sábado, 18 de noviembre de 2017

1 CLASE DE POLITICA Y DEMOCRACIA.



 FILOSOFÍA Y ÉTICA POLÍTICA.

1. ESTATUTO EPISTEMOLÓGICO DE LA ÉTICA SOCIAL.



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La ética es el estudio sistemático de la moral, o teoría de la moral, y se instala en el devenir discontinuo de la historia. A su vez, la moral es el conjunto de normas y reglas de comportamiento en una sociedad y en una época, y cuya esencial función es distinguir lo bueno de lo malo desde un criterio de perfección: tradiciones y costumbres y formas de convivencia socialmente aceptadas. Así, la moral responde a un ideal concreto de hombre y a los medios para mantenerlo o lograrlo. En su Diccionario de Filosofía, José Ferrater Moral. 
En la evolución posterior del sentido del vocablo, lo ético se ha identificado cada vez más con lo moral, y la ética ha llegado a significar propiamente la ciencia que se ocupa de los objetos morales en todas sus formas, la filosofía moral.

Como estudio sistemático de la moral, la ética señala los conceptos básicos que permiten la comprensión de la conducta humana, de las leyes que la regulan y de los valores que la fundamentan y la orientan en la adecuación de actitudes sociales y en patrones de comportamiento considerados ideales por la sociedad. Michael Ryan, en su texto “Ética Social”, dice: 
Efectivamente, hay que superar la impresión de que la moral es algo “negativo” y llena de prohibiciones. Al contrario, si recordamos la frase de san Agustín de que la felicidad está en la dicha que procede de la verdad, nos damos cuenta de que la moral no es más que el esfuerzo de conocer aquella verdad de la conducta que, a su vez, será nuestro único camino auténtico hacia la felicidad. Una felicidad que no se funda sobre la verdad, tarde o temprano mostrará su engaño.

Por tanto, la ética ofrece los elementos para la reflexión filosófica y la crítica de las acciones humanas en lo individual, lo social y lo político. Además aborda el concepto de libertad como capacidad reflexiva que concreta las acciones honestas del individuo en la construcción de su carácter y que se manifiesta de dos modos: la relación consigo mismo y su relación con los otros. Esta última relación señala el concepto política, asumiéndose en el devenir cotidiano de la sociedad y en la construcción de las instituciones y del Estado. Michael Ryan,   en el texto señalado, precisa:
La historia de la ética social está íntimamente ligada a la historia de la ética general. Casi todas las teorías que han tratado de explicar el fenómeno ético – hedonismo, eudemonismo, etc. – han sido aplicadas a las acciones sociales de los hombres. También han ido a la par con el pensamiento político vigente.

Así, pues, la ética recupera hoy su vigencia en todos los quehaceres humanos: ante los procesos modernos que buscan intereses distintos al reconocimiento que demanda la condición humana, algunos pensadores contemporáneos señalan la ética como candidata a nuevo paradigma. Por eso, en la segunda mitad del Siglo XX surge en los círculos intelectuales la reflexión sobre el discurso científico. Pero esta epistemología no es la clásica Teoría del Conocimiento (o Gnoseología) cuyo inventario son los ismos que pretenden la verdad; ni la Filosofía de la Ciencia (de Comte y S. Mill) que promueve el positivismo. Es una epistemología que piensa el estatuto de cada ciencia, señalando su validez y posición ante el fenómeno humano. En últimas, en la base de la epistemología se halla la ética: es crítica del discurso científico y del científico, a la luz de lo que la ciencia y el científico provocan en el ente social e individual humano.

Se deduce que la ética considera el devenir del quehacer científico en los aspectos económicos, políticos y sociales que trazan el destino de la ciencia. Entonces, y porque el hombre es el fin último de las ciencias, la ética social se constituye en su fundamento y establece relaciones de vecindad con todas ellas. Así, existen múltiples relaciones de la ética social en el concierto universal del saber, de modo que nos atenemos a los ítems propuestos por Michael Ryan.  en su texto “Ética Social”: la ética social y las ciencias empíricas o positivas, las ciencias sociales teológicas y las ciencias sociales filosóficas.

Sobre las ciencias empíricas o positivas, se indica que desde finales del Siglo XIX el hombre quiso explicarse a sí mismo y al mundo desde un carácter mecánico y funcionalista, pragmático y utilitario, reduciendo su compleja condición al dato frío de la estadística propia del método científico, herencia de la matemática y la física. El resultado es el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la industria, pero también las ideologías de los estados y las instituciones, cuya tendencia es el olvido del sentido del hombre. Por supuesto: es determinante la influencia del positivismo en las nacientes ciencias sociales. Michael Ryan.

Estas ciencias estudian el hecho social desde el punto de vista de lo observable y usando el método experimental. En esta categoría cabe todo un abanico de disciplinas como son: la antropología, la economía, la historia, la política, la sociometría, la estadística, la biología social, la psicología social, la higiene social, la etnología, la sociografía, la demografía y, con una importancia especial para la ética, la sociología.

Las ciencias sociales buscan explicaciones sobre el hombre, y no del hombre en sí. Cada una quiere delimitar un aspecto de la vida del hombre como objeto al que se le aplique el método experimental. Estas ciencias han olvidado al hombre, en su interés por las causas de ciertos fenómenos humanos, como si el hombre pudiera estudiarse fragmentadamente, o como si lo humano se redujera a objeto particular de estudio. Sobre la sociología, Michael Ryan.

La sociología estudia las relaciones interhumanas y la influencia que ejerce la vida sobre los individuos. Su método es el de la observación empírica, aunque también usa las estadísticas. La sociología ha contribuido mucho para aclarar qué es la relación social y darle un lugar específico. Se le suele dividir en sociología general – que estudia las características generales de la realidad social – y sociología especial, por ejemplo, del trabajo, de la educación, de la criminalidad, etc.

Este comportamiento ha hecho que las nociones sobre lo humano carezcan de la profundidad y la totalidad exigida, y sí coherentes con intereses epistemológicos particulares. Así, estas ciencias, derivadas de la física y la matemática (modelo nomológico-deductivo o de hipótesis) no han logrado una autonomía de objeto ni de método ni de lenguaje, que les permita abordar el problema humano desde un carácter más interpretativo y universal. A propósito, Michael Ryan.

Su método es describir, medir, comparar las relaciones sociales y formular hipótesis explicativas que luego trata de verificar. Las leyes sociológicas son leyes de ipso, dicen cómo están las cosas pero no cómo “deben” estar. Y, a diferencia de las ciencias que tratan las cosas materiales, sus leyes no pueden ser tan fijas, tan exactas, porque aquí se juega con el factor libertad y espontaneidad.

Pero es innegable el aporte de estas ciencias a la explicación del fenómeno humano: sus descubrimientos, expresados en teorías, iluminan aspectos de la existencia que permiten comprender mejor la diversidad de comportamientos humanos en su ser individual y social. Pero estos datos, de corte explicativo, dan cuenta apenas de sus causas y no de su telos, porque el interés no consiste en los problemas de la ética. Es decir, si bien las ciencias sociales entrañan una ética, no se ha preocupan por el carácter ético del hombre. Michael Ryan.

Con sus conocimientos, la sociología busca prevenir los acontecimientos sociales y se pone al servicio de la pedagogía social y de las ciencias del futuro. Veremos que esto supone necesariamente un ideal de la sociedad. Y éste, a su vez, pide una ética. Sin embargo, la sociología no considera directamente los valores éticos.

La sociología corre el peligro de salirse de su propio campo empírico y proponer sus “leyes” como absolutas también para la conducta. Se establece entonces la “ley de la mayoría”. Se confunde el “así es” con el “así debe ser”.

A su vez, las Ciencias sociales teológicas no se desligan radicalmente de los aportes de las ciencias sociales, pero a diferencia de éstas establecen el ser y el deber ser a partir de la revelación, implicando un ethos de la vida social. Allí el hombre es y existe en su mundo y en sus circunstancias, siendo un ser trascendente y persona merecedora de respeto y dignidad. Para estas ciencias la sociedad puede transformarse hacia estructuras más justas y dignas del hombre como hijo de Dios. Michael Ryan.

Consideran la realidad social bajo la luz de la revelación. Combinan una teología de la vida social con una moral de la vida social. El objeto material es el mismo. El objeto formal es distinto. En este campo se encuentra la doctrina social de la Iglesia, que se inspira, además en la razón, en la revelación y en el Magisterio de la Iglesia. Se estructura en diversos niveles: principios fundamentales, juicios de valor y directivas de acción. La doctrina social de la Iglesia tiene como finalidad la instauración y la restauración del orden social tal como es querido por Dios creador y revelado en Cristo. Quiere transformar la sociedad de acuerdo a dicha doctrina para que sea digna del hombre y del cristiano.
           
Por su parte, las Ciencias sociales filosóficas se asumen como “filosofía social” y “ética social”. La primera se basa en perspectiva aristotélica, oponiéndose al positivismo. Su método hermenéutico: interpreta y comprende el fenómeno social. Por ello, la filosofía social va de lo particular a lo general y viceversa, logrando el encuentro circular de lo inductivo y lo deductivo en las nociones últimas de los fenómenos humanos. Al respecto, Michael Ryan.


La filosofía social, en cuanto filosofía, estudia la esencia del fenómeno social, es decir, estudia sus últimas causas – material, formal, eficiente y final -. Es una metafísica del ser social, comienza ahí donde terminan las ciencias empíricas. (...) Es fácil reconocer la importancia de una verdadera filosofía del hombre, ya que una filosofía falsa seguirán consecuencias falsas.

Hija de la filosofía social y sobre su base epistemológica, la ética social parte del criterio de que el hombre es ser social, que pese a su individualidad se relaciona con el otro en quien halla significado y sentido para su existencia, constituyéndose en comunidad: el hombre nace y se hace en comunidad. pero el nacimiento y la construcción de una comunidad no son espontáneos ni arbitrarios, dado que las personas son únicas e irrepetibles, poseen voluntad e ideales propios, intereses y criterios personales sobre el mundo, la vida y el ser; por ello la comunidad requiere unas normas mínimas para la convivencia de la diversidad y de la diferencia. Son normas legales, de justicia, o morales, en cuanto deber ser del hombre.

Se sigue que la norma moral, o del deber ser, deviene de los valores humanos que buscan afirmar la vida y la especie, de modo que el hombre alcance su plenitud. De allí parte la honestidad en cuanto acciones correctas y coherentes con los valores humanos que buscan la virtud; las acciones deshonestas van en contra de estos valores: afirman la muerte y aniquilan las capacidades humanas, tendiendo al vicio. En tal sentido, Michael Ryan.


La ética social estudia el fenómeno social en relación con la norma moral. El objeto material de la ética social es la actividad y relación social delas personas físicas o morales. El objeto formal es la rectitud u honestidad de tal actividad. La norma que mide dicha rectitud es la esencia del hombre como ser social y la esencia de las instituciones sociales fundadas en dicha naturaleza social del hombre. En otras palabras, la verdad esencial estudiada en la filosofía social es, al mismo tiempo, vista por la razón práctica como la norma moral de las acciones. La ética social, pues, es el conjunto de consecuencias “prácticas” derivadas de la filosofía social.

2. LA SOCIEDAD HUMANA: ORÍGENES, NATURALEZA Y FUNDAMENTO.
La ética social estudia y establece los principios que iluminan al hombre y que se expresan en la naturaleza social, el bien común, la autoridad y la subsidiaridad. No obstante, como concepto equívoco, se entiende por sociedad diversas nociones propias de tendencias distintas. Así, el concepto individualista plantea que la sociedad no existe, propendiendo por el individuo y sus intereses y alejándose del fin común del ente social. Por su parte, la tendencia colectivista le da a la sociedad una existencia que trasciende al individuo, negando la autonomía y la libertad de la persona. Estas perspectivas no abarcan la totalidad del fenómeno. En el texto Ëtica Social, Michael Ryan, L.C[12]., sintetiza el concepto de sociedad:
En resumen, podemos decir que la sociedad está orientada a una unidad, que no es física, sino moral; que no es sólo interna, sino también externa; que no es transitoria, sino estable; que no es sólo local – v.gr., la cárcel -, sino intencional; que contiene un principio de autoridad que promueve la unidad.

Indica además que toda sociedad posee estas propiedades: 1. Pluralidad de personas – al menos dos -. 2. Unidos en una forma estable y duradera. 3. Cooperando para la consecución de algún fin. Y 4. Con un vínculo moral entre ellos. El primero alude al carácter plural: en la sociedad las personas concurren en su dignidad, forjando un mundo diverso de ideas, voluntades, intereses, ideales, etc.. El segundo precisa el carácter histórico: la sociedad es un fenómeno inserto en el tiempo donde se construye y se estabiliza. El tercero señala su carácter teleológico, precisando los fines comunes de los asociados: el bien común. Y el cuarto indica los lazos que estrechan la cohesión social, mediante principios y normas reguladores del “deber ser”. En suma, y según Michael Ryan.


El sujeto es persona. La sociedad como accidente no está en lo cualitativo, ni en lo cuantitativo, ni en la acción, ni en la pasión, sino en la relación. No es sólo una relación de similitud – lengua, color... -, ni la relación de subordinación a un superior... sino una relación de orden. Y es una relación real – distinta de una relación meramente mental – porque todos los elementos de que consta son reales: el sujeto es real, el término es real, el fundamento es real, pues es la naturaleza social del hombre que empuja a una real cooperación para conseguir un bien que le es connatural.

Asimismo, la sociedad posee unos atributos que la delimitan en el concepto y en su razón de ser: 1. La sociedad es un todo (“totum quid”). 2. La sociedad es un organismo. 3. La sociedad es una fuente distinta de actividad. Y 4. La sociedad es sujeto de derechos y deberes. Por tanto, no se la concibe como una reunión de personas ni como instrumento para que el hombre ejerza su individualidad. Más bien, la sociedad es una totalidad porque sostiene, incide e interviene en los asociados y en los estamentos que conforman su organización.

A su vez, este sello de organización le dan una categoría de organismo o de sistema: sus partes están articuladas de tal modo que le permiten sostener una coherencia abierta y cerrada en sí misma. Por ello, más allá de las acciones de las personas, la sociedad efectúa actividades específicas, considerando que responde a unos ideales y fines propios. Se infiere que la sociedad, sin ser persona (aunque sí persona moral) se responsabilice de unas obligaciones propias y con sus asociados, pero también ejerza lo que para sí merece y le corresponde. En síntesis, la sociedad es sujeto de derechos y deberes. Según Michael Ryan.


Después de explicar el sentido preciso de los atributos podemos concluir que constituyen expresiones simbólicas o metafóricas. No son verdaderas analogías. Sin embargo, en toda metáfora se oculta un núcleo de realidad, y con él un resto de analogía. En el caso de la sociedad y del organismo vivo el elemento más importante está en la teleología de las partes. Aquí es donde sí hay un aspecto de analogía. De hecho, el concepto de organismo ha sido siempre el concepto más idóneo y preferido, con grande importancia en la teología también.

Sobre su origen, la sociedad hunde sus raíces en la naturaleza del hombre, es decir, como constitutivo de la condición humana aparece una fuerte tendencia que lleva a los hombres a establecer fuertes relaciones entre ellos. Asimismo, la sociedad responde a la naturaleza del hombre por dos grandes vectores: un origen remoto y un origen próximo. El primero se refiere a la parte natural del hombre (creación de Dios), dada a priori, relacionada con la experiencia y la reflexión filosófica. Por la experiencia, el hombre edifica su destino y su existencia en el mundo y en sus circunstancias. Eso lo lleva a relacionarse con otros, a establecer compañía y ayuda mutua, en un sentido gregario o colectivo.

A su vez, este carácter colectivo es mediado por el lenguaje, que le permite al hombre expresar y comprender ideas, sentimientos y voluntades. Sin lenguaje no hay comunicación humana y sin ella no hay comunidad. Y en la comunidad logra el hombre plenitud en los aspectos materiales y espirituales; en la comunidad nace y se hace persona, siempre en un continuo devenir y búsqueda de sus virtudes.

De allí se desprende la reflexión filosófica o la capacidad humana de pensar, de razonar y de establecer una dialéctica entre el ser  y el deber ser. Por ello el hombre está en búsqueda de la excelencia (o plenitud de sus facultades) así como está presto a que otros, en un sentido pedagógico, logren dicha excelencia. Aparece así la solidaridad como la tendencia que lleva al hombre a comprenderse como ser mortal, pero susceptible de perfeccionamiento y que se proyecta en el “otro”, sin quien su excelencia no tiene sentido. El hombre es solidario porque descubre en sí mismo la naturaleza humana y porque la descubre en los “otros”.

El origen próximo (o inmediato) se refiere a la parte específica de los hombres, las facultades que le determinan y posibilitan sus acciones concretas en el tiempo y en el espacio. Estas facultades son la inteligencia y la voluntad. La primera (logos o ratio) le permite discernir el mundo, pensarlo, ejercer la reflexión para alcanzar la intelección de lo que se considera correcto. La segunda es el querer ser. Así, inteligencia y voluntad le dan al hombre la libertad. Según Michael Ryan.


Nosotros afirmamos las dos dimensiones en el origen de la sociedad. Por tanto, el origen remoto –radical- de la sociedad se encuentra en la naturaleza de la persona – y en Dios como autor de la naturaleza.- El origen próximo e inmediato que determina la forma concreta de la sociedad depende de las facultades específicamente humanas de la inteligencia y la voluntad. Las sociedades no surgen sin el consentimiento, implícito o explícito, de las personas. Así, es manifiesta la parte natural, dada a priori, y la parte activa de los hombres en la formación de la sociedad.

De lo dicho surgen los principios fundamentales de la vida social: 1. La persona humana es el origen y el fin de la sociedad; 2. El principio de solidaridad; 3. El principio del bien común; 4. El principio de subsidiaridad; 5. La dignidad del trabajo humano; 6. El destino universal de los bienes. Según la persona humana como origen y el fin de la sociedad, toda persona pertenece a la especie, poseyendo la razón y la voluntad, lo que le permite ser libre, responsable y sujeta de derechos y de deberes: la persona es digna. Sobre esa base, se erigen los derechos humanos que deben considerarse a todas las personas sin discriminación.

La solidaridad obedece a la virtud dirigida a la interacción y la interdependencia de las personas, siendo una actitud moral y axiológica en la sociedad. Su tendencia fundamental es la defensa y la promoción del bien común, como búsqueda del bienestar de los asociados, para que cada uno logre, bajo su responsabilidad, la plenitud a la que aspira toda persona. En este sentido, y por la sociabilidad, se establece una dialéctica de reciprocidad: la sociedad se debe a la persona y la persona se debe a la sociedad. Al respecto, Michael Ryan.


Este principio ontológico (id quod est) es también un principio ético (id quod debet esse). Los hombres como seres racionales y libres deben ordenar sus acciones al orden objetivo. El orden objetivo social pide aquella apretura de los miembros hacia la sociedad y hacia el bien común, que es necesario para que puedan adquirir la perfección que le es debido como imágenes de Dios. Eres social. Actúa socialmente. El hombre debe actuar de acuerdo a la naturaleza social querida por Dios. Por lo tanto, los miembros tienen deberes morales hacia la comunidad.

Este principio ontológico y ético, se convierte también en un principio jurídico. La sociedad, como unidad de orden, logra su fin mediante el derecho y la ley que ordena la actividad de todos hacia el fin común y coordina los derechos de cada persona.

Según el bien común, las personas, las instituciones y la sociedad deben buscar el bienestar de todos los miembros. Asimismo, es de considerarse que la sociedad como ente distinto de sus asociados, tiene su propio fin: el bien común, promovido para que los asociados hallen los medios necesarios para su plenitud. Así, el bien común debe ser promovido por todos y cobijar a todos, y todos, al desearlo, deben someterse a él. En las palabras de Michael Ryan.

El bien común es la organización de los diversos elementos de las fuerzas sociales creando el conjunto de condiciones que permite a todos los miembros buscar una plena existencia humana.

Según la subsidiaridad, debe considerarse la reciprocidad entre las partes y el todo del ente social, sobre todo en lo concerniente a las obligaciones o deberes. Así como los miembros deben subordinarse a la totalidad para promover y conservar el bien común, la totalidad debe proveer a los subordinados los elementos materiales y espirituales que les ayude a alcanzar su plenitud. Ello tiene unas implicaciones prácticas, las que se estipulan en el texto “Ética social”, de Michael Ryan, L.C. Así:
1.      Se afirma la autonomía, el primado, la iniciativa y la responsabilidad de las personas y de las sociedades inferiores.
2.      Se prohíbe a la sociedad superior impedir aquella iniciativa o asumir funciones propias de las personas y de las sociedades inferiores.
3.      Se impone a la comunidad superior el deber de subsidiar a las inferiores, creando las condiciones, etc., para que puedan realizar sus iniciativas.

El principio de subsidiaridad señala el carácter dinámico de la sociedad sobre criterios de solidaridad. Así, el ente social es dinámico por las fuerzas autónomas de sus miembros, pero reguladas y orientadas por principios de autoridad y gracias a la voluntad quien desea plenitud y bienestar, aspectos constituidos en la razón de ser de la sociedad y que justifican el carácter social del hombre.

De allí surgen principios de orden metafísico, ético social y jurídicos, entrelazados en la acción personal y social. El principio metafísico responde al criterio de que la persona y la sociedad son libres de asumir su ley y de ejercer su autonomía. El     principio ético social responde al criterio de que la sociedad se debe al carácter subsidiario, para que sus miembros alcancen la realización querida. Y el principio jurídico, responde al criterio de la justicia distributiva: la responsabilidad de dar a cada quien lo suyo. En resumen, Michael RyaN.

Aquí se funda también el pluralismo como consecuencia de la concepción de la sociedad como organismo en el cual se respeta el lugar, la función y la autonomía de cada parte. Esta concepción orgánica de la vida social con su dinamismo interno, cuerpos intermedios, concertación hacia el bien común forma un sub-principio importantísimo. Dicha organicidad, a su vez, asegura otra cualidad esencial: la participación. Es un punto importante y ocupa un puesto predominante en la doctrina social de la Iglesia reciente. Su fuerza radica en el hecho de que la participación justa, proporcionada y responsable asegura la realización de las exigencias éticas de la justicia social.

Según la dignidad del trabajo humano, el trabajo es un valor y un bien individual y social. Por el trabajo el hombre hace aquellas acciones que afirman y realizan su ser. El trabajo, como actividad productiva en los aspectos materiales y espirituales, se constituye en un fundamento de la estructura social.

Según el destino universal de los bienes, toda la obra de Dios está destinada para los hombres, así que, por el principio de justicia y de caridad, todos los hombres deben disfrutar las obras de la creación, y también de las obras humanas: ninguna criatura humana debe excluirse de los beneficios de la cultura. Pero estos principios no son posibles si hay un vacío en la autoridad social, como resultado de la acción social. Esta autoridad es una consecuencia del orden social, por ello se funda en la naturaleza del hombre y de la sociedad, siendo intrínseca a ella. Asimismo, por la autoridad social se da el principio de unificación, tan necesario en la convivencia. Allí se sostienen también los criterios de justicia y los fines pedagógicos indispensables para la formación de los individuos.

Así, el origen inmediato de la autoridad está en la sociedad y el origen remoto se halla en Dios. Al respecto, en el texto mencionado, Michael Ryan.


(...) Si la sociedad exige necesariamente un principio unificador que dirija las voluntades y las actividades de los socios hacia el bien común, podemos decir que el origen inmediato de la autoridad social está en la misma sociedad, que, en su esencia, requiere todo aquello sin lo cual no puede subsistir. Como consecuencia las notas esenciales de la autoridad se derivan de la misma naturaleza de la  sociedad y son anteriores a las determinaciones libres de la voluntad humana.

Dios es el origen último de toda autoridad en cuanto creador del hombre y de su esencia social. En este sentido toda autoridad humana es de alguna forma una participación de la infinita potestad de Dios; cuando se manda legítimamente se hace en el nombre de Dios.

Según sus funciones, la autoridad debe conocer y determinar el fin y los medios más aptos y justos para alcanzarlo. Debe tener la claridad para orientar a los asociados. Debe diseñar las leyes y defender y coordinar los derechos y deberes de todos. A su vez, los límites de la autoridad los determina, en lo inmediato (leyes naturales), el bien común, y en lo remoto Dios (leyes sobrenaturales). Otros límites los demarcan los derechos de los súbditos y de los Estados, por tanto, la autoridad debe considerar la justicia y la prudencia, sometimiento a su poder lo que pertinente a las acciones externas o fuero externo. También, los socios deben obedecer a la autoridad en lo relacionado con el bien común, considerando que cada quien puede adelantar sus acciones personales conducentes al bien común.

4.                  HISTORIA DE LA FILOSOFÍA POLÍTICA.
Para comprender el concepto y la validez de la ética social, se debe conocer las nociones propias del fenómeno político y los diferentes momentos históricos propios de la ética y de filosofía política. Al respecto, la cultura de Occidente hunde sus raíces en la cultura greco-romana, la que le da paso al medioevo para alcanzar luego la cultura moderna y después el mundo contemporáneo. A continuación, se presenta un recorrido histórico de las formas del pensar político.

4.1. EDAD ANTIGUA.
4.1.1. Grecia y el mundo helénico.
La filosofía griega presenta dos periodos: los presocráticos y la filosofía clásica. Los presocrátiocos, o primeros físicos, quieren conocer el arché de lo existente. Para la filosofía clásica y la sofística hay una problemática compleja, cuyo centro es el hombre y sus acciones, surgiendo conceptos como la ética, la política y la antropología, y que tendrán tratamientos disímiles y diversos, no sólo por los sofistas interesados en la política, sino por Sócrates, Platón y Aristóteles. Así, en la Grecia de Pericles el hombre es el centro de la filosofía, a quien se le considera como amante de la libertad e individualista, pero entregado al reconocimiento y defensa de la polis, razón de ser de la vida ciudadana. Michael Ryan.


Para los atenienses la libertad tiene una dimensión más amplia que la política: es  derecho a hacer lo que se quiere. Es de cuño individualista. La Democracia (Atenas, siglo V) se define como gobierno del pueblo, pero su significado le viene más bien por su oposición a las tiranías y a las oligarquías que por su concepto claro de pueblo. Se funda sobre la igualdad política, pero no pone el problema de la igualdad social. Su carácter principal es la participación activa de los ciudadanos en la vida pública. Quien evade este deber es considerado como un inútil. Los poderes legislativo y judicial son de la asamblea popular, preocupada sobre todo, después de amargas experiencias, de evitar el abuso en el poder ejecutivo. Prefieren un poder no excepcional, designándola a suerte y no escogiendo a los más capaces.

Sócrates, y distinto de los sofistas, interesados en la política, el gobierno y el Estado (lo que incidirá en la consolidación de la democracia griega), se preocupa por la interioridad y el alma humana, y establece de una axiología, cuya cúspide es el saber, o máxima areté, propio de la condición humana que desea obtener la excelencia. En el Diccionario mencionado, dice José Ferrater Mora.

Muchos autores consideran a Sócrates como fundador de una reflexión ética autónoma, aun reconociendo que la misma no hubiera sido posible sin el sistema de ideas morales dentro de las cuales vivía el filósofo y especialmente sin las cuestiones suscitadas acerca de ellas por los sofistas.

Sócrates influye en Platón, quien profundiza y sistematiza su pensamiento hacia un discurso total y coherente sobre el mundo, la vida y el hombre. Este ateniense de 427 a. C., aborda temas como el pensamiento, la antropología, la política, la ciencia y la ética, entre otros. Su Teoría de las Ideas parte de un dualismo: la separación en el hombre del cuerpo y el alma, donde ésta pervive antes del nacimiento y después de la muerte del cuerpo, el que se torna en la cárcel del alma, siendo mortal, mutable e imperfecto. Así, la esencia del hombre es el alma, expresada en las ideas, las que deben cuidarse y cultivarse mediante el ejercicio de la razón para retornar al Demiurgo o Mundo de las Ideas. Distinto del mundo de los sentidos, el Demiurgo es perfecto, inmutable y eterno, de donde se infiere una axiología rigurosa para el hombre griego que busca la perfección y el bien.

Sobre política, Platón propone un sistema perfecto erigido sobre la justicia, para una ciudad que propicie la formación de ciudadanos buenos. Está convencido que ante el vicio siempre triunfa la virtud. Por ello propone un Estado estructurado sobre tres elementos: Los filósofos-reyes: (de ambos sexos), Esta clase, resultado de una paideia rigurosa, comporta el saber y se encarga del gobierno de la República. Los Guardianes, que comportan la virtud de la valentía, se materializan las órdenes de los gobernantes y defienden la ciudad: constituye un ejército. Los campesinos y artesanos, que comportan la virtud de la moderación, sostienen económicamente al Estado. Michael Ryan.


En su edad madura (Las leyes) Platón ya no busca un Estado ideal sino el mejor Estado posible. Cae en la intolerancia respecto a la libertad religiosa – dura represión al ateismo -; su anterior abolición de la propiedad privada para la clase dirigente queda mitigada y pasa al concepto de “todos propietarios”; la aristocracia agraria sería la base de la ciudad. Propone una vida cotidiana minuciosamente disciplinada con rigurosas normas de moralidad privada, comidas en común, prohibición de ir al extranjero, delación obligatoria entre los ciudadanos. En fin, un sistema rigidísimo, consecuencia en parte a las desilusiones políticas sufridas.

A su vez, Aristóteles construye una filosofía opuesta a su maestro Platón. Plantea un hylemorfismo para explicar la esencia del universo y del hombre: la materia posee una forma y la forma es inherente a la materia; así, el cuerpo es la materia y el alma es la forma, siendo las dos entidades expresiones de la misma esencia. En el hombre el alma es la razón, y el alma sensitiva y vegetativa, herencia de animales y vegetales. Por ello, interesado por las acciones humanas, Aristóteles profundizará en las dimensiones individuales y sociales, en lo público y lo privado, elaborando asombrosas teorías sobre la ética y la política, y que aún hoy son claves para la comprensión del hombre y la sociedad. Dirá Michael Ryan.

De su concepción ética del bien, como “vía del medio” entre el bien y el mal absoluto, deriva la fórmula política ideal: democracia moderada, fundada sobre la clase media, fiel a las leyes y lejos de los excesos. Aristóteles tiene confianza en el valor de la mayoría, pero toma en cuenta el mérito.

Sobre la ética (o ethos) Aristóteles señala el telos o fin último como la razón de ser o el ideal al que tiende la condición humana. Este telos es la excelencia o plenitud de las capacidades humanas. Así, por las acciones habituales honestas y la libertad guiada por la razón, el hombre se aproxima a su forma más humana. Por ello propone un arte de vivir o del vivir bien, bienestar que también debe ser propio de la comunidad y que denominará política, o arte de vivir con los demás. En tal orden, la ética y la política son dimensiones relacionadas dado que se dirigen al mismo fin: el bienestar del hombre. Para el Estagirita el hombre es social, y se debe a la comunidad tanto o más que así mismo. Michael Ryan.


Para Aristóteles el hombre es un animal político – de “polis”-, porque el hombre tiende por naturaleza a vivir en, por y para la polis: comunidad perfecta. Por tanto, vivir en la ciudad no significa un mero “estar en” o “instalarse en”, sino que conlleva una tarea, un deber ético.

La importancia de la ética para la comunidad y la sociedad radica en la necesidad de establecer unas regulaciones sobre las costumbres acogidas por todos y sobre las acciones conscientes y conducentes al mejoramiento del ser colectivo e individual. De allí surge la ética política, de modo que no se puede abordad la política sin considerar la ética, y viceversa. Dirá Aristóteles.

Ya que vemos que cualquier ciudad es una cierta comunidad, también que toda comunidad está constituida con miras a algún bien (por algo, pues, que les parece bueno obran todos en todos los actos) es evidente. Así que todas las comunidades pretenden como fin algún bien; pero sobre todo pretende el bien superior la que es superior y comprende a las demás. Esta es la que llamamos ciudad y comunidad cívica.


Estos postulados sitúan la ética y la política en la esencialidad de la condición humana, provocando la comprensión de los sistemas sociopolíticos, y más si se les asuma de la reciprocidad entre el individuo y la sociedad para el surgimiento del estado. En su búsqueda de recrear y crear la cultura para su beneficio, el hombre traza formas sociales plegadas a sus intereses. Así, los sistemas sociopolíticos son dinámicos y tienen un carácter histórico. Por ello, su reflexión no alcanza aún la profundidad que se conoce en la época moderna.

4.1.2. Roma y el cristianismo.
Una vez la civilización griega es absorbida por el imperio romano, su fuerza pierde toda dirección y se ampara en la nostalgia, por tanto el interés por la ética y la política se pierde. El imperio romano deviene en condiciones económicas, políticas, sociales y culturales propias, por eso son otras las preguntas que llaman a los filósofos. Pero en la política el imperio romano necesita establecer reglas de juego con sus nuevas colonias, de modo que el Derecho se constituye en objeto del pensar filosófico. En el texto “Ética social”, Michael Ryan.

Graves fenómenos sociales agravaban la situación de la República: había dos grupos nuevos inquietos: una clase media desangrada por las guerras y por la competencia con las grandes propiedades senatoriales se iba convirtiendo en proletaria, y los nuevos ricos – los odiados recaudadores de impuestos – reclamaban parte del poder del senado. Tiberio y Cayo Graco perderán la vida en el vano intento de hacer una reforma agraria en contra de los intereses patricios. Pocos años después se tendrán las revueltas de los esclavos.

Cicerón es representante del pensamiento filosófico del Derecho y de la Roma republicana; toma una posición mediadora entre la oligarquía y el partido popular. Sobre la “ley natural” dice que de la relación de la recta razón y la naturaleza emana la verdadera ley, la que deben atender los hombres, puesto que es eterna y universal. Por ello, no hay modo de evadir la responsabilidad debida: pervive siempre en las acciones de los hombres. Michael Ryan.

Esta concepción de ley natural constituye una elevación por encima de lo particular y lo contingente, hasta un ideal universal y necesario de conducta, que describe de qué manera uno debe comportarse para ser verdaderamente hombre. Está por encima de la ley humana. Aquí Cicerón hace la clara distinción entre ius y lex, distinción fundamental para toda la filosofía social y para el tema de los derechos humanos.

Y Roma deja la república y acoge la monarquía absoluta de los emperadores; allí se rinde culto a Roma y a la personalidad. No obstante, con Vespasiano (a. 69) empieza una línea política distinta, caracterizada por la amplitud y la integración del imperio romano: asumen el poder los nobles de la provincia, obedeciendo a una tendencia más moral (estoica) que política, por la intención de posibilitar la participación de todos en los intereses del imperio.

En el siglo I los cristianos se someten al Estado, pero en el siglo II logran las clases elevadas, provocando el problema de conciliar la fe y la política, o la fe y el Estado. Se genera así un cambio en la perspectiva filosófica, dado que rompe con el modelo anterior de la ley positiva. En consecuencia, y a partir del Edicto de Milan (a. 313) el poder civil de Roma le da derechos a la Iglesia y la llama en su auxilio. En relación con este problema, Michael Ryan.

Se resolverá diversamente en Oriente y Occidente. En Oriente se lleva al límite la teoría del origen divino del poder político. Un pensamiento neoplatónico conduce a la idea de un orden social querido por Dios, del cual el monarca es imagen y expresión. En esa línea la herejía ariana subordina el Verbo al Padre, haciéndolo la primera creatura para luego decir que el Logos “fortifica al príncipe con su soplo, lo ilumina con su revelación, le participa su virtud”. No es de maravillarse que partiendo de estas premisas el emperador intervenga en Oriente en la designación episcopal e, incluso, en cuestiones dogmáticas. Pero, a partir del siglo IV, la Iglesia comienza a tomar posición frente a ciertas cuestiones con carácter social-político: los esclavos, la pobreza (cf. Gregorio de Nisa, Juan Crisóstomo).

Ahora bien: Occidente carencia de autoridad civil, por lo que la Iglesia se obligó a ingresar en espacios como el ejercicio del poder y de la política. Se menciona el caso de San Anselmo y la defensa de San Agustín.

4.2. EDAD MEDIA.
Sobre la cultura grecorromana se erige el Medioevo (del Siglo II al Siglo XVI d. c.) Posee sus condiciones económicas, políticas, sociales, culturales y espirituales y sus problemas y preguntas sobre la ética política, por ejemplo, el equilibrio Iglesia-Estado. En el debate, y durante siglos, la Iglesia afianza su poder. Así, en el siglo VIII el papado tiene más poder y se ve obligado a intervenir en lo socioeconómico. Ya en los siglos XII, XIII y XIV la Iglesia ha alcanzando su afianzamiento en lo espiritual y en lo temporal, y ello gracias al fenómeno retardatario del feudalismo.

Es de señalar que la Iglesia lidera la cultura de la época mediante los monasterios y las universidades, espacios privilegiados para el juego de las ideas. Asimismo, orienta la construcción de las catedrales y las cruzadas. Estas condiciones permiten en el Siglo XIV el renacimiento urbano, promoviendo la laicización del poder político y los nuevos derechos de la ciudad. Debe precisarse que en las universidades, y desde el siglo XII, se impulsa el estudio del Derecho Canónico, abordando la polémica de la dualidad y autonomía de los poderes y el primado del poder espiritual. En esta confrontación participará Santo Tomás de Aquino.

En este contexto aparece un pensador que determinará en buena medida la filosofía de la alta escolástica, cuya obra alcanza la cumbre del Renacimiento Filosófico del Siglo XIII: Santo Tomás de Aquino (1224-1274). Influido por Aristóteles y la obra platónica y neoplatónica, santo Tomás hace una síntesis monumental, conocida en occidente como Aristotelismo Cristiano. Allí, este pensador determinará las acciones que unen al hombre con Dios: el ligare (Uno en Dios), el apartamiento (la vida terrenal) y el religare (religión) como retorno a Dios y a la eternidad. En seguida, asume una posición moderada sobre el problema de los poderes, indicando que la salvación del alma se da en la obediencia al poder espiritual y que el bien de la ciudad se debe al poder temporal, sobre el que la Iglesia no debe intervenir. No obstante, señala que ambos poderes hallan su fin en Dios. Traza un esquema racional de tal magnitud (Dios, naturaleza, hombre) que allí hallan su lugar la sociedad y la autoridad civil. Michael Ryan.

La concepción de una sociedad, tal como la que había transmitido la tradición cristiana, era, para santo Tomás, eterna. Podía haber controversias, pero las discrepancias no podían producir cambios esenciales en aquella. Su filosofía trató de encontrar las razones de esa concepción, de construir un esquema racional de Dios, de la naturaleza y del hombre, dentro del cual encontrasen su lugar debido la sociedad y la autoridad civil. En este sentidola filosofía de santo Tomás expresa en la forma más madura las convicciones, tanto morales como religiosas, en que se fundaba la cultura medieval.

Santo Tomás asume la gnoseología de la alta escolástica y reúne la tradición de la Edad Media, afrontando la diversidad y divergencia de las ideas. Por ello, su obra lo ubica más allá de las escuelas y lo señala como fuente de distintos posibles en la filosofía, la teología y la ciencia, donde la fe es la realización plena de la razón y del conocimiento. Asimismo, concibe el universo como una jerarquía que va de Dios a todos los seres, y cuya esencia es la subordinación a un fin.

Sobre la vida social y política surge una visión sistémica de la naturaleza, dado que ve la sociedad como un sistema de fines y propósitos: cada parte juega su papel y se articula entre sí y con el todo, buscando la vida buena. Así, la sociedad actúa por los intercambios y los aportes del trabajo de las partes (individuos y clases) rigiéndose por el principio de que lo inferior sirve a lo superior, de quien recibe orientación. Este principio le permite al individuo y a las clases interactuar en un marco jurídico externo, cuyo fundamento es el bien común pre-establecido y designado por Dios, poseyendo un valor sagrado. Michael Ryan.

Esta concepción teológico-histórica, unida a la creencia de que el imperio romano cristianizado constituiría el último estado en el desarrollo de la humanidad, da al sistema su estabilidad: no vale la pena pensar en una modificación del orden existente. Los que aleje de ese orden será malo y será castigado en el juicio final delante de toda la humanidad.

Sobre la base de estas deas, el concepto aristotélico del bien común recibe un valor social acrecentado y funda no sólo una construcción jurídica, sino también una doctrina y una ética de la sociedad.

Su concepción de gobierno también es holística y responde al bien común, siendo el interés del gobernante conducir las acciones de sus subordinados hacia el logro de la vida feliz y virtuosa. Asimismo, como en la relación alma-cuerpo, el gobierno es una magistratura de la comunidad, de modo que para ser legítimo el ejercicio del poder debe obedecer a los límites que le designa la ley. Y sobre la ley halla una fuerte relación entre ley humana y ley divina: la primera es parte del gobierno divino que lo rige todo, por tanto su finalidad, más allá de regular las relaciones humanas, es el bien común. A su vez, la ley humana es un corolario de la ley natural porque la sociedad es apenas un periodo de transición hacia la eterna contemplación de Dios. A propósito, Michael Ryan.

La voluntad arbitraria no tiene nada que ver ni en la naturaleza ni en la sociedad. Ambas están gobernadas por razones o fines más bien que por fuerza. Santo Tomás no pensaba en una voluntad divina o humana que hiciese la ley mediante un fiat, ni en la naturaleza ni en la sociedad. Sus cuatro formas de ley son cuatro formas de razón, que se manifiestan en cuatro niveles distintos de la realidad cósmica, pero que constituyen una sola razón en todos ellos. Los nombres que les dio santo Tomás fueron ley eterna, ley natural, ley divina y ley humana.

En suma, santo Tomás define la ley como “la ordenación de la razón para el bien común, hecha por quien tiene a su cargo el cuidado de la comunidad y promulgada solemnemente”. Por ello, y acerca de los Derechos humanos, propone la tesis de la libertad religiosa, precisando que los padres deben educar a sus hijos en la religión que consideren correcta.

Por su parte, Dante será partidario de la Monarquía universal: considera el imperio como la mejor forma política porque promueve la paz y porque allí confluyen dos autoridades designadas por la Providencia: sacerdotium e imperium. Sin embargo, sobre el gobernante asegura que recibe el poder directamente de Dios, de modo que no posee superior humano, estableciendo una independencia con la Iglesia y mostrando un primer síntoma de decadencia de este periodo: la ruptura entre razón y fe, o lo espiritual y lo material. Así, los gobiernos no debían intervenir en los asuntos de la fe y la fe no debía intervenir en los problemas del Estado. De allí surgió la fragmentación de la cristiandad, además por la fracción de los estados nacionales europeos. En el texto mencionado, Michael Ryan.

En el siglo XIV, con la transferencia de la sede papal a Avignon, se atiza la contraofensiva del poder laico contra el eclesiástico. Diversos pensadores animarán este proceso. El ataque más virulento lo conduce Marcelino de Padua; afirma que no hay poder espiritual fuera de los laicos. Guillermo d´Ockham busca reformar la Iglesia separando su acción de la del Estado. John Wycliffe, profesor en Oxford, exalta el poder temporal y aforma que si el “dominium” civil es incompatible con el estado de pecado, esto vale también para el estado eclesiástico. En la misma línea hablará Hus; el pontificado es inútil.

4.3. EDAD MODERNA.
El Renacimiento abre tiempos de novedad y un movimiento en muchas direcciones, como la renovación de lo antiguo, dándole a esta época su nombre: se rescataron valiosos elementos de la cultura greco-romana, manifiestos en los libros y en el arte. Hubo un regreso al platonismo y al aristotelismo.

Nace la modernidad en la consolidación de las monarquías y las naciones soberanas y en la expansión del comercio. Se propaga el racionalismo y se dan guerras civiles y de religión. Asimismo, y ya definida en el siglo XV, la modernidad genera nuevas interpretaciones sobre lo jurídico y la soberanía, y que tienden hacia el derecho natural, racionalista, alejado de la metafísica. Además, se instaura el pensamiento empírico, influyendo en el pensamiento político.

Deben considerarse los avances culturales e intelectuales: el descubrimiento de América, el renacimiento, Reforma protestante y guerras de religión en el siglo XVI; consolidación de las monarquías, desarrollo económico, consecuencias de la Reforma, influencia de la ciencia en la política, en el siglo XVII; consolidación de la burguesía, influencia de la biología y la teoría de la evolución en la política, el Siglo de las luces, la Revolución Francesa, la independencia de los Estados Unidos y auge de la opinión pública y el debate político público y privado, en el siglo XVIII.

4.3.1. Precursores.
El tema del poder le llamó la atención a la ciencia y abrió la necesidad de una nueva idea de hombre de Estado. Por ejemplo, Niccolo Machiavelli (1469-1527): Su filosofía del hombre, del derecho y del Estado es una consideración mecánica-cuantitativa de la naturaleza. Su libro El Príncipe es una formula sobre la jugada oportuna en cada situación de las fuerzas políticas. Los hombres son cuantos de poder, incluyendo al príncipe. Michael Ryan.
La tesis de base de Il principe es “el fin justifica los medios”. Es licito usar todos los medios para lograr el éxito. Aunque el libro no es a propósito anticristiano, sí critica el cristianismo en cuanto que las virtudes que propone debilitan a los ciudadanos y al Estado mismo. Lo que hace falta es la “virtud”, entendida como valentía. El método que usa es partir de ejemplos históricos para establecer criterios para la política. Es un buen testimonio de la política pragmática de su tiempo.

A este pensador se opone Erasmo de Rótterdam (1457-1536) quien establece relaciones de sentido entre la moral y la política, siendo partidario de de que el príncipe se forme en los valores y los principios humanistas. Se opone a la guerra. Se le considera un humanista del Renacimiento. En esta perspectiva, aparece Tomás Moro (1480-1535) humanista, idealista y santo. En su "Utopía" precisa un ideal político y social desprendido del platonismo y del modelo monástico cristiano.

A su vez, Francisco de Vitoria (1480-1546), su doctrina busca aplicar los principios cristianos y tomistas a la condición humana, realzando la dignidad de la persona como fundamento de su sistema jurídico. El hombre posee la capacidad de llevar a plenitud sus potencialidades en una proyección libre y abierta, en claro servicio a la república y al bien común. El bien común, la potestad civil y la comunidad universal son bases sobre las que se erigen el respecto y la dignidad de las personas. Plantea el problema de la guerra, sólo justificándola cuando hay injuria de un estado sobre otro. A partir de allí se perfilan la teoría de los Derechos Humanos y lo que hoy se conoce como el Derecho Internacional Humanitario. Vitoria señala las inconsistencias jurídicas y las injusticias de unos estados sobre otros, en especial el descubrimiento de América. Dirá Michael Ryan.

Francisco de Vitoria formula la Carta Constitucional de los Indios. Su tesis vino a articularse sobre tres principios claves: el derecho fundamental de los indios a ser hombres y a ser tratados como seres libres, el derecho fundamental de sus pueblos a tener y defender su propia soberanía, y el derecho fundamental del orbe a hacer la paz y colaborar en bien de ella y la solidaridad internacional.

En otra línea, Lutero y la reforma protestante, influirán la política de la época. Parte de la tesis de que, por el pecado, hay una separación entre lo espiritual y lo temporal: la política se opone a los valores espirituales, por eso el estado eclesiástico no debe considerarse. Aparece la figura de la Iglesia invisible. Además, la reforma vitaliza las ideas liberales que se consolidan sobre criterios como que la finalidad del Estado debe limitarse al orden y a la prosperidad de la sociedad, sendo el pueblo la máxima autoridad. En el mismo orden Juan Calvino (1509-1564) propone un “Estado de Autoridad”, basado en la obediencia al poder que procede de Dios. Se desprende el criterio de la convivencia de la libertad cristiana con la servidumbre civil: la posibilidad de acción del cristianismo en el mundo secular sobre la base de una política racional.

Por su parte, los representantes de la contrarreforma se enfrentan al absolutismo monárquico: Roberto Bellarmino (1542-1621) afirma que aunque la autoridad sea espiritual, el Papa puede oponerse en el campo político a lo que amenace la salvación de los cristianos. Luis Molina (1535-1600) dirá que la deposición de un príncipe herético es un deber impuesto al pueblo por voluntad del pontífice.

4.3.2. La ciencia política.
A partir de esos conceptos de política se consolida un conocimiento más riguroso, de modo que, en perspectiva epistemológica, se empieza a constituir en ciencia. Jean Bodín (1557-1638) pone los cimientos de esta ciencia, destacándose la familia como la institución básica de la sociedad que permite el ámbito privado del hombre. Sobre la estructura familiar propone un poder soberano paternalista.

Juan Althaus (1557-1638) indica que los fundamentos del Estado son los grupos intermedios; propone integrar la sociedad en federaciones donde confluyan regiones y ciudades autónomas. Sobre esta estructura sitúa el origen de la soberanía en el pueblo: el rey es delegado sujeto a las leyes y a las reglas pactadas. Estos planteamientos anuncian ya la teoría del contrato social.

En otro orden, el teólogo y jurista español Francisco Suárez (1548-1617). Piensa que la autoridad social no procede de la familia sino de la naturaleza social del hombre, fundada en el orden natural y originario de la creación: antes del pecado original. Por eso sitúa a la comunidad en el plano de la naturaleza. Asimismo, y distinguiendo entre lo temporal y lo espiritual, considera que el Estado va más allá del encuentro entre voluntades, concibiendo la sociedad como una unidad orgánica de individuos libres y conscientes, quienes se asocian para alcanzar el bien común, entendido como el bien material: objeto último de la felicidad política.

También plantea que la soberanía es una institución de derecho natural y en clara dependencia de la libertad humana, por lo que la comunidad debe respetar los pactos y acuerdos. Asimismo, si bien la delegación del poder al rey es irrevocable, el poder eclesiástico trasciende el civil (el espíritu sobre la materia) sin que halla una autoridad directa ni se confundan los poderes. Postula, además, un concepto empírico del derecho de gentes, señalándolo como obligación absoluta a raíz del derecho natural. Por ejemplo, no se puede imponer una ley internacional a las comunidades nacionales, aunque se promueva la solidaridad universal, dado que el universalismo es cristiano en el espíritu, pero no el dogmatismo.

4.3.3. La teoría iusnaturalista.
A propósito de la ciencia política, el siglo XVII se caracteriza por el alejamiento de la filosofía política de la teología: los problemas humanos empiezan a salirse de la controversia religiosa, secularizándose las interpretaciones de los intelectuales que ahora estudian a los clásicos: estoicismos, platonismo y aristotelismo, sobre todo. Además, los avances de las ciencias naturales influyen en las disciplinas interesadas en los asuntos sociales; estos asuntos se asumen ahora como naturales, de modo que se les aplica los métodos físico-matemáticos. En suma, la filosofía política se impregna de racionalismo y de empirismo.

En este contexto Hugo van Grotius (1583-1645), uno de los clásicos del derecho de gentes y del derecho natural, escribe su gran obra sobre el derecho de la guerra y de la paz; es un compendio del derecho y de la filosofía del derecho, donde es posible establecer la dignidad y la libertad del hombre mediante el recurso de un derecho que es superior a toda legislación humana. A su vez, Samuel Pufendorf (1632-1694), teórico del derecho natural, plantea que éste es necesario e inmutable y deducido de la naturaleza de las cosas. Basado en los filósofos griegos y latinos, postula que toda ley procede de una autoridad superior (Dios u hombre), de manera que el derecho positivo adquiere un valor racional.

4.3.4. El pensamiento político inglés.
Inglaterra le da a la modernidad un buen número de filósofos comprometidos con la corriente empirista, la que influye en el pensamiento político de Europa. Uno de ellos es Thomas Hobbes (1588-1679), quien rompe, por un lado, con la filosofía clásica griega (Aristóteles y Platón) aceptada por Occidente; y por otro, recupera otras tendencias de la filosofía antigua, las originarias del materialismo y al naturalismo (Demócrito y sofística). Precursor del naturalismo moderno, propone una una nueva forma de materialismo y de naturalismo, constituyéndose en aporte determinante para el materialismo de la ilustración, el materialismo científico y dialéctico del Siglo XIX, encabezado por el filósofo alemán Carlos Marx.

Hobbes se interesa por las leyes que rigen la materia y de la naturaleza. Concibe estas leyes como categorías inmanentes al hombre y directrices de las acciones humanas y sociales. Asimismo, explica la inmanencia entre cuerpo y pensamiento, y las leyes de la naturaleza humana en perspectiva individual y en relación con el ser político: ciudadano y Estado. A propósito, dirá Michael Ryan.
El soberano es el órgano del Estado y de la Iglesia al mismo tiempo. Es una soberanía absoluta, si bien según la razón, por tanto, no es arbitraria. El Estado, el Leviatán tiene la apariencia de un gigante cuya carne son aquellos mismos que lo han creado para defenderse. Un gigante relativamente bonachón, simboliza la suma de los intereses y la rigurosa unidad: nada de fracciones, partidos, cuerpos intermedios. Hobbes exalta las virtudes burguesas como la prudencia, la medida... y no aquellas virtudes aristocráticas de la gloria y el honor.

Por su parte, los Levellers ( 1647-1650), movimiento de artesanos y pequeños propietarios, buscaban la igualdad civil y política, sin buscar la igualdad por la abolición de la propiedad. Su ala radical, Los Diggers, querían reformas sociales y económicas sobre la base de la superioridad de la propiedad comunitaria. Anticlericales y admiradores de cristo, rechazaban la revolución violenta.

A su vez, John Locke (1632-1704), empirista y Padre del liberalismo moderno y burgués, defenderá la propiedad y un poder eficiente y libremente aceptado que permita la libertad individual, pero sometida a la mayoría. También, el Estado natural es casi social, pero carece de autoridad jurídica, por lo que los hombres buscan una sociedad política que asegure la libertad por la autoridad. Así, el fin del Estado es jurídico y busca la felicidad: la paz, la armonía, la seguridad y la libertad. Entonces la sociedad se instituye mediante un contrato social libre para la protección del derecho a la vida, a la propiedad y a la libertad; de no observarse respeto por las reglas los ciudadanos pueden levantarse y exigirle al príncipe su cumplimiento. Por ello, el poder legislativo es supremo y el poder ejecutivo es limitado. Ahora bien: partidario de un cristianismo razonable, separa lo espiritual de lo temporal, tendiéndose por la libertad religiosa. Dirá Michael Ryan.


Locke tudo mucha influencia en el tema de los derechos humanos. Escribió una famosa Carta sobre la tolerancia en 1698. En 1598 se había promulgado el Edicto de Nantes que garantizaba la libertad para católicos y hugonotes; pero en 1685 fue revocado y se provocó un retraso serio en la causa de los derechos humanos. Todo el siglo XVII estuvo lleno de guerras de religión que se caracterizaron por su extrema brutalidad –v.gr. la Guerra de los Treinta años de 1618 a 1648 que terminó con la Paz de Westfalia reconociendo libertad de religión para las minorías-. La carta de Locke, aunque es notable como defensa de los derechos humanos, excluía, sin embargo, a los católicos. Esto demuestra que el tema de los derechos estaba todavía muy débil. Locke tuvo mucha participación en la rebelión que puso a Guillermo de Orange en el trono, y se convirtió en el defensor de esa revolución y de la Carta de los Derechos (Bill of Rights) a la que dio origen. Este documento, junto con el Habeas corpus (1679) y la Carta Magna (1215), se considera como un hito en la historia del reconocimiento de los derechos humanos en la ley inglesa.


David Hume (1711-1776), empirista, cuestiona el derecho divino y la ley natural eterna. Asume que la base del gobierno es la costumbre conducente al respeto por conveniencia de intereses: la utilidad mide las instituciones. Apartado del concepto de contrato social, propone la educación del pueblo para contrarrestar las organizaciones de masas. Y Adam Smith (1723-1790) empirista y fundador de la economía política, dice que la verdadera riqueza es el trabajo y señala las ventajas de la competencia y el ahorro. Asimismo, más allá de toda disciplina, indica que el deber del Estado es facilitar la producción, mantener el orden y la justicia y proteger la propiedad.

Asimismo, Thomas Robert Malthus (1766-1834), partidario del liberalismo, busca la libertad y el bienestar, pero limitando la cantidad de beneficiarios: los pobres deben asumir el celibato porque los ricos no están obligados a darles trabajo. Pero Con Jeremy Bentham (1784-1832) el utilitarismo inglés, burgués y moderno alcanza su más alta expresión. Es una filosofía mercantil que, al tiempo, quiere consolidar el orden mediante el control del individuo: cárceles, procedimientos legales, organización jurídica, etc. El Estado debe reducirse a las funciones jurídicas y no económicas, excepto la seguridad de la propiedad privada. Es partidario de un autoritarismo democrático, proponiendo el sufragio universal y la soberanía popular. Asimismo, señala la democracia como mecanismo conciliador de los intereses del soberano y los intereses de la aristocracia del dinero.

4.3.5. El pensamiento político en Holanda.
Su principal representante es Benedict Spinoza (1632-1672), quien se preocupa por el ser, la naturaleza, el conocimiento y el espíritu, promoviendo la razón como contraria al miedo y al odio. Plantea que los problemas político y religioso son dos caras de la misma moneda, por lo que cada quien debe ejercer la libertad y la religión según su criterio. Su visión política busca la tolerancia y la libertad, donde ésta es un derecho de naturaleza; así, los súbditos tendrían derechos inviolables. Por eso, el gobierno monárquico, el soberano es intérprete del derecho civil y sagrado y el gobierno democrático se identifica más con la idea de Estado natural.

4.3.6. El pensamiento político en Italia.
Giambattista Vico (1668-1744), rechaza el individualismo y el utilitarismo del siglo XVIII: la utilidad no es principio explicativo de la moralidad sino la expresión de lo caduco del hombre. Así, busca el orden eterno de las cosas del que depende el destino de las naciones, postulando que luego de las democracias las naciones volverán a la monarquía. Asegura que el progreso y la historia no son lineales sino espirales. Y lejos del empirismo, busca las fuerzas oscuras, los sentimientos, los mitos y leyendas con su imaginación y poesía, señalándolo como pre-romántico.

4.3.7. El pensamiento político en Francia.
El Cardenal Richeliu (1585-1642), hombre de acción, mantiene con firmeza el poder y lucha contra la aristocracia, el feudalismo y las guerras de religión. Busca la síntesis entre ética y política. Propone en el Estado el primado de la razón, pero platea que el poder del soberano debe basarse en la fuerza. Asimismo, dice que el  clero es el primer orden del reino y debe estar al servicio del rey. A su vez, René Descartes (1596-1650), plantea que el progreso social debe realizarse mediante un proceso ético: la moral del sabio es diferente de la moral del príncipe porque sus responsabilidades justifican la superación de las normas comunes.

Blaise Pascal (1623-1662), partidario del jansenismo (obedecer y despreciar), se opone a la centralización monárquica y a la relación catolicismo-poder. Dice que la justicia necesita la fuerza para imponer el orden y la paz. Distingue entre justicia y caridad, destacando ésta. Por su parte, Jacques Bossuet (1627-1704), señala la política y la historia como corolarios de la fe. Concilia la visión providencialista con un determinismo: necesidad de orden y legitimidad de los poderes constituidos. Defiende la autoridad porque su origen está en Dios. Asimismo, el Arzobispo de Cambrai, Francois Fénelon (1651-1715) traza un plan ideal del régimen a partir de la utópica Salento: sociedad aristocrática, jerárquica y estable, gobernada por consejeros; austera, rural y antmercantilista, refleja un espíritu universalista: la humanidad trasciende la patria, la familia y el sujeto.

Charles-Levis Montesquieu (1685-1755), aristócrata liberal, admira y divulga la constitución inglesa. Precursor de la sociología por la relación entre la legislación y los caracteres ambientales de un país: costumbres, clima, religión, comercio, etc. Propone la separación de los poderes (no deben estar en las mismas manos) y la armonía de los poderes: soberanía conjunta del rey, el pueblo y la aristocracia. Opuesto al despotismo, propone la descentralización, señalando la utilidad de los parlamentos y la nobleza. Piensa que la verdadera reforma debe ser intelectual y moral. Relaciona la libertad con la seguridad en el sentido de que ésta provee los elementos de la subsistencia. En últimas, propone un socialismo de estado de tipo patriarcal, en donde el legislador debe poseer la virtud de la moderación

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) inicia el romanticismo. Logra un contraste entre hombre natural y hombre artificial, tendiéndose por el primero y proponiendo la figura de El Buen Salvaje. Su obra es una crítica a la sociedad (sobre todo francesa) y a la civilización europea basada en el racionalismo abstracto. Por  ello, opone a la inteligencia los sentimientos amistosos y benévolos, la buena voluntad y la reverencia, señalando que el valor de la vida está en las emociones comunes o en los instintos y criticando el racionalismo y la ilustración porque destruyen las virtudes, la fe y la religión. Así, plantea que la ciencia es el fruto de la curiosidad ociosa, la filosofía farsa intelectual y la civilización oropel. Su pensamiento político busca el retorno a los orígenes como camino de progreso y norma de juicio, criterio directivo para devolverle al hombre el orden y la justicia que le son propios. En el texto Ética Social, Michael Ryan.
En su definición de naturaleza, rechaza el concepto de naturaleza en guerra de Hobbes diciendo que esto puede ser verdad de las personas públicas, los Estados soberanos, pues los hombres no luchan en cuanto individuos aislados, sino en cuanto ciudadanos o súbditos. Pero también rechaza la sociabilidad natural de los teóricos del iusnaturalismo. El hombre es simplemente asocial. Vivía en estado natural como un ser libre, igual, bueno, con buenos sentimientos, v.gr., la compasión.

Además, plantea que la desigualdad y la guerra nacen con la evolución de las facultades, la invención de las artes y la propiedad privada. Su Contrato Social se basa en una voluntad general que cada quien reconoce como propia y que al obedecerla cada quien se obedece a sí mismo, surgiendo un cuerpo moral y colectivo con vida propia y autonomía. En este estado civil se sustituye el instinto por la justicia, moralizando las acciones. Así, el estado civil continúa y perfecciona el de la naturaleza. No obstante, la voluntad general, expresada en la mayoría, representa la razón y constriñe a la minoría a aceptar esa voluntad y ser libres.

Influido por Platón, la ciudad-estado (comunidad) es el principal instrumento para moralizar, representado el valor moral más alto: la sociedad educa al hombre. Es un teórico del absolutismo político basado en la democracia y justificado por la teoría de la voluntad general que legitima que una minoría manipule las masas. Así, el Estado encarna la unidad y valor absoluto que no respeta la libertad natural del individuo sino que lo fuerza para darle una forma de libertad más perfecta: la sumisión a su poder totalitario. Michael Ryan.
Todas las formas de gobierno degeneran. Lo importante es educar al pueblo en las virtudes, en el civismo, en la frugalidad, en la religión –una religión civil con pocos dogmas -, en la tolerancia. La intolerancia es el único dogma negativo.

Francois-Marie Arouet Voltarie (1713-1784) busca una política del sentido común en la acción y la tolerancia. Partidario de la jerarquía de las clases sociales, rechaza la instrucción del pueblo. Lucha por reformas civiles y administrativas como la garantía para la libertad de pensamiento y expresión y la abolición de los arrestos arbitrarios, los procedimientos secretos, la tortura y la pena de muerte. A su vez, Dennos Diderot (1713-1784) partidario de la evolución y del progreso, representa al movimiento de la Enciclopedia. Propone el deber de mejorar a los hombres y de contribuir a su felicidad. Plantea que el gobierno mejor es el que dura más y más tranquilamente.

En tal contexto se da la Revolución Francesa (1798). Allí se elabora la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano en un documento de 17 artículos, vigente: Derecho a la libertad, la propiedad, la seguridad y resistencia a la opresión. Los hombres nacen igualmente libres e independientes y la soberanía reside en la nación. También surge el jacobinismo, partidario de la guerra, la salud pública, la nación en armas y la idea de que el patriotismo responde a una misión nacional. Saint-just y Robespierre cultivan la virtud y animan el terrorismo.

Por su parte, Bafeuf plantea que la revolución política no sirve sin la revolución social: comunidad de bienes y abolición de la propiedad privada hacia el igualitarismo. En el texto mencionado, Michael Ryan.
Bafeuf proponía imponer durante un largo periodo una dictadura del comité insurreccional, pues era necesario un gobierno fuerte para instaurar el comunismo. Hay que subrayar aquí la originalidad de proponer una organización política para realizar la línea ideológica. Será el inspirador de los profesionistas de la conspiración y de los intelectuales idealistas mucho más allá de las fronteras de Francia.



4.3.8. El pensamiento político alemán.
El Iluminismo alemán tiende al dogmatismo lógico, preocupándose más por la moralidad y la religión que por la política. Acepta el despotismo ilustrado del Movimiento Sturm und Drang – tempestad y asalto – antimonopolista y antiintelectual, que busca la exaltación nacionalista. Pero el romanticismo valora los elementos irracionales (mito y raza) que superan y comprenden al individuo.

Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), religioso y poseedor del saber de su época, plantea que Dios es el fundamento del derecho natural en tres grados: no dañar a nadie, tratar a cada quien como le es debido, vivir piadosamente. Dice que el universo es un gran coro y la armonía suprema es la metafísica. La política debe buscar la conciliación y la unidad mediante el sentimiento nacional que busca el universal. Así, medita sobre la unidad de las lenguas, sobre una organización internacional para la paz y la expansión del cristianismo, sobre la utilidad de los intercambios culturales internacionales. Lucha por la unión de la iglesia y preanuncia la obra de los enciclopedistas e iluministas.

Immanuel Kant (1724-1804), el Padre del Idealismo Alemán, se inspira en Rousseau, Montesquieu y el Iluminismo, para trazar sus planteamientos políticos tendientes al progreso de la humanidad en la libertad, la moralidad y la paz perpetua. Sobre el mundo moral, la realidad política está dominada por el mundo de los fines, regido por un Estado de derecho donde la política debe subordinarse a la moral. Más que filosofía, la política es praxis para que los hombres afirmen sus derechos, siendo su objeto la defensa de los derechos del hombre. Así, define libertad en cuanto hombre e igualdad en cuanto sujeto a ley moral universal: en el mundo concreto histórico la libertad se instituye imperfectamente; la naturaleza y la política llegan a la legalidad y no a la moralidad. El Estado de derecho en la historia es esperanza del reino futuro de los fines: la moral.

Johann Gottlieb Fichte (1762-1814) es el primer ideólogo del nacionalismo alemán y del pangermanismo. Concibe la libertad como la esencia interior del hombre y del alma colectiva. Propone una filosofía del universal pero sobre la la nación alemana. Representa un nacionalismo metafísico, religioso, místico, romántico, pedagógico, autárquico, racista –antilatino y antihebreo -.

Friedrich Hegel (1770-1831) Piensa que la idea de la auténtica realidad objetiva, y la historia (historia de la razón) es el desarrollo de la dialéctica de la idea originaria hacia el Espíritu universal. El acceso del sujeto a este espíritu se realiza mediante el pueblo porque éste posee el ideal moral, siendo organización espiritual y materialización de la ética. Asimismo, los individuos entran en conflicto, pero las guerras dan unidad y salud ética a los pueblos, conjurando la alienación del hombre en los intereses y conflictos de clase. Por lo mismo, la Razón se sirve de las pasiones de quienes persiguen sus fines. Así se realiza el fin ulterior: el progreso de la libertad o la toma de conciencia.

La historia el Espíritu se revela en las totalidades concretas y los pueblos son de tal índole, por eso la a política es la ciencia de la realización histórica de la libertad en sus encarnaciones y mediaciones concretas: la familia, las corporaciones, el Estado. El diálogo mediador de lo privado y lo público lo realiza el Estado y el hombre logra la verdadera libertad en la Razón y en lo universal. Así, el Estado usa una estrategia para que los hombres libres alcancen un nivel más universal. Michael Ryan, L.C[40]., precisa:
Al describir la constitución de su Estado, Hegel sigue el modelo prusiano: un monarca hereditario que encarna la continuidad del Estado; estados –en vez de parlamento- no electivos y con representación corporativa, es decir, en función de los intereses; funcionarios –burocracia- que ejercitan la autoridad principal, expresando la misión del Estado del cual son servidores y amos.

4.3.9. La revolución norteamericana.
Se da en el siglo XVIII y se vuelve modelo. Sus causas principales fueron los contrastes de intereses, el abuso de autoridad de los gobernadores sobre las asambleas coloniales y la tolerancia religiosa impuesta por los puritanos. En las comunas se daba el auto-gobierno y la democracia directa –town meetings- que generaron el individualismo y el deseo de independencia. Así, la declaración de independencia se basa en la ley natural y en los inalienables derechos del hombre: vida, libertad, búsqueda de felicidad.

Alexander Hamilton (1757-1804), representa la aristocracia industrial del norte. Su idea de la política se muestra en el poder centralizado y el mercantilismo cerrado, mientras su nacionalismo se basa en la economía, cuyo crecimiento y productividad no se concilia con un gobierno popular. A su vez, John Adams (1735-1826) representa el liberalismo no igualitario, aristocrático y pesimista. Fue el segundo presidente de EEUU. Por su parte, Thomas Jefferson (1743-1823) amplia la democracia, extiende la educación, el sufragio y la tolerancia religiosa. No acepta la concentración del poder ni el privilegio de nacimiento ni la esclavitud.

4.4. Edad contemporánea.
Es de precisar que los actuales sistemas sociopolíticos hallan sus bases en el devenir de la historia del pensamiento y de la sociedad, que determinan las nuevas concepciones sobre la ética política. De hecho, el carácter social del hombre es un fenómeno clave para la comprensión de la condición humana, de su dinámica y su devenir. Por ello hoy se abren diversas escuelas de pensamiento.

4.4.1. El positivismo.
Saint-Simon (1798-1853) y Auguste Comte (1798-1853) representan el espíritu positivista, cuyo reduccionismo llevó a la filosofía política y social a la etnología, la historia, la filosofía de la historia, la estadística y la sociología. Dentro de sus bondades es de destacar el asumir los asuntos sociales como realidad propia, a partir de la pregunta por lo social, lo que desencadenó múltiples respuestas. En tal orden, esta corriente parte del carácter nomológico-deductico de la física y la matemática, guiando a las ciencias sociales en la aplicación del método científico de las ciencias naturales, incluyendo a la Psicología experimental.

4.4.2. El individualismo.
Concibe la sociedad desde el individuo y no desde el hombre, siendo aquél lo real y fuente de todas las leyes y que reclama libertad e igualdad. A su vez, tal libertad permite el progreso y la prosperidad de la sociedad. Por ello reivindca la igualdad en tanto la ley debe ser la misma para todos, con igual oportunidad. Allí se plantea una especie de selección natural en cuanto sería los mejores quienes gozarían de los privilegios. Según Michael Ryan, L.C[41]., son Puntos de vista del individualismo:
Filosóficamente: individualismo atomista. Éticamente: el hombre es fin en sí, sin ninguna vinculación moral. Políticamente: único creador y señor del Estado. Jurídicamente: único creador de las leyes. La única norma es el interés privado.

La filosofía y la historia del individualismo vienen del nominalismo, el renacimiento, la reforma, el racionalismo iluminista, el naturalismo y el humanismo. Esta corriente le da valor a la persona como parte activa en la sociedad y la defensa de la libertad, pero niega la subsidiaridad: la persona vive en la masificación y al asedio de los fuertes y del Estado. Éstos y los débiles surgen de la ley de la libre competencia. Así, le otorga al Estado muchas funciones, determinándolo como la fuente de todo el derecho, lo que lleva al despotismo estatal y al totalitarismo.

4.4.3. El liberalismo.
El término “liberal” nace en Cádiz (1812) España, y es abierto a significados múltiples: puro, mitigado, religioso, político, económico. Como movimiento práctico y teórico, fue sustituyendo el antiguo régimen, desde finales del Sglo XVIII. Desde entonces ocupa un lugar relevante en la política. Con el ascenso de la burguesía, rica por el comercio y el acceso a la propiedad de la tierra, surge una nueva clase social y un poder que supera a la nobleza y al pueblo como tal. Tal clase se apoyó en la ideología que urgía la igual de derechos para todos los hombres, así que el liberalismo se identificó con ella: ideas, intereses, tendencias y formas de vida. Estos principios se materializaron por primera vez en el movimiento propio de la independencia a los Estados Unidos en 1776. Asimismo, la Revolución francesa (1789) se impregnó de ellos, lo es evidente en la Declaración Universal de los Derechos del hombre y del ciudadano y en el lema “libertad, igualdad, fraternidad”.

Aunque se han juntado en la historia, liberalismo y democracia son distintos. Aquélla alude al gobierno del pueblo y enfatiza la igualdad sobre la libertad y la libertad de la masa sobre la libertad individual. Pero ambos ven al individuo como fuente de derecho y del orden social, moral y político. Asimismo, la democracia moderna nació por el liberalismo, siendo censataria: el sufragio lo ejercían sólo los propietarios y las mujeres eran excluidas; luego evolucionó hacia el sufragio universal. También fue influida por el marxismo y por el cientificismo del siglo XIX (darwinismo), asumiendo la vida como una competencia determinada por la selección natural que permite la sobrevivencia del más apto.

El liberalismo pretendió el cambio en la estructura política sobre la base legítima de los derechos naturales y de teorías distintas del poder como concesión de Dios al rey. Una de tales teorías (en perspectiva religiosa) planteaba que el poder era dado por Dios al pueblo quien lo delegaba a la autoridad política, pudiendo recuperarlo. Otra teoría (deismo y ateismo) planteaba el poder como emanación directa del pueblo, quien lo otorgaba al Estado a través de un contrato social.

Desde su origen, y por la ley de la oferta y la demanda, el liberalismo defendió la propiedad privada como expresión de libertad; exigió libertad de comercio, abolición de las barreras aduaneras, libertad de empresa y de contrato de trabajo, sin la intervención del Estado. Asimismo, y por la libertad y la responsabilidad individual, no apoyó las agrupaciones; pero el mundo obrero halló en esta teoría social directrices para las asociaciones sindicales y la seguridad social. Hoy, por la economía social de mercado y la intervención prudente del Estado, es más social, demostrando en el siglo XX mayor duración y resultados frente al socialismo.

Se reconoce que el liberalismo promueve los derechos de los individuos y la iniciativa y laceración de riqueza. Pero fortalece conductas como el aborto, la eutanasia, la legalización de la droga, etc. También provoca un egoísmo radical y le otorga al Estado campos como la educación y la cultura, lo que se contradice con su concepto de libertad, pero no con la intención de liberar a los individuos de las “ideologías” moralizantes y religiosas. Así, ante el peso de la realidad individual y social, el liberalismo asume el pragmatismo. En suma, ofrece buenos resultados en lo político, lo económico y lo social y asume valores compartidos por la Iglesia Católica. Pero su doctrina es materialista, concibiendo un hombre aislado, asocial y absolutamente autónomo y libre de toda ley moral objetiva y antecedente.

El liberalismo se rige bajo principios y valores, siendo fundamental la libertad individual. Como valor supremo y absoluto debe ser protegido por encima de todo, constituyéndose en la finalidad y la función de todo grupo social. Este principio puede conducir al egoísmo. Se puede definir como un humanismo absoluto, una edificación del hombre, un personalismo liberal.

Otro principio es su doctrina social. Sobre la sociedad en general, plantea que el individuo no es social sino una voluntad individual que permite el nacimiento de la sociedad: ésta, que no busca un bien común, es fruto de la libre decisión de los hombres poseedores de intereses propios. La única ley de la sociedad es garantizar las libertades individuales. Sobre la familia, que no es una institución natural, surge del contrato de las partes. Su fin es individualista, buscando la felicidad personal. Se puede disolver.

Sobre el Estado, nace del contrato social y de la libre decisión de limitar la propia libertad, para tutelar los intereses de los individuos. No desea ser clasista, pero es instrumento de la burguesía, tampoco desea reducir el poder del estado, pero le otorga poderes extraordinarios. Sobre la economía, fue una reacción contra las restricciones del mercantilismo. Sus leyes económicas son: el automatismo de la economía de mercado; la autoordenación de la economía competitiva mediante el mecanismo de los precios según la ley de la oferta y la demanda; la armonía interna entre los intereses individuales y los generales mediante el libre juego de las fuerzas: obra de la mano invisible. Hoy se da el neoliberalismo que acepta la intervención de una “mano Visible” del Estado que oriente la economía, sin perder los principios de la libertad de mercado. Quiere enmendar las perturbaciones sociales creadas por el liberalismo clásico. Sobre la iglesia, se puso en contra de la Iglesia y de toda autoridad. Quiere reducir la religión a lo personal y privado.

IV. El socialismo.
En su origen intervinieron varios factores: a. Las utopías: creaciones literarias que recrean formas sociales alejadas de la situación de desigualdad e injusticia social del mundo real. Por ejemplo, la primera comunidad cristiana y su ideal de pobreza, la vida monástica y su organización interna basada en la vida común. b. A principios del siglo XIX surge el término socialismo a través de Saint-Simon, Fourier, Cabet, Proudhon, Blanc, Owen a los que Marx llama utópicos por carecer de rigor científico. c. El socialismo surge del racionalismo y del individualismo iluminista: confianza en la bondad del hombre y  en su capacidad de evolucionar, y búsqueda de la prosperidad terrena. d. La situación de los obreros: defensor de los proletarios como conjunto de hombres que no poseen medios de producción, sólo su fuerza de trabajo, dependiendo del trabajo y de quienes tienen los medios de producción. El socialismo quiere mejorar las condiciones a partir de una mejor distribución de los bienes y mediante el cambio de las estructuras económicas. e. De la revolución a la política: sobre el marxismo y en la segunda mitad del siglo XIX, se fundaron partidos políticos revolucionarios. Querían hacer la revolución completa para el ascenso del proletariado al poder. Sin embargo, tuvieron que modificarse e insertarse en situaciones políticas pluralistas.

Se conocen dos tipos de socialismo: el marxista (socialismo colectivista, comunismo) y el no marxista  (neosocialismo). El concepto se refiere a la corriente opuesta a la propiedad privada o que busca su significativa reducción. Aún así, es un concepto difuso. Hasta 1848 y en Francia, había un socialismo premarxista, al que Marx antepuso su socialismo científico, basado en las leyes que rigen la realidad y el mundo económico social. A partir de Marx, y hasta hoy, se dan las corrientes de socialistas marxistas y socialdemócratas.

El socialismo clásico critica la economía individualista capitalista y propone una sociedad mejor (mesianismo), a partir de la transformación de las estructuras económicas que busque la socialización de los medios de producción. Se daría el predominio de la sociedad (colectivismo). Los actuales partidos socialistas se identifican así: a. Aceptación del juego democrático de la democracia liberal. b. Aceptación de la economía de mercado y la coexistencia de empresas privadas y estatales. c. Acentuación de una política de intervención del Estado en la redistribución del producto del trabajo mediante la política fiscal, de seguridad social y educativa. d. Intervención del Estado en la cultura, promoviendo una visión del hombre puramente natural, relativa, cambiante, laicista. Choca con la Iglesia en aquellos aspectos que comparte con el liberalismo.

El socialismo logró enmendar los vicios propios de liberalismo. Aún así, asume los principios del liberalismo en su concepción inmanentista y materialista del hombre y la sociedad. Recuérdese la Quadragesimo anno:  “el socialismo, ya se considere como doctrina, ya como hecho histórico, ya como acción, si  sigue siendo verdaderamente socialismo, aún después de sus concesiones a la verdad y a la justicia de las que hemos hecho mención, es incompatible con los dogmas de la Iglesia católica; ya que su menra de concebir la sociedad se opone diametralmente a la verdad cristiana”.

V. El colectivismo y el comunismo.
La diferencia entre los sistemas colectivistas radica en los valores que los inspiran: el fascismo asumió la nación, el nacionalsocialismo la raza aria y el comunismo el proletariado. Le niegan individuo sus derechos y su fin transocial, proyectándose como un individualismo colosal: un gran individuo cerrado, autónomo y fin en sí, de allí que surja de los postulados del individualismo sustentados en el positivismo jurídico y en la teoría inorgánica de la sociedad.

A su vez, el comunismo alude al sistema social fundado en la comunidad de bienes económicos y la aniquilación, mediante el Estado comunista, de la propiedad privada de los medios de producción y la división clasista de la sociedad. Sostenido en el proletariado y la búsqueda de la sociedad comunista, se basa en el materialismo dialéctico y el materialismo histórico de Marx: los medios de producción, la lucha de clases, el valor y la plusvalía, la alineación, el aumento de la miseria de los trabajadores, las crisis, la política y la instauración del Estado comunista mediante la dictadura del proletariado.

Influido por Hegel, Marx plantea que la historia surge de lucha de clases, generando la conciencia política de la clase trabajadora, encargada de acabar con la burguesía como ésta lo hizo con la nobleza. Su tesis central es que las condiciones materiales de vida, resultado de las fuerzas y de las relaciones de producción, determinan la sociedad: política, religión, moral, ciencia, etc. Así, la revolución comunista, en su línea ética, debía rescatar al hombre para el hombre, liberándolo del mito de Dios y de la propiedad privada, de modo que, ya sin el Estado, el gobierno se limitaría a la administración de las cosas.

Son muchas las causas del actual fracaso del comunismo. Se destaca el problema del materialismo como dogma, que pretende que el espíritu es la superestructura de las relaciones materiales, desconociendo su propia dinámica. Se asume el espíritu como un subproducto de la materia, de modo que si se dominan las leyes de la materia se puede someter el espíritu: si se cambian las estructuras cambia la historia (carácter mecanicista). Niega la trascendencia del espíritu.

Otra causa es el determinismo histórico: la exclusión de lo humano (la libertad y el ser del hombre) en las ciencias humanas, dada su positivización en tanto reducción de sus objetos a leyes cuantitativas y verificables. En este sentido, la sociología marxista es positivista, queriendo estudiar al hombre en términos explicativos causalistas, derivados de la filosofía materialista. Tal pretensión pretende reducir al hombre al dato puro, cuantificable, predecible y controlable, negando su libertad, su responsabilidad y su dignidad como ser humano.

Otra causa es la idea de progreso como interpretación mecanicista de la historia y que se reduce a todo lo que le sirve al socialismo. Así, es considerado como un proceso necesario de desarrollo de la historia y que responde a leyes inobjetables, de modo que ante él el hombre se torna inerme e impotente, por tanto, la libertad, la responsabilidad y la dignidad de la persona no sólo nada pueden hacer ante el progreso sino que se constituyen en su obstáculo.

Un factor que provocó la caída de este modelo tiene que ver con el fracaso material en las esferas económica y social, demostrando la falibilidad de la teoría y de las leyes científicas. Otro facto fue la fuerza de la religión, dado que fue imposible, y dentro de la ciencia misma, ocultar la pregunta sobre Dios y la construcción espiritual que tiene su origen en la profundidad de la naturaleza y de la condición humana. Así, de ser opresión la religión empezó a ser liberación, repercutiendo en todos los ámbitos de la sociedad. Otro factor fue la influencia de los medios de comunicación como desestabilizadores del autoritarismo.



COMENTARIO:
El liberalismo pretendió el cambio en la estructura política sobre la base legítima de los derechos naturales y de teorías distintas del poder como concesión de Dios al rey. Una de tales teorías (en perspectiva religiosa) planteaba que el poder era dado por Dios al pueblo quien lo delegaba a la autoridad política, pudiendo recuperarlo. Otra teoría (deismo y ateismo) planteaba el poder como emanación directa del pueblo, quien lo otorgaba al Estado a través de un contrato social.
Desde su origen, y por la ley de la oferta y la demanda, el liberalismo defendió la propiedad privada como expresión de libertad; exigió libertad de comercio, abolición de las barreras aduaneras, libertad de empresa y de contrato de trabajo, sin la intervención del Estado. Asimismo, y por la libertad y la responsabilidad individual, no apoyó las agrupaciones; pero el mundo obrero halló en esta teoría social directrices para las asociaciones sindicales y la seguridad social. Hoy, por la economía social de mercado y la intervención prudente del Estado, es más social, demostrando en el siglo XX mayor duración y resultados frente al socialismo.
Se reconoce que el liberalismo promueve los derechos de los individuos y la iniciativa y laceración de riqueza. Pero fortalece conductas como el aborto, la eutanasia, la legalización de la droga, etc. También provoca un egoísmo radical y le otorga al Estado campos como la educación y la cultura, lo que se contradice con su concepto de libertad, pero no con la intención de liberar a los individuos de las “ideologías” moralizantes y religiosas. Así, ante el peso de la realidad individual y social, el liberalismo asume el pragmatismo. En suma, ofrece buenos resultados en lo político, lo económico y lo social y asume valores compartidos por la Iglesia Católica. Pero su doctrina es materialista, concibiendo un hombre aislado, asocial y absolutamente autónomo y libre de toda ley moral objetiva y antecedente.
El liberalismo se rige bajo principios y valores, siendo fundamental la libertad individual. Como valor supremo y absoluto debe ser protegido por encima de todo, constituyéndose en la finalidad y la función de todo grupo social. Este principio puede conducir al egoísmo. Se puede definir como un humanismo absoluto, una edificación del hombre, un personalismo liberal.
Otro principio es su doctrina social. Sobre la sociedad en general, plantea que el individuo no es social sino una voluntad individual que permite el nacimiento de la sociedad: ésta, que no busca un bien común, es fruto de la libre decisión de los hombres poseedores de intereses propios. La única ley de la sociedad es garantizar las libertades individuales. Sobre la familia, que no es una institución natural, surge del contrato de las partes. Su fin es individualista, buscando la felicidad personal. Se puede disolver.
Sobre el Estado, nace del contrato social y de la libre decisión de limitar la propia libertad, para tutelar los intereses de los individuos. No desea ser clasista, pero es instrumento de la burguesía, tampoco desea reducir el poder del estado, pero le otorga poderes extraordinarios. Sobre la economía, fue una reacción contra las restricciones del mercantilismo. Sus leyes económicas son: el automatismo de la economía de mercado; la autoordenación de la economía competitiva mediante el mecanismo de los precios según la ley de la oferta y la demanda; la armonía interna entre los intereses individuales y los generales mediante el libre juego de las fuerzas: obra de la mano invisible. Hoy se da el neoliberalismo que acepta la intervención de una “mano Visible” del Estado que oriente la economía, sin perder los principios de la libertad de mercado. Quiere enmendar las perturbaciones sociales creadas por el liberalismo clásico. Sobre la iglesia, se puso en contra de la Iglesia y de toda autoridad. Quiere reducir la religión a lo personal y privado.

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