domingo, 30 de octubre de 2016

6 CLASE DE ANTROPLOGIA
LA DIMENSIÓN INTERPERSONAL, CORPOREIDAD Y HUMANA

“LA AUTO DISCIPLINA ES LA HABILIDAD DE HACER LO QUE SE DEBE HACER, CUANDO SE DEBE HACER, TENGAS O NO TENGAS GANAS EN ESE MOMENTO.”

La determinación es la pieza que falta para convertir en realidad los sueños de millones de personas. Es increíble el número de personas que alrededor del mundo se hallan paralizados por la falta de determinación; o lo que es lo mismo, que se hallan atacados por lo que yo llamo el "asesino" de la postergación. Y le llamo asesino porque cuántas vidas que podrían haber sido ejemplos inspiradores se han quedado en simples vidas mediocres debido a que estas personas han permitido que el hábito de la postergación anide en ellas.

De acuerdo con el diccionario, postergar significa "Aplazar una acción, demorar y posponer hasta otro día u otro momento."

Seguro que usted ha escuchado miles de veces el dicho: "Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy".

Pero desafortunadamente ese mañana nunca llega para millones de personas. Dejan para mañana el avance hacia sus sueños, sin darse cuenta de que lo que realmente están haciendo es matar esos sueños lentamente y caer en la gris mediocridad.

Recuerde siempre que alcanzar el éxito y permanecer postergando tareas son dos factores totalmente incompatibles.

Si de verdad desea triunfar va a tener que hacer algo al respecto y destruir el hábito negativo de la postergación.

Preferimos dejar siempre para otro momento las tareas, sobre todo cuando son algo pesadas o de cierta envergadura.

La actitud de las personas que han hecho de la postergación una forma de vida, puede resumirse en la frase siguiente: "Si espero, y no hago nada, quizás las cosas se solucionarán por si solas."

Pues bien, recuerde y grábelo con fuego en su mente: "Las cosas jamás mejoran solas; siempre permanecen tal y como están. En todo caso las cosas cambiarán, pero no mejorarán al menos que usted emprenda con determinación total la acción masiva necesaria que hace que las cosas sucedan. Su vida solo comenzará a ser mejor cuando usted comience a tomar acción para mejorarla."

LA AUTOESTIMA
Es el conjunto de actitudes del individuo hacia sí mismo, como actitud. Es la fuerza habitual de pensar, amar, sentir, y comportarse consigo mismo. Es la base de nuestra existencia, el valor sustancial de nuestra propia vida, abarca la totalidad de todos los sentimientos, experiencias, ideas, pensamiento, juicios y actitudes que emergen en lo más profundo de nuestro ser; involucra aspectos fundamentales de nuestra propia identidad, como nuestras actitudes más arraigadas, algunos valores más íntimos y nuestras conductas más comunes que requieren de un análisis muy profundo y comprensivo de nosotros mismos, para realizar cambios progresivos en beneficio del desarrollo de nuestra personalidad.
Todas las personas necesitan tener autoestima puesto que es un sentimiento valorativo de nuestro ser, de quienes somos nosotros, de saber que somos un conjunto de rasgos que configuran nuestra autoridad; esta la hacemos responsable de muchos fracasos ya que una autoestima adecuada si este propósito no se cumple se desarrollara una baja autoestima y la persona se enfocará a la derrota y el fracaso es donde se maneja un sentimiento valorativo bajo.

¿CÓMO DESARROLLAR LA AUTOESTIMA?

La autoestima es la base y el centro del desarrollo humano, porque:
“Sólo se podrá respetar a los demás cuando se respeta uno a sí mismo; sólo podremos dar, cuando nos hemos dado a nosotros mismos; sólo podremos amar, cuando nos amemos a nosotros mismos”.

Cada individuo es la medida de su amor a sí mismo. Su autoestima es el marco de referencia desde el cual se proyecta; es una parte fundamental para que el hombre alcance la plenitud y autorrealización en la salud física y mental, productividad y creatividad, es decir, es la plena expresión de sí mismo.

Las personas se preocupan por ver, juzgar y arreglar lo que está fuera de ellas, cuando la solución de muchos problemas sería que cada persona viera y arreglara lo único que le corresponde: ella misma. Si todos hicieran esto, el mundo sería otro.

EL HOMBRE TIENE LA CAPACIDAD DE FORMAR Y ENRIQUECER SU PROPIA AUTOESTIMA Y AUTOCONOCIMIENTO

El autoconocimiento es conocer las partes que componen el yo, cuáles son sus manifestaciones, necesidades y habilidades; los papeles que vive el individuo y a través de los cuales es; conocer por qué y cómo actúa y siente.

Al conocer todas sus partes, que desde luego no funcionan por separado sino que se entrelazan para apoyarse una en la otra, el individuo logrará tener una personalidad fuerte y unificada; si una de estas partes funciona de manera deficiente, las otras se verán afectadas y su personalidad será débil y dividida, con sentimientos de ineficiencia y desvaloración.

“CUANDO APRENDEMOS A CONOCERNOS, EN VERDAD VIVIMOS”
R. SCHULLER
Auto concepto: El auto concepto es una serie de creencias que se tienen acerca de sí mismo, que se manifiestan en la conducta. De saber quién es, que piensa como actúa en relación con los otros. La autoimagen es la presentación mental que se tiene de sí mismo, las expectativas, las ASPIRACIONES DEL PRESENTE Y EL FUTURO.

LA AUTOEFICACIA ES LA CAPACIDAD DE PENSAR EN LOS PROCESOS QUE ELEGIMOS. SI ALGUIEN SE CREE TONTO, ACTUARÁ COMO TONTO; SI SE CREE INTELIGENTE O APTO, ACTUARÁ COMO TAL.

“DALE A UN HOMBRE UNA AUTO-IMAGEN POBRE Y ACABARÁ SIENDO UN SIERVO”

R. Schuller
Autoevaluación: La autoevaluación es la valoración de las cualidades, capacidades y limitaciones de cada individuo. Es la capacidad interna de evaluar las cosas como buenas si lo son para el individuo, le satisfacen, son interesantes, enriquecedoras, le hacen sentir bien, y si le permiten crecer y aprender. Y considerarlas como malas si lo son para La persona, no le satisfacen, carecen de interés, le hacen daño y no permiten crecer.

“EL SENTIRSE DEVALUADO O INDESEABLE ES, EN LA MAYORÍA DE LOS CASOS, LA BASE DE LOS PROBLEMAS HUMANOS”
Carl Rogers
Auto aceptación: Consiste en reconocerse a sí mismo, en forma realista, como sujeto de cualidades y limitaciones. No es una auto aprobación. La auto aceptación es lo que permite Reconocer qué debo cambiar en mi para poder crecer.

“LA ACTITUD DEL INDIVIDUO HACIA SÍ MISMO Y EL APRECIO DE SU PROPIO VALER, JUEGAN UN PAPEL DE PRIMER ORDEN EN EL PROCESO CREADOR”
Mauro Rodríguez
Autor respeto: El autor respeto es atender y satisfacer necesidades y valores. Expresar y manejar en forma conveniente sentimientos y emociones, sin hacerse daño ni culparse, buscar y valorar todo aquello que haga sentirse al individuo orgulloso de sí mismo.

“LA AUTOESTIMA ES UN SILENCIOSO AUTORRESPETO POR SÍ MISMO”
Dov Peretz Elkins
Autoestima: La autoestima es el conjunto de todos los pasos anteriores. Si una persona se conoce y está consciente de sus cambios, crea su propia escala de valores y desarrolla sus capacidades; y si se acepta y respeta, tendrá autoestima. Por el contrario, si una persona no se conoce, su concepto de sí misma es pobre, no se acepta ni se respeta, no tendrá autoestima.

“SÓLO PODEMOS AMAR CUANDO NOS HEMOS AMADO A NOSOTROS MISMOS”

Elementos básicos de la autoestima: La autoestima es la piedra angular de nuestra forma de ser, de pensar, de sentir, y de actuar. Es el máximo resorte motivador de cada ser humano y el rostro esculpido a lo largo de su proceso vital es como una estructura funcional que puede identificarse en tres componentes fundamentales:

Cognitivo: Corresponde a un conjunto de auto esquemas que pertenecen al terreno de la inteligencia y de la imaginación donde se generan las ideas, opiniones, creencias, percepciones y procesamientos de información. Comprende el auto concepto, la autoimagen y la autoeficacia u opinión que se tiene de la personalidad y de la conducta de sí mismo.

Afectivo: Es sentirse a gusto o a disgusto consigo mismo, la admiración de su propia vida. A mayor carga afectiva mayor potencia de autoestima.

Conducta: Es la fuerza para alcanzar honor, forma, respeto, y estatus ante los demás y ante nosotros mismos.

MANIFESTACIONES DEL AUTOESTIMA

Independencia: La persona decide por sí misma como emplear el tiempo, el dinero, las ocupaciones, amigos y diversiones.

Afrontar retos con entusiasmos: El individuo se interesa por cosas o actividades nuevas, que quiere aprender más y poner en práctica la confianza en sí mismo.

Tolerancia a la frustración: Significa saber afrontar los obstáculos de distinta manera y ser capaz de hablar de lo que lo entristece.

Capacidad para influir en otros: La persona confía en sus impresiones y en el efecto que produce en los demás.

Asumir responsabilidad: La responsabilidad indica que quien actúa por sí mismo con seguridad, asume sus tareas o necesidades.

Orgullo por los logros: Es la aceptación y reconocimiento de los logros personales, presumiendo de vez en cuando por ellos.
Aspectos para fortalecer el autoestima:

El elogio: Se requiere fortalecer la autoestima utilizando palabras adecuadas, que valore las actitudes y comportamientos.

La valentía: Se debe brindar confianza para que el individuo pueda sobrepasar los temores en su relación con otros.

Aceptación de las debilidades y errores: Es ver por encima de la experiencia desde una perspectiva más amplia. Se debe aprender de los errores.

Abstenerse de las comparaciones: Se debe tener en cuenta que la persona es única y es imposible que realice algo exactamente igual a otra.

La imaginación: La repetición frecuente de experiencias positivas puede modificar el auto concepto; el recordar y disfrutar recuerdos positivos identifica a las personas con alto nivel de autoestima.

DIMENSION INTERPERSONAL

DIMENSIÓN INTERPERSONAL: Es la relación que tenemos con las personas que tenemos a nuestro alrededor con las cuales compartimos, inquietudes, logros, amor.
Las relaciones interpersonales es la necesidad se relacionarse con los demás, en el camino del encuentro interpersonal, descubrimos que con algunas personas tenemos apatía y con otras no,
Cuando no hay empatía las relaciones se ven truncadas no hay comunicación entre estas pueden aparecer sentimientos de rechazo, odio.
La comunicación es básica en nuestras relaciones ya que con esta fortalecemos nuestras relaciones ya sea con la familia, amigos pareja etc.
ELEMENTOS DE LAS RELACIONES INTERPERSONALES
Conservación de la especie, vestuario, vivienda y descanso.
Seguridad: amor, protección, orden, trato justo. .
Aceptación, trabajo, amistad.
VALORES
Los valores son un proceso desde que nacemos, nuestra familia es el pilar para adquirirlos, a medida que se va creciendo se van moldeando, en el colegio, amigos, etc. siempre y cuando estos valores sean practicados por nosotros mismos.

VALORES VITALES
Vida: Implica valorar la existencia
Respeto: Es el sentimiento que lleva a reconocer los derechos y la dignidad del otro.
Libertad: la posibilidad de decidir cómo actuar en las diferentes situaciones que se presentan en la vida. Libertad implica elegir, entre determinadas opciones, lo que le parecen mejores o más convenientes.

EN LOS VALORES MORALES
Se destacan: Responsabilidad: es la capacidad personal de comprometerse y de dar cumplimiento a las normas establecidas.
Convivencia: Se entiende como la actitud de ser humano de hacer lo mejor a quienes lo rodean y permite vivir con los otros.
Honestidad: general es la capacidad de actuar con rectitud, honradez y confianza consigo mismo y con los demás.
DIMENSION INTELECTUAL
El desarrollo del intelecto es alcanzado por el estudio, los aprendizajes, la búsqueda del conocimiento, la investigación, el mejoramiento continuo, el desarrollo del talento humano, todo esto logrado mediante la superación personal del individuo.
EL PERFIL PROFESIONAL: Dentro perfil profesional requerido para un(a) profesional como parte integral de las relaciones interpersonales y empresariales debemos tener en cuenta los siguientes aspectos, algunos vistos anteriormente pero que debemos resaltar:
RELACIONES PÚBLICAS
Conjunto de actividades y programas de comunicación persuasiva efectuados por cualquier organización, para crear y mantener buenas relaciones con sus diferentes públicos externos y para proyectar ante ellos su imagen favorable.
LA CONCEPTUALIZACIÓN DE LA CORPOREIDAD, LA MOTRICIDAD Y EL VIEJO PARADIGMA
   ¿Qué es la corporeidad? :    Jorge Gómez nos habla del ser humano como ser corporal, de la existencia en para el cuerpo, el cual nos predispone a la “acción autónoma” de resolver nuestra subsistencia y la necesidad de la trascendencia.
   Por lo tanto diremos que la corporeidad humana en una construcción permanente en tres niveles: biológico, psicológico y social. Esta construcción biopsicosocial, siguiendo a Gómez, está compuesta por significados e imaginarios de la vida cotidiana que se van modificando como son: los afectos y los vínculos, las emociones, el gozo y el dolor, los impactos sensibles, la apariencia física estética, la libertad o no de vivir en plenitud, basándose siempre en la diferenciación-identificación con los otros.
    Manuel Sergio nos habla de que al hombre lo podríamos definir desde las siguientes dimensiones:
•             La corporeidad: Desde y a partir del cuerpo me proyecto al mundo
•             La motricidad: Interioriza y humaniza el movimiento
•             La comunicación y cooperación: Afirmamos el nosotros, vos y yo conectados, unidos a partir de estar en el mundo.
•             La historicidad: Vivir nuestro presente, proyectando el futuro esperanzador, sin olvidar de dónde venimos, sin olvidar nuestro pasado.
•             La libertad: Entender las necesidades, para ser un ser reflexivo, histórico y autónomo del propio medio.
•             La noosfera: Buscando la totalidad humana, por medio de los saberes espirituales y culturales.
•             La trascendencia: Buscando hacer para crecer y ser mucho más.
    A partir de estas dimensiones el cuerpo no se reduce a una instancia biológica, sino a un ser histórico-social, biológicamente activo.
    La corporeidad, representa el modo de ser del hombre, bajo circunstancias históricas, siendo la Educación Física su herramienta más importante.
        Foucault afirma que el cuerpo es portador de poder, por ende que uno es portador de poder, que colectivamente somos portadores del poder colectivo. Este poder del cuerpo colectivo está sujeto a normas y leyes propias de cada sociedad, siendo que este cuerpo colectivo porta mayor poder, y que este cuerpo colectivo es el que realiza las normas colectivas y reglas que engendran el cuerpo colectivo popular absoluto de poder.
    La corporeidad se da a partir de la imagen del hombre y de su proyecto socio-cultural como colectividad, como nación. Cada sociedad, cada institución, creará el ideal corporal que cobrará vida a través de la Educación Física.
    Este cuerpo colectivo, Cuerpo Institucional, es el efecto de una elaboración social y cultural, por lo tanto la corporeidad y la motricidad representan un ente propio, indisoluble del imaginario colectivo propio de cada cultura, que lo legitima en su expresión como sociedad, que estará representada y puesta en marcha por la Educación Física, las teorías que la avalan, y su incidencia directa en la vida colectiva.
    Siguiendo la idea de Gómez, no se debería, en pleno siglo XXI, solamente pensarse al cuerpo desde una visión como conjunto de órganos solamente, o como con un concepto de materia física siguiendo las teorías físicas de Newton.
    El hombre debería de pensarse desde la corporeidad, desde sus tradiciones antropológicas y el proyecto social al que pertenece.
LA MOTRICIDAD COMO EXPRESIÓN DE LA CORPOREIDAD
    La corporeidad y la motricidad son indisolubles, no existen una sin la otra, son elementos con definiciones propias, pero en la realidad práctica, activa del hombre, el cuerpo no puede concebirse sin vida, sin movimiento.
    Cada persona, cada ser humano, va construyendo su corporeidad a través de los años, siendo influenciado por su entorno y su circunstancia. Parafraseando a Parlebas socio motricidad: el mundo, yo, mi circunstancia, mi introspección y mi vinculación con ello.
    Nosotros, nuestro cuerpo, pasa desde la dependencia necesaria en nuestra forma más primitiva en los primeros años de vida hasta llegar a auto formarse en ser totalmente independiente.
    La educación física nos atraviesa desde que nacemos, en cada momento de la vida cotidiana, de manera informal, haciéndonos desenvolver de manera eficientes bajo distintas circunstancias. José María Cagigal en 1979 ya nos hablaba de la cultura física, cultura corporal, como habito de una sociedad, como pilar de la libertad y progreso del desarrollo del ser humano.
    La corporeidad la podemos asociar a la motricidad, ya que el ser humano experimenta con su cuerpo de manera práctica, con vida, actuante.
    La motricidad está presente en lo cotidiano del hombre, cargada sus acciones de sentimiento y finalidad, interactuando y expandiéndose en el tiempo, en busca de la trascendencia de sus actos con el medio social y natural. La motricidad da sentido a la corporeidad y viceversa. Siempre ha servido como método para que las distintas sociedades moldeen el cuerpo humano, está presente en los currículos escolares, las ideologías imperantes y reinantes de cada momento histórico, reduciendo al hombre a disciplina o descubrimiento, en busca de un control social absoluto.
    Por lo tanto hablar de motricidad ya indicaría una comprensión del movimiento humano. Siguiendo a Gómez, esto supone el desenvolvimiento de las estructuras componentes del sistema nervioso central; mantiene la regulación, la ejecución y la integración del comportamiento; traduce la apropiación de la cultura y de la experiencia humana como intencionalidad operante en el proyecto del hombre social.
    Por lo tanto podríamos afirmar que el desarrollo de lo motor, de la motricidad, no es solo el desarrollo de las capacidades coordinativas, el desarrollo técnico, físico, psico-cognitivo, o las nociones de espacio-tiempo; si no el desarrollo motor implica un fuerte compromiso cultural, histórico, político y social.
    En definitiva cuando hablamos de la motricidad como expresión de la corporeidad del ser, como proyecto humano de acción, se expresa no solo las posibilidades biológicas que nos permite el movimiento, sino también las intencionalidades, las utopías, las fantasías, los ideales, los mitos, las visiones, las alegrías y las tristezas, la necesidad de la relación e igualdad social, la comunicación con el mundo natural: el agua, la tierra, el aire, las plantas y los animales; a la construcción del estar en el mundo, en el tiempo y espacio, en definitiva en el universo que cada persona le corresponde vivir.
EL NUEVO PARADIGMA: LA EDUCACIÓN CORPORAL COMO FUENTE DE DESARROLLO Y SALUD GLOBAL
    Desde el nuevo paradigma se propone la construcción del cuerpo social en relación con el entorno a través de que ambos se modifican dialécticamente y recíprocamente.
    El cuerpo debe de ser considerado en su integridad, explorando su capacidad sensorial y perceptiva, integrando distintas nociones sobre el entorno físico y proyectarse hacia el campo de las ciencias, del arte, del trabajo creativo o de los deportes complejos.
    La educación física, en el viejo paradigma, construía solo un adiestramiento de cómo usar el cuerpo sano dentro del mundo altamente perfeccionado del mundo laboral. Su primitivo objetivo era el de educar no para ser más saludable, o para poder ejercer nuestras libertades en pos de un desarrollo individual y colectivo; al contrario, adiestrar para ser más saludable para poder trabajar más horas en el mundo laboral, extrayendo del cuerpo, toda naturalidad y frescura física.
    El nuevo paradigma que envuelve la Educación Física está centrado en generar las condiciones que posibiliten la introspección del hombre sobre su ser corporal y promover su relación dialéctica con las actividades físicas y deportivas para permitirle desvelar los determinantes culturales que subyacen en ellas y hacerlas propias.
    Esta libertad física, esta laicidad superadora, se exponía en la práctica cotidiana deportiva después del trabajo. No es casual que la ramificación de los clubes de fútbol modernos se dé en ciudades altamente desarrolladas en el mundo laboral: Manchester, Liverpool, Madrid, Berlín, Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Budapest, Paris, Ámsterdam, Moscú. En cada de una de estas ciudades eran polos de desarrollo productivo importante dentro del mundo industrial de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Cada trabajador en sus pequeños ratos de ocio desarrollaba sus virtudes físicas en búsqueda de su expansión de su laicidad deportiva. No es otra casualidad que los clubes argentinos, nacieran en la ramificación de los ramales ferroviarios o en los puertos o en los lugares de alta expansión social.
    Estos centros de desarrollo de la civilización fueron los primeros en revelarse del poder que ejercía el capitalismo sobre el cuerpo y propusieron argumentación pedagógicas liberadoras de la corporeidad humana.
    La práctica de cualquier deporte colabora en la creación de cualidades y habilidades que permiten la formación de deportistas integrales, otorgándoles herramientas para afrontar el día a día en la vida cotidiana.
    Estas virtudes se ven fortalecidas desde intervenciones del deporte en la niñez atravesando la búsqueda de la personalidad de la adolescencia, culminando en el fortalecimiento y desarrollo en la edad adulta. Las bondades del deporte atraviesan la vida humana, sembrando más allá de la propia práctica y su delimitación en los campos de juegos y en la competencia.
    Pero nos deberíamos de preguntar ¿cuáles son las herramientas o valores que otorga la práctica deportiva?
    Podríamos enumerarlos de la siguiente manera y de forma sencilla:
•             La competencia continúa con los demás y con uno mismo,
•             La cooperación grupal,
•             La pertenencia a un grupo, un color, un espacio y un lugar,
•             La adaptación a las normas generales y específicas,
•             La autovaloración y la estimación ajena,
•             El respeto hacia el contrario,
•             La voluntad individual y grupal de auto superación,
•             La asimilación del éxito y la tolerancia del fracaso.
  
CUERPO Y CORPOREIDAD

•             Por corporeidad se entiende, en general, todo aspecto material captado por los sentidos, es decir, todo grupo de cualidades que nos representamos como estables, independientes de nosotros y puestas en el espacio. Con este término se designa también la dimensión material del ser humano. Para comprender el significado del cuerpo humano hay que referirse a la concepción antropológica. Según sea la antropología, variará el modo de entender el cuerpo, así como variarán las concepciones morales.
•             Según la antropología bíblica, que se caracteriza por ser acentuadamente unitaria y global, el hombre es tanto cuerpo como alma. Una yuxtaposición o una contraposición de cuerpo y alma es algo intrínsecamente extraño a los escritos de la revelación, El cuerpo designa al hombre como totalidad, como persona, y equivale por tanto al yo concreto (cf. Rom 6,12; 12,1). Cuando se habla de un conflicto entre "cuerpo" y «espíritu» esta fórmula no refleja úna hostilidad natural entre el cuerpo y el alma como dos elementos de la naturaleza humana, sino que expresa la situación en que el hombre, aprisionado en el pecado y esclavo del egoísmo, se opone a la voluntad espiritual y salvífica de Dios.

•             Por eso mismo en la Escritura se percibe repetidamente la dignidad y el valor del cuerpo. En el Antiguo Testamento, el cuerpo del hombre lleva la huella de la acción de Dios (Gn 1-2). Lejos de ser despreciado y de ser un obstáculo para la perfección, se le reconoce una dignidad eminente : el cuerpo mismo (mediante el corazón, los riñones, los ojos, etc.) produce, lo mismo que el alma, afectos, pensamientos, deseos, decisiones (Sal 16,910; 63,21 84,3; etc.). El Nuevo Testamento, aportando una nueva luz sobre el destino último del hombre, que es la vida eterna en comunión con Dios, eleva más todavía la dignidad del cuerpo, que será llamado igualmente, mediante la resurrección de los muertos, a compartir la suerte del alma (Mt 25, 31-46; Lc 6,20-261 etc.).

•             La concepción antropológica griega, por el contrario, está caracterizada por el dualismo, que se concreta en la afirmación de la conflictividad entre el cuerpo y el alma. Según Platón, el alma y el cuerpo son dos substancias completas, cada una por su cuenta, unidas accidentalmente durante la vida terrena sin formar efectivamente una substancia única. El alma por sí sola constituye la esencia verdadera del hombre. Ésta se encuentra en el cuerpo como en una cárcel. En consecuencia, el ideal del hombre consiste en sustraerse de lo corporal y alienarse del mundo sensible para conducir de nuevo al alma a su perfección y a su felicidad original.

•             Es distinta la concepción de Aristóteles. A su juicio, el alma y el cuerpo son elementos claramente distintos, pero no son dos substancias completas, sino incompletas (como la materia y la forma): las dos juntas dan origen a una única substancia completa, el hombre. Sin embargo, el dualismo no desaparece del todo, ya que también para Aristóteles el Cuerpo es materia extraña y opuesta al espíritu; los dos coprincipios del hombre no presuponen realmente un solo origen, ya que la materia es eterna y se contrapone a Dios.

•             El pensamiento cristiano sobre el cuerpo, en los primeros siglos, se desarrolló sobre la base del encuentro-confrontación entre la visión bíblica del hombre (sintética y global) y la concepción antropológica helenista, dominada por el platonismo (dualista). Muchos Padres de la Iglesia, aunque defendían la bondad del cuerpo en cuanto obra de la creación de Dios, acabaron acogiendo las ideas platónicas sobre la relación alma y cuerpo, asumiendo de este modo una actitud ascético-peyorativa respecto al cuerpo.
•             En particular, la identificación de la concupiscencia debida al pecado original con la reacción espontánea y natural de los instintos (san Agustín) los llevará a una acentuada infravaloración del cuerpo, destinada a perdurar durante siglos.
•             Fue con santo Tomás, que se sirve de las categorías del pensamiento de Aristóteles, como se asistió a la superación del dualismo y a la recuperación del valor positivo del cuerpo. La unión substancial entre los dos constitutivos del hombre, originados ambos por Dios, está determinada por un único acto de ser, el del alma (forma del cuerpo) que mantiene en ser también al cuerpo. De aquí se deriva la unidad de la actividad humana, que es siempre físico-espiritual juntamente.
•             El hombre actúa siempre de forma humana y espiritual, aun cuando actúe con el cuerpo.
•             La sistematización que dio santo Tomás al problema de la relación alma-cuerpo es imprescindible para los conocimientos alcanzados por la antropología de nuestros días, de carácter integral, a la que han dado su aportación diversas tendencias filosóficas, especialmente la escuela personalista.
•             En la concepción personalista aparece el cuerpo en todo su valor, ya que no es puramente «objeto» o "instrumento", sino «sujeto». Es encarnación, epifanía espacio-temporal del «yo" presencia a los otros y posibilidad de comunión; relación con el mundo y con la sociedad; expresión y por tanto cultura, etc.


El uso de moños, hebillas, ganchos y caimanes de tamaño, color y diseño exagerado no se permiten en una profesional tan importante como es aquella que tiene contacto directo con los clientes.

Estos accesorios deben ser discretos, para no llamar la atención.
Cuidados del rostro: No interesa la forma del rostro, ante eso nada podemos hacer, pero sí podemos sacarle el mejor partido a la forma, con el corte y el peinado adecuados. También contribuye a mantenerlo armonioso, el depilado de las cejas, sin alterar el arco natural que hace juego con el conjunto; así como el cuidado de ojos, orejas, nariz, mejillas, boca, labios, mentón, cuello y piel.

UNOS OJOS SANOS PROYECTAN UNA MIRADA LUMINOSA, FRANCA, QUE TRANSMITE SALUD.

Mantenerlos así, exige el lavado cuidadoso con agua pura o un colirio especial; cita oftalmológica para corregir los defectos de visión (si es necesario) y tratamiento con ungüentos especiales en caso de infección por contaminación ambiental o conjuntivitis. El humo y el trasnocho afectan la salud y la buena expresión de los ojos produciendo, círculos rojos y ojeras que dan la apariencia de descuido y disipación. Por lo anterior, es importante dejarlos descansar con el sueño reparador necesario. Las ojeras pueden tratarse colocando sobre los párpados bolsas de té tibio o compresas de agua de rosas o sólo con agua fresca.

Una jovencita no requiere de mucho maquillaje, pero tampoco debe creer que su rostro sin rastro de maquillaje, lucirá más bello. Un maquillaje suave y delicado en tonos pasteles y adecuado para su tono de piel, realzará su atractivo.

En otras palabras esto significa que una joven debe preferir un maquillaje suave y delicado, pero alegre y luminoso. Se aconsejan los tonos pastel. Actualmente las casas cosmetológicas ofrecen paletas o conjuntos de maquillaje en amplia variedad de tonos y colores. A la hora de adquirirlos es aconsejable preferir la calidad y no guiarse por los bajos precios.

El maquillaje en su conjunto debe armonizar con el tono de la piel, el color del vestuario. La aplicación del labial exige cuidados a la hora de la elección de los tonos; siempre se debe tener en cuenta adquirir colores básicos como el bronce, café, para delinearlos y tonos que les hagan juego para rellenarlos. Las jóvenes pueden preferir distintos tonos de rosa y bronce. El complemento ideal del maquillaje del rostro lo constituyen las cejas naturales, con un depilado leve que acentúe el arco. Depilarlas muy delgadas, cambiar su forma natural o depilarlas completamente para pintarlas es un error que no debe cometer ninguna mujer y menos las jovencitas.






CRITICA PERSONAL:



Iluminada por el admirable mensaje bíblico, la doctrina social de la Iglesia se detiene, ante todo, en los aspectos principales e inseparables de la persona humana para captar las facetas más importantes de su misterio y de su dignidad. En efecto, no han faltado en el pasado, y aún se asoman dramáticamente a la escena de la historia actual, múltiples concepciones reductivas, de carácter ideológico o simplemente debido a formas difusas de costumbres y pensamiento, que se refieren al hombre, a su vida y su destino. Estas concepciones tienen en común el hecho de ofuscar la imagen del hombre acentuando sólo alguna de sus características, con perjuicio de todas las demás.233

125 La persona no debe ser considerada únicamente como individualidad absoluta, edificada por sí misma y sobre sí misma, como si sus características propias no dependieran más que de sí misma. Tampoco debe ser considerada como mera célula de un organismo dispuesto a reconocerle, a lo sumo, un papel funcional dentro de un sistema. Las concepciones que tergiversan la plena verdad del hombre han sido objeto, en repetidas ocasiones, de la solicitud social de la Iglesia, que no ha dejado de alzar su voz frente a estas y otras visiones, drásticamente reductivas. En cambio, se ha preocupado por anunciar que los hombres “no se nos muestran desligados entre sí, como granos de arena, sino más bien unidos entre sí en un conjunto orgánicamente ordenado, con relaciones variadas según la diversidad de los tiempos”.234 Y que el hombre no puede ser comprendido como “un simple elemento y una molécula del organismo social”,235 cuidando, a la vez, que la afirmación del primado de la persona, no conllevase una visión individualista o masificada.

126 La fe cristiana, que invita a buscar en todas partes cuanto haya de bueno y digno del hombre “es muy superior a estas ideologías y queda situada a veces en posición totalmente contraria a ellas, en la medida en que reconoce a Dios, trascendente y creador, que interpela, a través de todos los niveles de lo creado, al hombre como libertad responsable”.236

La doctrina social se hace cargo de las diferentes dimensiones del misterio del hombre, que exige ser considerado “en la plena verdad de su existencia, de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y social”,237 con una atención específica, de nodo que le pueda consentir la valoración más exacta.

A) LA UNIDAD DE LA PERSONA
Estas definiciones no indican solamente que el cuerpo, para el cual ha sido prometida la resurrección, participará de la gloria; recuerdan igualmente el vínculo de la razón y de la libre voluntad con todas las facultades corpóreas y sensibles. La persona —incluido el cuerpo— está confiada enteramente a sí misma, y es en la unidad de alma y cuerpo donde ella es el sujeto de sus propios actos morales”

128 Mediante su corporeidad, el hombre unifica en sí mismo los elementos del mundo material, “el cual alcanza por medio del hombres su más alta cima y alza la voz para la libre alabanza del Creador”.240 Esta dimensión le permite al hombre su inserción en el mundo material, lugar de su realización y de su libertad, no como en una prisión o en un exilio. No es lícito despreciar la vida corporal; el hombre, al contrario, “debe tener por bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el último día”. La dimensión corporal, sin embargo, a causa de la herida del pecado, hace experimentar al hombre las rebeliones del cuerpo y las inclinaciones perversas del corazón, sobre las que debe siempre vigilar para no dejarse esclavizar y para no permanecer víctima de una visión puramente terrena de su vida.

Por su espiritualidad el hombre supera a la totalidad de las cosas y penetra en la estructura más profunda de la realidad. Cuando se adentra en su corazón, es decir, cuando reflexiona sobre su propio destino, el hombre se descubre superior al mundo material, por su dignidad única de interlocutor de Dios, bajo cuya mirada decide su vida. Él, en su vida interior, reconoce tener en “sí mismo la espiritualidad y la inmortalidad de su alma” y no se percibe a sí mismo “como partícula de la naturaleza o como elemento anónimo de la ciudad humana”.242

129 El hombre, por tanto, tiene dos características diversas: es un ser material, vinculado a este mundo mediante su cuerpo, y un ser espiritual, abierto a la trascendencia y al descubrimiento de “una verdad más profunda”, a causa de su inteligencia, que lo hace “participante de la luz de la inteligencia divina”.243 La Iglesia afirma: “La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la “forma” del cuerpo, es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza”.244 Ni el espiritualismo que desprecia la realidad del cuerpo, ni el materialismo que considera el espíritu una mera manifestación de la materia, dan razón de la complejidad, de la totalidad y de la unidad del ser humano.

B) APERTURA A LA TRASCENDENCIA Y UNICIDAD DE LA PERSONA.
a) Abierta a la trascendencia
A la persona humana pertenece la apertura a la trascendencia: el hombre está abierto al infinito y a todos los seres creados. Está abierto sobre todo al infinito, es decir a Dios, porque con su inteligencia y su voluntad se eleva por encima de todo lo creado y de sí mismo, se hace independiente de las criaturas, es libre frente a todas las cosas creadas y se dirige hacia la verdad y el bien absolutos. Está abierto también hacia el otro, a los demás hombres y al mundo, porque sólo en cuanto se comprende en referencia a un tú puede decir yo. Sale de sí, de la conservación egoísta de la propia vida, para entrar en una relación de diálogo y de comunión con el otro.

La persona está abierta a la totalidad del ser, al horizonte ilimitado del ser. Tiene en sí la capacidad de trascender los objetos particulares que conoce, gracias a su apertura al ser sin fronteras. El alma humana es en un cierto sentido, por su dimensión cognoscitiva, todas las cosas: “todas las cosas inmateriales gozan de una cierta infinidad, en cuanto abrazan todo, o porque se trata de la esencia de una realidad espiritual que funge de modelo y semejanza de todo, como es en el caso de Dios, o bien porque posee la semejanza de toda cosa o en acto como en los Ángeles o en potencia como en las almas”.245

b) Única e irrepetible

131 El hombre existe como ser único e irrepetible, existe como un “yo”, capaz de auto comprenderse, auto poseerse y auto determinarse. La persona humana es un ser inteligente y consciente, capaz de reflexionar sobre sí mismo y, por tanto, de tener conciencia de sí y de sus propios actos. Sin embargo, no son la inteligencia, la conciencia y la libertad las que definen a la persona, sino que es la persona quien está en base de los actos de inteligencia, de conciencia y de libertad. Estos actos pueden faltar, sin que por ello el hombre deje de ser persona.

La persona humana debe ser comprendida siempre en su irrepetible e insuprimible singularidad. En efecto, el hombre existe ante todo como subjetividad, como centro de conciencia y de libertad, cuya historia única y distinta de las demás expresa su irreductibilidad ante cualquier intento de circunscribirlo a esquemas de pensamiento o sistemas de poder, ideológicos o no. Esto impone, ante todo, no sólo la exigencia del simple respeto por parte de todos, y especialmente de las instituciones políticas y sociales y de sus responsables, en relación a cada hombre de este mundo, sino que además, y en mayor medida, comporta que el primer compromiso de cada uno hacia el otro, y sobre todo de estas mismas instituciones, se debe situar en la promoción del desarrollo integral de la persona.

c) El respeto de la dignidad humana

132 Una sociedad justa puede ser realizada solamente en el respeto de la dignidad trascendente de la persona humana. Ésta representa el fin último de la sociedad, que está a ella ordenada: “El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario”.246 El respeto de la dignidad humana no puede absolutamente prescindir de la obediencia al principio de “considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente”.247 Es preciso que todos los programas sociales, científicos y culturales, estén presididos por la conciencia del primado de cada ser humano.248

133 En ningún caso la persona humana puede ser instrumentalizada para fines ajenos a su mismo desarrollo, que puede realizar plena y definitivamente sólo en Dios y en su proyecto salvífico: el hombre, en efecto, en su interioridad, trasciende el universo y es la única criatura que Dios ha amado por sí misma.249 Por esta razón, ni su vida, ni el desarrollo de su pensamiento, ni sus bienes, ni cuantos comparten sus vicisitudes personales y familiares pueden ser sometidos a injustas restricciones en el ejercicio de sus derechos y de su libertad.

La persona no puede estar finalizada a proyectos de carácter económico, social o político, impuestos por autoridad alguna, ni siquiera en nombre del presunto progreso de la comunidad civil en su conjunto o de otras personas, en el presente o en el futuro. Es necesario, por tanto, que las autoridades públicas vigilen con atención para que una restricción de la libertad o cualquier otra carga impuesta a la actuación de las personas no lesione jamás la dignidad personal y garantice el efectivo ejercicio de los derechos humanos. Todo esto, una vez más, se funda sobre la visión del hombre como proceso de crecimiento, junto con la comunidad de la que forma parte.

134 Los auténticos cambios sociales son efectivos y duraderos sólo si están fundados sobre un cambio decidido de la conducta personal. No será posible jamás una auténtica moralización de la vida social si no es a partir de las personas y en referencia a ellas: en efecto, “el ejercicio de la vida moral proclama la dignidad de la persona humana”.250 A las personas compete, evidentemente, el desarrollo de las actitudes morales, fundamentales en toda convivencia verdaderamente humana (justicia, honradez, veracidad, etc.), que de ninguna manera se puede esperar de otros o delegar en las instituciones. A todos, particularmente a quienes de diversas maneras están investidos de responsabilidad política, jurídica o profesional frente a los demás, corresponde ser conciencia vigilante de la sociedad y primeros testigos de una convivencia civil y digna del hombre.

C) LA LIBERTAD DE LA PERSONA

a) Valor y límites de la libertad

135 El hombre puede dirigirse hacia el bien sólo en la libertad, que Dios le ha dado como signo eminente de su imagen:251 “Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión (cf. Si 15, 14), para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a éste, alcance la plena y bienaventurada perfección. La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa”.252

El hombre justamente aprecia la libertad y la busca con pasión: justamente quiere —y debe—, formar y guiar por su libre iniciativa su vida personal y social, asumiendo personalmente su responsabilidad.253 La libertad, en efecto, no sólo permite al hombre cambiar convenientemente el estado de las cosas exterior a él, sino que determina su crecimiento como persona, mediante opciones conformes al bien verdadero:254 de este modo, el hombre se genera a sí mismo, es padre de su propio ser255 y construye el orden social.256

136 La libertad no se opone a la dependencia creatural del hombre respecto a Dios.257 La Revelación enseña que el poder de determinar el bien y el mal no pertenece al hombre, sino sólo a Dios (Cf. Gn 2, 16-17). “El hombre es ciertamente libre, desde el momento en que puede comprender y acoger los mandamientos de Dios. Y posee una libertad muy amplia, porque puede comer “de cualquier árbol del jardín”. Pero esta libertad no es ilimitada: el hombre debe detenerse ante el “árbol de la ciencia del bien y del mal”, por estar llamado a aceptar la ley moral que Dios le da. En realidad, la libertad del hombre encuentra su verdadera y plena realización en esta aceptación”.258

137 El recto ejercicio de la libertad personal exige unas determinadas condiciones de orden económico, social, jurídico, político y cultural que son, “con demasiada frecuencia, desconocidas y violadas. Estas situaciones de ceguera y de injusticia gravan la vida moral y colocan tanto a los fuertes como a los débiles en la tentación de pecar contra la caridad. Al apartarse de la ley moral, el hombre atenta contra su propia libertad, se encadena a sí mismo, rompe la fraternidad con sus semejantes y se rebela contra la verdad divina”.259 La liberación de las injusticias promueve la libertad y la dignidad humana: no obstante, “ante todo, hay que apelar a las capacidades espirituales y morales de la persona y a la exigencia permanente de la conversión interior si se quieren obtener cambios económicos y sociales que estén verdaderamente al servicio del hombre”.260

b) El vínculo de la libertad con la verdad y la ley natural

138 En el ejercicio de la libertad, el hombre realiza actos moralmente buenos, que edifican su persona y la sociedad, cuando obedece a la verdad, es decir, cuando no pretende ser creador y dueño absoluto de ésta y de las normas éticas.261 La libertad, en efecto, “no tiene su origen absoluto e incondicionado en sí misma, sino en la existencia en la que se encuentra y para la cual representa, al mismo tiempo, un límite y una posibilidad. Es la libertad de una criatura, o sea, una libertad donada, que se ha de acoger como un germen y hacer madurar con responsabilidad”.262 En caso contrario, muere como libertad y destruye al hombre y a la sociedad.263

139 La verdad sobre el bien y el mal se reconoce en modo práctico y concreto en el juicio de la conciencia, que lleva a asumir la responsabilidad del bien cumplido o del mal cometido. “Así, en el juicio práctico de la conciencia, que impone a la persona la obligación de realizar un determinado acto, se manifiesta el vínculo de la libertad con la verdad. Precisamente por esto la conciencia se expresa con actos de ‘juicio’, que reflejan la verdad sobre el bien, y no como ‘decisiones’ arbitrarias. La madurez y responsabilidad de estos juicios —y, en definitiva, del hombre, que es su sujeto— se demuestran no con la liberación de la conciencia de la verdad objetiva, a favor de una presunta autonomía de las propias decisiones, sino, al contrario, con una apremiante búsqueda de la verdad y con dejarse guiar por ella en el obrar”.264

140 El ejercicio de la libertad implica la referencia a una ley moral natural, de carácter universal, que precede y aúna todos los derechos y deberes.265 La ley natural “no es otra cosa que la luz de la inteligencia infundida en nosotros por Dios. Gracias a ella conocemos lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. Esta luz o esta ley Dios la ha donado a la creación”266 y consiste en la participación en su ley eterna, la cual se identifica con Dios mismo.267 Esta ley se llama natural porque la razón que la promulga es propia de la naturaleza humana. Es universal, se extiende a todos los hombres en cuanto establecida por la razón. En sus preceptos principales, la ley divina y natural está expuesta en el Decálogo e indica las normas primeras y esenciales que regulan la vida moral.268 Se sustenta en la tendencia y la sumisión a Dios, fuente y juez de todo bien, y en el sentido de igualdad de los seres humanos entre sí. La ley natural expresa la dignidad de la persona y pone la base de sus derechos y de sus deberes fundamentales.269

141 En la diversidad de las culturas, la ley natural une a los hombres entre sí, imponiendo principios comunes. Aunque su aplicación requiera adaptaciones a la multiplicidad de las condiciones de vida, según los lugares, las épocas y las circunstancias,270 la ley natural es inmutable, “subsiste bajo el flujo de ideas y costumbres y sostiene su progreso… Incluso cuanto se llega a renegar de sus principios, no se la puede destruir ni arrancar del corazón del hombre. Resurge siempre en la vida de individuos y sociedades”.271

Sus preceptos, sin embargo, no son percibidos por todos con claridad e inmediatez. Las verdades religiosas y morales pueden ser conocidas “de todos y sin dificultad, con una firme certeza y sin mezcla de error”,272 sólo con la ayuda de la Gracia y de la Revelación. La ley natural ofrece un fundamento preparado por Dios a la ley revelada y a la Gracia, en plena armonía con la obra del Espíritu.273

142 La ley natural, que es ley de Dios, no puede ser cancelada por la maldad humana.274 Esta ley es el fundamento moral indispensable para edificar la comunidad de los hombres y para elaborar la ley civil, que infiere las consecuencias de carácter concreto y contingente a partir de los principios de la ley natural.275 Si se oscurece la percepción de la universalidad de la ley moral natural, no se puede edificar una comunión real y  duradera con el otro, porque cuando falta la convergencia hacia la verdad y el bien, “cuando nuestros actos desconocen o ignoran la ley, de manera imputable o no, perjudican la comunión de las personas, causando daño”.276 En efecto, sólo una libertad que radica en la naturaleza común puede hacer a todos los hombres responsables y es capaz de justificar la moral pública. Quien se autoproclama medida única de las cosas y de la verdad no puede convivir pacíficamente ni colaborar con sus semejantes.277

143 La libertad está misteriosamente inclinada a traicionar la apertura a la verdad y al bien humano y con demasiada frecuencia prefiere el mal y la cerrazón egoísta, elevándose a divinidad creadora del bien y del mal: “Creado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigación del demonio, en el propio exordio de la historia, abusó de su libertad, levantándose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios (…). Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinación a su fin último, y también toda su ordenación tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los demás y con el resto de la creación”.278 La libertad del hombre, por tanto, necesita ser liberada. Cristo, con la fuerza de su misterio pascual, libera al hombre del amor desordenado de sí mismo,279 que es fuente del desprecio al prójimo y de las relaciones caracterizadas por el dominio sobre el otro; Él revela que la libertad se realiza en el don de sí mismo.280 Con su sacrificio en la cruz, Jesús reintegra el hombre a la comunión con Dios y con sus semejantes.

D) LA IGUAL DIGNIDAD DE TODAS LAS PERSONAS
 “Dios no hace acepción de personas” (Hch 10, 34; Cf. Rm 2, 11; Ga 2, 6; Ef 6, 9), porque todos los hombres tienen la misma dignidad de criaturas a su imagen y semejanza.281 La Encarnación del Hijo de Dios manifiesta la igualdad de todas las personas en cuanto a dignidad: “Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús

Puesto que en el rostro de cada hombre resplandece algo de la gloria de Dios, la dignidad de todo hombre ante Dios es el fundamento de la dignidad del hombre ante los demás hombres.282 Esto es, además, el fundamento último de la radical igualdad y fraternidad entre los hombres, independientemente de su raza, Nación, sexo, origen, cultura y clase.
 Sólo el reconocimiento de la dignidad humana hace posible el crecimiento común y personal de todos. Para favorecer un crecimiento semejante es necesario, en particular, apoyar a los últimos, asegurar efectivamente condiciones de igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer, garantizar una igualdad objetiva entre las diversas clases sociales ante la ley.283

También en las relaciones entre los pueblos y Estados, las condiciones de equidad y paridad son el presupuesto para un progreso auténtico de la comunidad internacional.284 No obstante los avances en esta dirección, es necesario no olvidar que aún existen demasiadas desigualdades y formas de dependencia.

A la igualdad en el reconocimiento de la dignidad de cada hombre y de cada pueblo, debe corresponder la conciencia de que la dignidad humana sólo podrá ser custodiada y promovida de forma comunitaria, por parte de toda la humanidad. Sólo con la acción concorde de los hombres y de los pueblos sinceramente interesados en el bien de todos los demás, se puede alcanzar una auténtica fraternidad universalpor el contrario, la permanencia de condiciones de gravísima disparidad y desigualdad empobrece a todos.

146 “Masculino” y “femenino” diferencian a dos individuos de igual dignidad, que, sin embargo, no poseen una igualdad estática, porque lo específico femenino es diverso de lo específico masculino. Esta diversidad en la igualdad es enriquecedora e indispensable para una armoniosa convivencia humana: “La condición para asegurar la justa presencia de la mujer en la Iglesia y en la sociedad es una más penetrante y cuidadosa consideración de los fundamentos antropológicos de la condición masculina y femenina, destinada a precisar la identidad personal propia de la mujer en su relación de diversidad y de recíproca complementariedad con el hombre, no sólo por lo que se refiere a los papeles a asumir y las funciones a desempeñar, sino también y más profundamente, por lo que se refiere a su significado personal.
La mujer es el complemento del hombre, como el hombre lo es de la mujer: mujer y hombre se completan mutuamente, no sólo desde el punto de vista físico y psíquico, sino también ontológico. Sólo gracias a la dualidad de lo “masculino” y lo “femenino” se realiza plenamente lo “humano”. Es la “unidad de los dos”,288 es decir, una “un dualidad” relacional, que permite a cada uno experimentar la relación interpersonal y recíproca como un don que es, al mismo tiempo, una misión: “A esta ‘unidad de los dos’ Dios les confía no sólo la opera de la procreación y la vida de la familia, sino la construcción misma de la historia”.289 “La mujer es ‘ayuda” para el hombre, como el hombre es ‘ayuda’ para la mujer”:290 en su encuentro se realiza una concepción unitaria de la persona humana, basada no en la lógica del egocentrismo y de la autoafirmación, sino en la del amor y la solidaridad.

Las personas minusválidas son sujetos plenamente humanos, titulares de derechos y deberes: “A pesar de las limitaciones y los sufrimientos grabados en sus cuerpos y en sus facultades, ponen más de relieve la dignidad y grandeza del hombre. Puesto que la persona minusválida es un sujeto con todos sus derechos, ha de ser ayudada a participar en la vida familiar y social en todas las dimensiones y en todos los niveles accesibles a sus posibilidades.

Es necesario promover con medidas eficaces y apropiadas los derechos de la persona minusválida. “Sería radicalmente indigno del hombre y negación de la común humanidad admitir en la vida de la sociedad, y, por consiguiente, en el trabajo, únicamente a los miembros plenamente funcionales, porque obrando así se caería en una grave forma de discriminación: la de los fuertes y sanos contra los débiles y enfermos”. Se debe prestar gran atención no sólo a las condiciones de trabajo físicas y psicológicas, a la justa remuneración, a la posibilidad de promoción y a la eliminación de los diversos obstáculos, sino también a las dimensiones afectivas y sexuales de la persona minusválida: “También ella necesita amar y ser amada; necesita ternura, cercanía, intimidadsegún sus propias posibilidades y en el respeto del orden moral que es el mismo, tanto para los sanos, como para aquellos que tienen alguna discapacidad.

E) LA SOCIABILIDAD HUMANA

La persona es constitutivamente un ser social, porque así la ha querido Dios que la ha creado.295 La naturaleza del hombre se manifiesta, en efecto, como naturaleza de un ser que responde a sus propias necesidades sobre la base de una subjetividad relacional, es decir, como un ser libre y responsable, que reconoce la necesidad de integrarse y de colaborar con sus semejantes y que es capaz de comunión con ellos en el orden del conocimiento y del amor: “Una sociedad es un conjunto de personas ligadas de manera orgánica por un principio de unidad que supera a cada una de ellas. Asamblea a la vez visible y espiritual, una sociedad perdura en el tiempo: recoge el pasado y prepara el porvenir

No hay comentarios.:

Publicar un comentario