpo son dos substancias completas,
cada una por su cuenta, unidas accidentalmente durante la vida terrena sin
formar efectivamente una substancia única. El alma por sí sola constituye la
esencia verdadera del hombre. Ésta se encuentra en el cuerpo como en una
cárcel. En consecuencia, el ideal del hombre consiste en sustraerse de lo
corporal y alienarse del mundo sensible para conducir de nuevo al alma a su
perfección y a su felicidad original.
• Es
distinta la concepción de Aristóteles. A su juicio, el alma y el cuerpo son
elementos claramente distintos, pero no son dos substancias completas, sino
incompletas (como la materia y la forma): las dos juntas dan origen a una única
substancia completa, el hombre. Sin embargo, el dualismo no desaparece del
todo, ya que también para Aristóteles el Cuerpo es materia extraña y opuesta al
espíritu; los dos coprincipios del hombre no presuponen realmente un solo
origen, ya que la materia es eterna y se contrapone a Dios.
• El
pensamiento cristiano sobre el cuerpo, en los primeros siglos, se desarrolló
sobre la base del encuentro-confrontación entre la visión bíblica del hombre
(sintética y global) y la concepción antropológica helenista, dominada por el
platonismo (dualista). Muchos Padres de la Iglesia, aunque defendían la bondad
del cuerpo en cuanto obra de la creación de Dios, acabaron acogiendo las ideas
platónicas sobre la relación alma y cuerpo, asumiendo de este modo una actitud
ascético-peyorativa respecto al cuerpo.
• En
particular, la identificación de la concupiscencia debida al pecado original
con la reacción espontánea y natural de los instintos (san Agustín) los llevará
a una acentuada infravaloración del cuerpo, destinada a perdurar durante
siglos.
• Fue con
santo Tomás, que se sirve de las categorías del pensamiento de Aristóteles,
como se asistió a la superación del dualismo y a la recuperación del valor
positivo del cuerpo. La unión substancial entre los dos constitutivos del
hombre, originados ambos por Dios, está determinada por un único acto de ser,
el del alma (forma del cuerpo) que mantiene en ser también al cuerpo. De aquí
se deriva la unidad de la actividad humana, que es siempre físico-espiritual
juntamente.
• El hombre
actúa siempre de forma humana y espiritual, aun cuando actúe con el cuerpo.
• La
sistematización que dio santo Tomás al problema de la relación alma-cuerpo es
imprescindible para los conocimientos alcanzados por la antropología de
nuestros días, de carácter integral, a la que han dado su aportación diversas
tendencias filosóficas, especialmente la escuela personalista.
• En la
concepción personalista aparece el cuerpo en todo su valor, ya que no es
puramente «objeto» o "instrumento", sino «sujeto». Es encarnación,
epifanía espacio-temporal del «yo" presencia a los otros y posibilidad de
comunión; relación con el mundo y con la sociedad; expresión y por tanto
cultura, etc.
El uso de moños, hebillas, ganchos y caimanes de tamaño,
color y diseño exagerado no se permiten en una profesional tan importante como
es aquella que tiene contacto directo con los clientes.
Estos accesorios deben ser discretos, para no llamar la
atención.
Cuidados del rostro: No interesa la forma del rostro, ante
eso nada podemos hacer, pero sí podemos sacarle el mejor partido a la forma,
con el corte y el peinado adecuados. También contribuye a mantenerlo armonioso,
el depilado de las cejas, sin alterar el arco natural que hace juego con el
conjunto; así como el cuidado de ojos, orejas, nariz, mejillas, boca, labios,
mentón, cuello y piel.
UNOS OJOS SANOS PROYECTAN UNA MIRADA LUMINOSA, FRANCA, QUE
TRANSMITE SALUD.
Mantenerlos así, exige el lavado cuidadoso con agua pura o
un colirio especial; cita oftalmológica para corregir los defectos de visión
(si es necesario) y tratamiento con ungüentos especiales en caso de infección
por contaminación ambiental o conjuntivitis. El humo y el trasnocho afectan la
salud y la buena expresión de los ojos produciendo, círculos rojos y ojeras que
dan la apariencia de descuido y disipación. Por lo anterior, es importante
dejarlos descansar con el sueño reparador necesario. Las ojeras pueden tratarse
colocando sobre los párpados bolsas de té tibio o compresas de agua de rosas o
sólo con agua fresca.
Una jovencita no requiere de mucho maquillaje, pero tampoco
debe creer que su rostro sin rastro de maquillaje, lucirá más bello. Un maquillaje
suave y delicado en tonos pasteles y adecuado para su tono de piel, realzará su
atractivo.
En otras palabras esto significa que una joven debe preferir
un maquillaje suave y delicado, pero alegre y luminoso. Se aconsejan los tonos
pastel. Actualmente las casas cosmetológicas ofrecen paletas o conjuntos de
maquillaje en amplia variedad de tonos y colores. A la hora de adquirirlos es
aconsejable preferir la calidad y no guiarse por los bajos precios.
El maquillaje en su conjunto debe armonizar con el tono de
la piel, el color del vestuario. La aplicación del labial exige cuidados a la
hora de la elección de los tonos; siempre se debe tener en cuenta adquirir
colores básicos como el bronce, café, para delinearlos y tonos que les hagan
juego para rellenarlos. Las jóvenes pueden preferir distintos tonos de rosa y
bronce. El complemento ideal del maquillaje del rostro lo constituyen las cejas
naturales, con un depilado leve que acentúe el arco. Depilarlas muy delgadas,
cambiar su forma natural o depilarlas completamente para pintarlas es un error
que no debe cometer ninguna mujer y menos las jovencitas.
CRITICA PERSONAL:
Iluminada por el admirable mensaje bíblico, la doctrina
social de la Iglesia se detiene, ante todo, en los aspectos principales e
inseparables de la persona humana para captar las facetas más importantes de su
misterio y de su dignidad. En efecto, no han faltado en el pasado, y aún se
asoman dramáticamente a la escena de la historia actual, múltiples concepciones
reductivas, de carácter ideológico o simplemente debido a formas difusas de
costumbres y pensamiento, que se refieren al hombre, a su vida y su destino.
Estas concepciones tienen en común el hecho de ofuscar la imagen del hombre
acentuando sólo alguna de sus características, con perjuicio de todas las
demás.233
125 La persona no debe ser considerada únicamente como
individualidad absoluta, edificada por sí misma y sobre sí misma, como si sus
características propias no dependieran más que de sí misma. Tampoco debe ser
considerada como mera célula de un organismo dispuesto a reconocerle, a lo
sumo, un papel funcional dentro de un sistema. Las concepciones que tergiversan
la plena verdad del hombre han sido objeto, en repetidas ocasiones, de la
solicitud social de la Iglesia, que no ha dejado de alzar su voz frente a estas
y otras visiones, drásticamente reductivas. En cambio, se ha preocupado por
anunciar que los hombres “no se nos muestran desligados entre sí, como granos
de arena, sino más bien unidos entre sí en un conjunto orgánicamente ordenado,
con relaciones variadas según la diversidad de los tiempos”.234 Y que el hombre
no puede ser comprendido como “un simple elemento y una molécula del organismo
social”,235 cuidando, a la vez, que la afirmación del primado de la persona, no
conllevase una visión individualista o masificada.
126 La fe cristiana, que invita a buscar en todas partes
cuanto haya de bueno y digno del hombre “es muy superior a estas ideologías y
queda situada a veces en posición totalmente contraria a ellas, en la medida en
que reconoce a Dios, trascendente y creador, que interpela, a través de todos
los niveles de lo creado, al hombre como libertad responsable”.236
La doctrina social se hace cargo de las diferentes
dimensiones del misterio del hombre, que exige ser considerado “en la plena
verdad de su existencia, de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y
social”,237 con una atención específica, de nodo que le pueda consentir la
valoración más exacta.
A) LA UNIDAD DE LA PERSONA
Estas definiciones no indican solamente que el cuerpo, para
el cual ha sido prometida la resurrección, participará de la gloria; recuerdan
igualmente el vínculo de la razón y de la libre voluntad con todas las
facultades corpóreas y sensibles. La persona —incluido el cuerpo— está confiada
enteramente a sí misma, y es en la unidad de alma y cuerpo donde ella es el
sujeto de sus propios actos morales”
128 Mediante su corporeidad, el hombre unifica en sí mismo
los elementos del mundo material, “el cual alcanza por medio del hombres su más
alta cima y alza la voz para la libre alabanza del Creador”.240 Esta dimensión
le permite al hombre su inserción en el mundo material, lugar de su realización
y de su libertad, no como en una prisión o en un exilio. No es lícito
despreciar la vida corporal; el hombre, al contrario, “debe tener por bueno y
honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el
último día”. La dimensión corporal, sin embargo, a causa de la herida del
pecado, hace experimentar al hombre las rebeliones del cuerpo y las
inclinaciones perversas del corazón, sobre las que debe siempre vigilar para no
dejarse esclavizar y para no permanecer víctima de una visión puramente terrena
de su vida.
Por su espiritualidad el hombre supera a la totalidad de las
cosas y penetra en la estructura más profunda de la realidad. Cuando se adentra
en su corazón, es decir, cuando reflexiona sobre su propio destino, el hombre
se descubre superior al mundo material, por su dignidad única de interlocutor
de Dios, bajo cuya mirada decide su vida. Él, en su vida interior, reconoce
tener en “sí mismo la espiritualidad y la inmortalidad de su alma” y no se
percibe a sí mismo “como partícula de la naturaleza o como elemento anónimo de
la ciudad humana”.242
129 El hombre, por tanto, tiene dos características
diversas: es un ser material, vinculado a este mundo mediante su cuerpo, y un
ser espiritual, abierto a la trascendencia y al descubrimiento de “una verdad
más profunda”, a causa de su inteligencia, que lo hace “participante de la luz
de la inteligencia divina”.243 La Iglesia afirma: “La unidad del alma y del
cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la “forma” del
cuerpo, es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el cuerpo
es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no son
dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza”.244
Ni el espiritualismo que desprecia la realidad del cuerpo, ni el materialismo
que considera el espíritu una mera manifestación de la materia, dan razón de la
complejidad, de la totalidad y de la unidad del ser humano.
B) APERTURA A LA TRASCENDENCIA Y UNICIDAD DE LA PERSONA.
a) Abierta a la trascendencia
A la persona humana pertenece la apertura a la
trascendencia: el hombre está abierto al infinito y a todos los seres creados.
Está abierto sobre todo al infinito, es decir a Dios, porque con su
inteligencia y su voluntad se eleva por encima de todo lo creado y de sí mismo,
se hace independiente de las criaturas, es libre frente a todas las cosas
creadas y se dirige hacia la verdad y el bien absolutos. Está abierto también
hacia el otro, a los demás hombres y al mundo, porque sólo en cuanto se
comprende en referencia a un tú puede decir yo. Sale de sí, de la conservación
egoísta de la propia vida, para entrar en una relación de diálogo y de comunión
con el otro.
La persona está abierta a la totalidad del ser, al horizonte
ilimitado del ser. Tiene en sí la capacidad de trascender los objetos
particulares que conoce, gracias a su apertura al ser sin fronteras. El alma
humana es en un cierto sentido, por su dimensión cognoscitiva, todas las cosas:
“todas las cosas inmateriales gozan de una cierta infinidad, en cuanto abrazan
todo, o porque se trata de la esencia de una realidad espiritual que funge de
modelo y semejanza de todo, como es en el caso de Dios, o bien porque posee la
semejanza de toda cosa o en acto como en los Ángeles o en potencia como en las
almas”.245
b) Única e irrepetible
131 El hombre existe como ser único e irrepetible, existe
como un “yo”, capaz de auto comprenderse, auto poseerse y auto determinarse. La
persona humana es un ser inteligente y consciente, capaz de reflexionar sobre
sí mismo y, por tanto, de tener conciencia de sí y de sus propios actos. Sin
embargo, no son la inteligencia, la conciencia y la libertad las que definen a
la persona, sino que es la persona quien está en base de los actos de
inteligencia, de conciencia y de libertad. Estos actos pueden faltar, sin que
por ello el hombre deje de ser persona.
La persona humana debe ser comprendida siempre en su
irrepetible e insuprimible singularidad. En efecto, el hombre existe ante todo
como subjetividad, como centro de conciencia y de libertad, cuya historia única
y distinta de las demás expresa su irreductibilidad ante cualquier intento de
circunscribirlo a esquemas de pensamiento o sistemas de poder, ideológicos o no.
Esto impone, ante todo, no sólo la exigencia del simple respeto por parte de
todos, y especialmente de las instituciones políticas y sociales y de sus
responsables, en relación a cada hombre de este mundo, sino que además, y en
mayor medida, comporta que el primer compromiso de cada uno hacia el otro, y
sobre todo de estas mismas instituciones, se debe situar en la promoción del
desarrollo integral de la persona.
c) El respeto de la dignidad humana
132 Una sociedad justa puede ser realizada solamente en el
respeto de la dignidad trascendente de la persona humana. Ésta representa el
fin último de la sociedad, que está a ella ordenada: “El orden social, pues, y
su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la
persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al
contrario”.246 El respeto de la dignidad humana no puede absolutamente
prescindir de la obediencia al principio de “considerar al prójimo como otro
yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla
dignamente”.247 Es preciso que todos los programas sociales, científicos y
culturales, estén presididos por la conciencia del primado de cada ser
humano.248
133 En ningún caso la persona humana puede ser
instrumentalizada para fines ajenos a su mismo desarrollo, que puede realizar
plena y definitivamente sólo en Dios y en su proyecto salvífico: el hombre, en
efecto, en su interioridad, trasciende el universo y es la única criatura que
Dios ha amado por sí misma.249 Por esta razón, ni su vida, ni el desarrollo de
su pensamiento, ni sus bienes, ni cuantos comparten sus vicisitudes personales
y familiares pueden ser sometidos a injustas restricciones en el ejercicio de
sus derechos y de su libertad.
La persona no puede estar finalizada a proyectos de carácter
económico, social o político, impuestos por autoridad alguna, ni siquiera en
nombre del presunto progreso de la comunidad civil en su conjunto o de otras
personas, en el presente o en el futuro. Es necesario, por tanto, que las autoridades
públicas vigilen con atención para que una restricción de la libertad o
cualquier otra carga impuesta a la actuación de las personas no lesione jamás
la dignidad personal y garantice el efectivo ejercicio de los derechos humanos.
Todo esto, una vez más, se funda sobre la visión del hombre como proceso de
crecimiento, junto con la comunidad de la que forma parte.
134 Los auténticos cambios sociales son efectivos y
duraderos sólo si están fundados sobre un cambio decidido de la conducta
personal. No será posible jamás una auténtica moralización de la vida social si
no es a partir de las personas y en referencia a ellas: en efecto, “el
ejercicio de la vida moral proclama la dignidad de la persona humana”.250 A las
personas compete, evidentemente, el desarrollo de las actitudes morales,
fundamentales en toda convivencia verdaderamente humana (justicia, honradez,
veracidad, etc.), que de ninguna manera se puede esperar de otros o delegar en
las instituciones. A todos, particularmente a quienes de diversas maneras están
investidos de responsabilidad política, jurídica o profesional frente a los
demás, corresponde ser conciencia vigilante de la sociedad y primeros testigos
de una convivencia civil y digna del hombre.
C) LA LIBERTAD DE LA PERSONA
a) Valor y límites de la libertad
135 El hombre puede dirigirse hacia el bien sólo en la
libertad, que Dios le ha dado como signo eminente de su imagen:251 “Dios ha
querido dejar al hombre en manos de su propia decisión (cf. Si 15, 14), para
que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a éste,
alcance la plena y bienaventurada perfección. La dignidad humana requiere, por
tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir,
movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un
ciego impulso interior o de la mera coacción externa”.252
El hombre justamente aprecia la libertad y la busca con
pasión: justamente quiere —y debe—, formar y guiar por su libre iniciativa su
vida personal y social, asumiendo personalmente su responsabilidad.253 La
libertad, en efecto, no sólo permite al hombre cambiar convenientemente el estado
de las cosas exterior a él, sino que determina su crecimiento como persona,
mediante opciones conformes al bien verdadero:254 de este modo, el hombre se
genera a sí mismo, es padre de su propio ser255 y construye el orden social.256
136 La libertad no se opone a la dependencia creatural del
hombre respecto a Dios.257 La Revelación enseña que el poder de determinar el
bien y el mal no pertenece al hombre, sino sólo a Dios (Cf. Gn 2, 16-17). “El
hombre es ciertamente libre, desde el momento en que puede comprender y acoger
los mandamientos de Dios. Y posee una libertad muy amplia, porque puede comer
“de cualquier árbol del jardín”. Pero esta libertad no es ilimitada: el hombre
debe detenerse ante el “árbol de la ciencia del bien y del mal”, por estar llamado
a aceptar la ley moral que Dios le da. En realidad, la libertad del hombre
encuentra su verdadera y plena realización en esta aceptación”.258
137 El recto ejercicio de la libertad personal exige unas
determinadas condiciones de orden económico, social, jurídico, político y
cultural que son, “con demasiada frecuencia, desconocidas y violadas. Estas
situaciones de ceguera y de injusticia gravan la vida moral y colocan tanto a
los fuertes como a los débiles en la tentación de pecar contra la caridad. Al
apartarse de la ley moral, el hombre atenta contra su propia libertad, se
encadena a sí mismo, rompe la fraternidad con sus semejantes y se rebela contra
la verdad divina”.259 La liberación de las injusticias promueve la libertad y
la dignidad humana: no obstante, “ante todo, hay que apelar a las capacidades
espirituales y morales de la persona y a la exigencia permanente de la
conversión interior si se quieren obtener cambios económicos y sociales que
estén verdaderamente al servicio del hombre”.260
b) El vínculo de la libertad con la verdad y la ley natural
138 En el ejercicio de la libertad, el hombre realiza actos
moralmente buenos, que edifican su persona y la sociedad, cuando obedece a la
verdad, es decir, cuando no pretende ser creador y dueño absoluto de ésta y de
las normas éticas.261 La libertad, en efecto, “no tiene su origen absoluto e
incondicionado en sí misma, sino en la existencia en la que se encuentra y para
la cual representa, al mismo tiempo, un límite y una posibilidad. Es la libertad
de una criatura, o sea, una libertad donada, que se ha de acoger como un germen
y hacer madurar con responsabilidad”.262 En caso contrario, muere como libertad
y destruye al hombre y a la sociedad.263
139 La verdad sobre el bien y el mal se reconoce en modo
práctico y concreto en el juicio de la conciencia, que lleva a asumir la
responsabilidad del bien cumplido o del mal cometido. “Así, en el juicio
práctico de la conciencia, que impone a la persona la obligación de realizar un
determinado acto, se manifiesta el vínculo de la libertad con la verdad.
Precisamente por esto la conciencia se expresa con actos de ‘juicio’, que
reflejan la verdad sobre el bien, y no como ‘decisiones’ arbitrarias. La
madurez y responsabilidad de estos juicios —y, en definitiva, del hombre, que
es su sujeto— se demuestran no con la liberación de la conciencia de la verdad
objetiva, a favor de una presunta autonomía de las propias decisiones, sino, al
contrario, con una apremiante búsqueda de la verdad y con dejarse guiar por
ella en el obrar”.264
140 El ejercicio de la libertad implica la referencia a una
ley moral natural, de carácter universal, que precede y aúna todos los derechos
y deberes.265 La ley natural “no es otra cosa que la luz de la inteligencia
infundida en nosotros por Dios. Gracias a ella conocemos lo que se debe hacer y
lo que se debe evitar. Esta luz o esta ley Dios la ha donado a la creación”266
y consiste en la participación en su ley eterna, la cual se identifica con Dios
mismo.267 Esta ley se llama natural porque la razón que la promulga es propia
de la naturaleza humana. Es universal, se extiende a todos los hombres en
cuanto establecida por la razón. En sus preceptos principales, la ley divina y
natural está expuesta en el Decálogo e indica las normas primeras y esenciales
que regulan la vida moral.268 Se sustenta en la tendencia y la sumisión a Dios,
fuente y juez de todo bien, y en el sentido de igualdad de los seres humanos
entre sí. La ley natural expresa la dignidad de la persona y pone la base de
sus derechos y de sus deberes fundamentales.269
141 En la diversidad de las culturas, la ley natural une a
los hombres entre sí, imponiendo principios comunes. Aunque su aplicación
requiera adaptaciones a la multiplicidad de las condiciones de vida, según los
lugares, las épocas y las circunstancias,270 la ley natural es inmutable,
“subsiste bajo el flujo de ideas y costumbres y sostiene su progreso… Incluso
cuanto se llega a renegar de sus principios, no se la puede destruir ni
arrancar del corazón del hombre. Resurge siempre en la vida de individuos y
sociedades”.271
Sus preceptos, sin embargo, no son percibidos por todos con
claridad e inmediatez. Las verdades religiosas y morales pueden ser conocidas
“de todos y sin dificultad, con una firme certeza y sin mezcla de error”,272
sólo con la ayuda de la Gracia y de la Revelación. La ley natural ofrece un
fundamento preparado por Dios a la ley revelada y a la Gracia, en plena armonía
con la obra del Espíritu.273
142 La ley natural, que es ley de Dios, no puede ser cancelada
por la maldad humana.274 Esta ley es el fundamento moral indispensable para
edificar la comunidad de los hombres y para elaborar la ley civil, que infiere
las consecuencias de carácter concreto y contingente a partir de los principios
de la ley natural.275 Si se oscurece la percepción de la universalidad de la
ley moral natural, no se puede edificar una comunión real y duradera con el otro, porque cuando falta la
convergencia hacia la verdad y el bien, “cuando nuestros actos desconocen o
ignoran la ley, de manera imputable o no, perjudican la comunión de las
personas, causando daño”.276 En efecto, sólo una libertad que radica en la
naturaleza común puede hacer a todos los hombres responsables y es capaz de
justificar la moral pública. Quien se autoproclama medida única de las cosas y
de la verdad no puede convivir pacíficamente ni colaborar con sus
semejantes.277
143 La libertad está misteriosamente inclinada a traicionar
la apertura a la verdad y al bien humano y con demasiada frecuencia prefiere el
mal y la cerrazón egoísta, elevándose a divinidad creadora del bien y del mal:
“Creado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigación del
demonio, en el propio exordio de la historia, abusó de su libertad,
levantándose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de
Dios (…). Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe
el hombre la debida subordinación a su fin último, y también toda su ordenación
tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los demás y
con el resto de la creación”.278 La libertad del hombre, por tanto, necesita
ser liberada. Cristo, con la fuerza de su misterio pascual, libera al hombre
del amor desordenado de sí mismo,279 que es fuente del desprecio al prójimo y
de las relaciones caracterizadas por el dominio sobre el otro; Él revela que la
libertad se realiza en el don de sí mismo.280 Con su sacrificio en la cruz,
Jesús reintegra el hombre a la comunión con Dios y con sus semejantes.
D) LA IGUAL DIGNIDAD DE TODAS LAS PERSONAS
“Dios no hace
acepción de personas” (Hch 10, 34; Cf. Rm 2, 11; Ga 2, 6; Ef 6, 9), porque
todos los hombres tienen la misma dignidad de criaturas a su imagen y
semejanza.281 La Encarnación del Hijo de Dios manifiesta la igualdad de todas
las personas en cuanto a dignidad: “Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni
libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús
Puesto que en el rostro de cada hombre resplandece algo de
la gloria de Dios, la dignidad de todo hombre ante Dios es el fundamento de la
dignidad del hombre ante los demás hombres.282 Esto es, además, el fundamento
último de la radical igualdad y fraternidad entre los hombres, independientemente
de su raza, Nación, sexo, origen, cultura y clase.
Sólo el
reconocimiento de la dignidad humana hace posible el crecimiento común y
personal de todos. Para favorecer un crecimiento semejante es necesario, en
particular, apoyar a los últimos, asegurar efectivamente condiciones de
igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer, garantizar una igualdad
objetiva entre las diversas clases sociales ante la ley.283
También en las relaciones entre los pueblos y Estados, las
condiciones de equidad y paridad son el presupuesto para un progreso auténtico
de la comunidad internacional.284 No obstante los avances en esta dirección, es
necesario no olvidar que aún existen demasiadas desigualdades y formas de
dependencia.
A la igualdad en el reconocimiento de la dignidad de cada
hombre y de cada pueblo, debe corresponder la conciencia de que la dignidad
humana sólo podrá ser custodiada y promovida de forma comunitaria, por parte de
toda la humanidad. Sólo con la acción concorde de los hombres y de los pueblos
sinceramente interesados en el bien de todos los demás, se puede alcanzar una
auténtica fraternidad universalpor el contrario, la permanencia de condiciones
de gravísima disparidad y desigualdad empobrece a todos.
146 “Masculino” y “femenino” diferencian a dos individuos de
igual dignidad, que, sin embargo, no poseen una igualdad estática, porque lo
específico femenino es diverso de lo específico masculino. Esta diversidad en
la igualdad es enriquecedora e indispensable para una armoniosa convivencia
humana: “La condición para asegurar la justa presencia de la mujer en la
Iglesia y en la sociedad es una más penetrante y cuidadosa consideración de los
fundamentos antropológicos de la condición masculina y femenina, destinada a
precisar la identidad personal propia de la mujer en su relación de diversidad
y de recíproca complementariedad con el hombre, no sólo por lo que se refiere a
los papeles a asumir y las funciones a desempeñar, sino también y más
profundamente, por lo que se refiere a su significado personal.
La mujer es el complemento del hombre, como el hombre lo es
de la mujer: mujer y hombre se completan mutuamente, no sólo desde el punto de
vista físico y psíquico, sino también ontológico. Sólo gracias a la dualidad de
lo “masculino” y lo “femenino” se realiza plenamente lo “humano”. Es la “unidad
de los dos”,288 es decir, una “un dualidad” relacional, que permite a cada uno
experimentar la relación interpersonal y recíproca como un don que es, al mismo
tiempo, una misión: “A esta ‘unidad de los dos’ Dios les confía no sólo la
opera de la procreación y la vida de la familia, sino la construcción misma de
la historia”.289 “La mujer es ‘ayuda” para el hombre, como el hombre es ‘ayuda’
para la mujer”:290 en su encuentro se realiza una concepción unitaria de la
persona humana, basada no en la lógica del egocentrismo y de la autoafirmación,
sino en la del amor y la solidaridad.
Las personas minusválidas son sujetos plenamente humanos,
titulares de derechos y deberes: “A pesar de las limitaciones y los
sufrimientos grabados en sus cuerpos y en sus facultades, ponen más de relieve
la dignidad y grandeza del hombre. Puesto que la persona minusválida es un
sujeto con todos sus derechos, ha de ser ayudada a participar en la vida
familiar y social en todas las dimensiones y en todos los niveles accesibles a
sus posibilidades.
Es necesario promover con medidas eficaces y apropiadas los
derechos de la persona minusválida. “Sería radicalmente indigno del hombre y
negación de la común humanidad admitir en la vida de la sociedad, y, por
consiguiente, en el trabajo, únicamente a los miembros plenamente funcionales,
porque obrando así se caería en una grave forma de discriminación: la de los
fuertes y sanos contra los débiles y enfermos”. Se debe prestar gran atención
no sólo a las condiciones de trabajo físicas y psicológicas, a la justa
remuneración, a la posibilidad de promoción y a la eliminación de los diversos
obstáculos, sino también a las dimensiones afectivas y sexuales de la persona
minusválida: “También ella necesita amar y ser amada; necesita ternura,
cercanía, intimidadsegún sus propias posibilidades y en el respeto del orden
moral que es el mismo, tanto para los sanos, como para aquellos que tienen
alguna discapacidad.
E) LA SOCIABILIDAD HUMANA
La persona es constitutivamente un ser social, porque así la
ha querido Dios que la ha creado.295 La naturaleza del hombre se manifiesta, en
efecto, como naturaleza de un ser que responde a sus propias necesidades sobre
la base de una subjetividad relacional, es decir, como un ser libre y
responsable, que reconoce la necesidad de integrarse y de colaborar con sus
semejantes y que es capaz de comunión con ellos en el orden del conocimiento y
del amor: “Una sociedad es un conjunto de personas ligadas de manera orgánica
por un principio de unidad que supera a cada una de ellas. Asamblea a la vez
visible y espiritual, una sociedad perdura en el tiempo: recoge el pasado y
prepara el porvenir
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