1 CLASE DE POLITICA Y DEMOCRACIA.
FILOSOFÍA Y ÉTICA POLÍTICA.
1. ESTATUTO EPISTEMOLÓGICO DE LA ÉTICA SOCIAL.
La ética es
el estudio sistemático de la moral, o teoría de la moral, y se instala en el
devenir discontinuo de la historia. A su vez, la moral es el conjunto de normas
y reglas de comportamiento en una sociedad y en una época, y cuya esencial
función es distinguir lo bueno de lo malo desde un criterio de perfección:
tradiciones y costumbres y formas de convivencia socialmente aceptadas. Así, la
moral responde a un ideal concreto de hombre y a los medios para mantenerlo o
lograrlo. En su Diccionario de Filosofía, José Ferrater Moral.
En
la evolución posterior del sentido del vocablo, lo ético se ha identificado
cada vez más con lo moral, y la ética ha llegado a significar propiamente la
ciencia que se ocupa de los objetos morales en todas sus formas, la filosofía
moral.
Como estudio sistemático de la
moral, la ética señala los conceptos básicos que permiten la comprensión de la
conducta humana, de las leyes que la regulan y de los valores que la
fundamentan y la orientan en la adecuación de actitudes sociales y en patrones
de comportamiento considerados ideales por la sociedad. Michael Ryan, en su texto “Ética Social”, dice:
Efectivamente,
hay que superar la impresión de que la moral es algo “negativo” y llena de
prohibiciones. Al contrario, si recordamos la frase de san Agustín de que la
felicidad está en la dicha que procede de la verdad, nos damos cuenta de que la
moral no es más que el esfuerzo de conocer aquella verdad de la conducta que, a
su vez, será nuestro único camino auténtico hacia la felicidad. Una felicidad
que no se funda sobre la verdad, tarde o temprano mostrará su engaño.
Por tanto, la ética ofrece los
elementos para la reflexión filosófica y la crítica de las acciones humanas en
lo individual, lo social y lo político. Además aborda el concepto de libertad
como capacidad reflexiva que concreta las acciones honestas del individuo en la
construcción de su carácter y que se manifiesta de dos modos: la relación
consigo mismo y su relación con los otros. Esta última relación señala el
concepto política, asumiéndose en el devenir cotidiano de la sociedad y
en la construcción de las instituciones y del Estado. Michael Ryan, en el texto señalado, precisa:
La
historia de la ética social está íntimamente ligada a la historia de la ética
general. Casi todas las teorías que han tratado de explicar el fenómeno ético –
hedonismo, eudemonismo, etc. – han sido aplicadas a las acciones sociales de
los hombres. También han ido a la par con el pensamiento político vigente.
Así, pues, la ética recupera hoy
su vigencia en todos los quehaceres humanos: ante los procesos modernos que
buscan intereses distintos al reconocimiento que demanda la condición humana,
algunos pensadores contemporáneos señalan la ética como candidata a nuevo
paradigma. Por eso, en la segunda mitad del Siglo XX surge en los círculos
intelectuales la reflexión sobre el discurso científico. Pero esta
epistemología no es la clásica Teoría del Conocimiento (o Gnoseología) cuyo
inventario son los ismos que
pretenden la verdad; ni la Filosofía de la Ciencia (de Comte y S. Mill) que
promueve el positivismo. Es una epistemología que piensa el estatuto de cada
ciencia, señalando su validez y posición ante el fenómeno humano. En últimas,
en la base de la epistemología se halla la ética: es crítica del discurso
científico y del científico, a la luz de lo que la ciencia y el científico
provocan en el ente social e individual humano.
Se deduce que la ética considera el devenir del quehacer
científico en los aspectos económicos, políticos y sociales que trazan el
destino de la ciencia. Entonces, y porque el hombre es el fin último de las
ciencias, la ética social se constituye en su fundamento y establece relaciones
de vecindad con todas ellas. Así, existen múltiples relaciones de la ética
social en el concierto universal del saber, de modo que nos atenemos a los
ítems propuestos por Michael Ryan. en su texto “Ética Social”: la ética social y las ciencias empíricas o
positivas, las ciencias sociales teológicas y las ciencias sociales
filosóficas.
Sobre las
ciencias empíricas o positivas, se indica que desde finales del Siglo XIX
el hombre quiso explicarse a sí mismo y al mundo desde un carácter mecánico y
funcionalista, pragmático y utilitario, reduciendo su compleja condición al
dato frío de la estadística propia del método científico, herencia de la
matemática y la física. El resultado es el desarrollo de la ciencia, la
tecnología y la industria, pero también las ideologías de los estados y las
instituciones, cuya tendencia es el olvido del sentido del hombre. Por
supuesto: es determinante la influencia del positivismo en las nacientes
ciencias sociales. Michael Ryan.
Estas ciencias estudian el hecho social desde el punto de vista de
lo observable y usando el método experimental. En esta categoría cabe todo un
abanico de disciplinas como son: la antropología, la economía, la historia, la
política, la sociometría, la estadística, la biología social, la psicología
social, la higiene social, la etnología, la sociografía, la demografía y, con
una importancia especial para la ética, la sociología.
Las ciencias
sociales buscan explicaciones sobre el hombre, y no del hombre en sí. Cada una
quiere delimitar un aspecto de la vida del hombre como objeto al que se le
aplique el método experimental. Estas ciencias han olvidado al hombre, en su
interés por las causas de ciertos fenómenos humanos, como si el hombre pudiera
estudiarse fragmentadamente, o como si lo humano se redujera a objeto
particular de estudio. Sobre la sociología, Michael Ryan.
La sociología estudia las relaciones interhumanas y la influencia
que ejerce la vida sobre los individuos. Su método es el de la observación
empírica, aunque también usa las estadísticas. La sociología ha contribuido
mucho para aclarar qué es la relación social y darle un lugar específico. Se le
suele dividir en sociología general – que estudia las características generales
de la realidad social – y sociología especial, por ejemplo, del trabajo, de la
educación, de la criminalidad, etc.
Este
comportamiento ha hecho que las nociones sobre lo humano carezcan de la
profundidad y la totalidad exigida, y sí coherentes con intereses
epistemológicos particulares. Así, estas ciencias, derivadas de la física y la
matemática (modelo nomológico-deductivo o de hipótesis) no han logrado una
autonomía de objeto ni de método ni de lenguaje, que les permita abordar el
problema humano desde un carácter más interpretativo y universal. A propósito, Michael
Ryan.
Su método es
describir, medir, comparar las relaciones sociales y formular hipótesis
explicativas que luego trata de verificar. Las leyes sociológicas son leyes de
ipso, dicen cómo están las cosas pero no cómo “deben” estar. Y, a
diferencia de las ciencias que tratan las cosas materiales, sus leyes no pueden
ser tan fijas, tan exactas, porque aquí se juega con el factor libertad y
espontaneidad.
Pero es
innegable el aporte de estas ciencias a la explicación del fenómeno humano: sus
descubrimientos, expresados en teorías, iluminan aspectos de la existencia que
permiten comprender mejor la diversidad de comportamientos humanos en su ser
individual y social. Pero estos datos, de corte explicativo, dan cuenta apenas
de sus causas y no de su telos, porque el interés no consiste en los problemas
de la ética. Es decir, si bien las ciencias sociales entrañan una ética, no se
ha preocupan por el carácter ético del hombre. Michael Ryan.
Con sus
conocimientos, la sociología busca prevenir los acontecimientos sociales y se
pone al servicio de la pedagogía social y de las ciencias del futuro. Veremos
que esto supone necesariamente un ideal de la sociedad. Y éste, a su vez, pide
una ética. Sin embargo, la sociología no considera directamente los valores
éticos.
La sociología
corre el peligro de salirse de su propio campo empírico y proponer sus “leyes”
como absolutas también para la conducta. Se establece entonces la “ley de la
mayoría”. Se confunde el “así es” con el “así debe ser”.
A su vez, las
Ciencias sociales teológicas no se desligan radicalmente de los aportes de
las ciencias sociales, pero a diferencia de éstas establecen el ser y el deber
ser a partir de la revelación, implicando un ethos de la vida social. Allí el
hombre es y existe en su mundo y en sus circunstancias, siendo un ser
trascendente y persona merecedora de respeto y dignidad. Para estas ciencias la
sociedad puede transformarse hacia estructuras más justas y dignas del hombre
como hijo de Dios. Michael Ryan.
Consideran la realidad social bajo la luz de la revelación.
Combinan una teología de la vida social con una moral de la vida social. El
objeto material es el mismo. El objeto formal es distinto. En este campo se
encuentra la doctrina social de la Iglesia, que se inspira, además en la razón,
en la revelación y en el Magisterio de la Iglesia. Se estructura en diversos
niveles: principios fundamentales, juicios de valor y directivas de acción. La
doctrina social de la Iglesia tiene como finalidad la instauración y la
restauración del orden social tal como es querido por Dios creador y revelado
en Cristo. Quiere transformar la sociedad de acuerdo a dicha doctrina para que
sea digna del hombre y del cristiano.
Por su parte, las Ciencias sociales filosóficas se asumen
como “filosofía social” y “ética social”. La primera se basa en perspectiva
aristotélica, oponiéndose al positivismo. Su método hermenéutico: interpreta y
comprende el fenómeno social. Por ello, la filosofía social va de lo
particular a lo general y viceversa, logrando el encuentro circular de lo
inductivo y lo deductivo en las nociones últimas de los fenómenos humanos. Al
respecto, Michael Ryan.
La filosofía
social, en cuanto filosofía, estudia la esencia del fenómeno social, es decir,
estudia sus últimas causas – material, formal, eficiente y final -. Es una
metafísica del ser social, comienza ahí donde terminan las ciencias empíricas.
(...) Es fácil reconocer la importancia de una verdadera filosofía del hombre,
ya que una filosofía falsa seguirán consecuencias falsas.
Hija de la filosofía social y sobre su base epistemológica, la ética
social parte del criterio de que el hombre es ser social, que pese a su
individualidad se relaciona con el otro en quien halla significado y sentido
para su existencia, constituyéndose en comunidad: el hombre nace y se
hace en comunidad. pero el nacimiento y la construcción de una comunidad no son
espontáneos ni arbitrarios, dado que las personas son únicas e irrepetibles,
poseen voluntad e ideales propios, intereses y criterios personales sobre el
mundo, la vida y el ser; por ello la comunidad requiere unas normas mínimas
para la convivencia de la diversidad y de la diferencia. Son normas legales, de
justicia, o morales, en cuanto deber ser del hombre.
Se sigue que la norma moral, o del deber ser, deviene de los
valores humanos que buscan afirmar la vida y la especie, de modo que el hombre
alcance su plenitud. De allí parte la honestidad en cuanto acciones correctas y
coherentes con los valores humanos que buscan la virtud; las acciones
deshonestas van en contra de estos valores: afirman la muerte y aniquilan las
capacidades humanas, tendiendo al vicio. En tal sentido, Michael Ryan.
La ética
social estudia el fenómeno social en relación con la norma moral. El objeto
material de la ética social es la actividad y relación social delas personas
físicas o morales. El objeto formal es la rectitud u honestidad de tal
actividad. La norma que mide dicha rectitud es la esencia del hombre como ser
social y la esencia de las instituciones sociales fundadas en dicha naturaleza
social del hombre. En otras palabras, la verdad esencial estudiada en la
filosofía social es, al mismo tiempo, vista por la razón práctica como la norma
moral de las acciones. La ética social, pues, es el conjunto de consecuencias
“prácticas” derivadas de la filosofía social.
2. LA
SOCIEDAD HUMANA: ORÍGENES, NATURALEZA Y FUNDAMENTO.
La ética
social estudia y establece los principios que iluminan al hombre y que se
expresan en la naturaleza social, el bien común, la autoridad y la
subsidiaridad. No obstante, como concepto equívoco, se entiende por sociedad
diversas nociones propias de tendencias distintas. Así, el concepto individualista
plantea que la sociedad no existe, propendiendo por el individuo y sus
intereses y alejándose del fin común del ente social. Por su parte, la
tendencia colectivista le da a la sociedad una existencia que trasciende
al individuo, negando la autonomía y la libertad de la persona. Estas
perspectivas no abarcan la totalidad del fenómeno. En el texto Ëtica Social,
Michael Ryan, L.C[12].,
sintetiza el concepto de sociedad:
En resumen, podemos decir que la sociedad está orientada a una
unidad, que no es física, sino moral; que no es sólo interna, sino también
externa; que no es transitoria, sino estable; que no es sólo local – v.gr., la
cárcel -, sino intencional; que contiene un principio de autoridad que promueve
la unidad.
Indica además
que toda sociedad posee estas propiedades: 1. Pluralidad de personas – al menos
dos -. 2. Unidos en una forma estable y duradera. 3. Cooperando para la
consecución de algún fin. Y 4. Con un vínculo moral entre ellos. El primero
alude al carácter plural: en la sociedad las personas concurren en su dignidad,
forjando un mundo diverso de ideas, voluntades, intereses, ideales, etc.. El
segundo precisa el carácter histórico: la sociedad es un fenómeno inserto en el
tiempo donde se construye y se estabiliza. El tercero señala su carácter
teleológico, precisando los fines comunes de los asociados: el bien común. Y el
cuarto indica los lazos que estrechan la cohesión social, mediante principios y
normas reguladores del “deber ser”. En suma, y según Michael Ryan.
El sujeto es
persona. La sociedad como accidente no está en lo cualitativo, ni en lo
cuantitativo, ni en la acción, ni en la pasión, sino en la relación. No es sólo
una relación de similitud – lengua, color... -, ni la relación de subordinación
a un superior... sino una relación de orden. Y es una relación real –
distinta de una relación meramente mental – porque todos los elementos de que
consta son reales: el sujeto es real, el término es real, el fundamento es real,
pues es la naturaleza social del hombre que empuja a una real cooperación para
conseguir un bien que le es connatural.
Asimismo, la sociedad posee unos atributos que la delimitan en el
concepto y en su razón de ser: 1. La sociedad es un todo (“totum quid”). 2. La
sociedad es un organismo. 3. La sociedad es una fuente distinta de actividad. Y
4. La sociedad es sujeto de derechos y deberes. Por tanto, no se la concibe
como una reunión de personas ni como instrumento para que el hombre ejerza su
individualidad. Más bien, la sociedad es una totalidad porque sostiene, incide
e interviene en los asociados y en los estamentos que conforman su
organización.
A su vez, este sello de organización le dan una categoría de
organismo o de sistema: sus partes están articuladas de tal modo que le
permiten sostener una coherencia abierta y cerrada en sí misma. Por ello, más
allá de las acciones de las personas, la sociedad efectúa actividades
específicas, considerando que responde a unos ideales y fines propios. Se infiere
que la sociedad, sin ser persona (aunque sí persona moral) se responsabilice de
unas obligaciones propias y con sus asociados, pero también ejerza lo que para
sí merece y le corresponde. En síntesis, la sociedad es sujeto de derechos y
deberes. Según Michael Ryan.
Después de
explicar el sentido preciso de los atributos podemos concluir que constituyen
expresiones simbólicas o metafóricas. No son verdaderas analogías. Sin embargo,
en toda metáfora se oculta un núcleo de realidad, y con él un resto de
analogía. En el caso de la sociedad y del organismo vivo el elemento más
importante está en la teleología de las partes. Aquí es donde sí hay un aspecto
de analogía. De hecho, el concepto de organismo ha sido siempre el concepto más
idóneo y preferido, con grande importancia en la teología también.
Sobre su origen, la sociedad hunde sus raíces en la
naturaleza del hombre, es decir, como constitutivo de la condición humana
aparece una fuerte tendencia que lleva a los hombres a establecer fuertes
relaciones entre ellos. Asimismo, la sociedad responde a la naturaleza del
hombre por dos grandes vectores: un origen remoto y un origen próximo. El
primero se refiere a la parte natural del hombre (creación de Dios), dada a
priori, relacionada con la experiencia y la reflexión filosófica. Por la
experiencia, el hombre edifica su destino y su existencia en el mundo y en sus
circunstancias. Eso lo lleva a relacionarse con otros, a establecer compañía y
ayuda mutua, en un sentido gregario o colectivo.
A su vez, este carácter colectivo es mediado por el lenguaje, que
le permite al hombre expresar y comprender ideas, sentimientos y voluntades.
Sin lenguaje no hay comunicación humana y sin ella no hay comunidad. Y en la
comunidad logra el hombre plenitud en los aspectos materiales y espirituales;
en la comunidad nace y se hace persona, siempre en un continuo devenir y
búsqueda de sus virtudes.
De allí se desprende la reflexión filosófica o la capacidad humana
de pensar, de razonar y de establecer una dialéctica entre el ser y el deber ser. Por ello el hombre está
en búsqueda de la excelencia (o plenitud de sus facultades) así como está
presto a que otros, en un sentido pedagógico, logren dicha excelencia. Aparece
así la solidaridad como la tendencia que lleva al hombre a comprenderse como
ser mortal, pero susceptible de perfeccionamiento y que se proyecta en el
“otro”, sin quien su excelencia no tiene sentido. El hombre es solidario porque
descubre en sí mismo la naturaleza humana y porque la descubre en los “otros”.
El origen próximo (o inmediato) se refiere a la parte específica
de los hombres, las facultades que le determinan y posibilitan sus acciones
concretas en el tiempo y en el espacio. Estas facultades son la inteligencia y
la voluntad. La primera (logos o ratio) le permite discernir el
mundo, pensarlo, ejercer la reflexión para alcanzar la intelección de lo que se
considera correcto. La segunda es el querer ser. Así, inteligencia y voluntad
le dan al hombre la libertad. Según Michael Ryan.
Nosotros afirmamos
las dos dimensiones en el origen de la sociedad. Por tanto, el origen remoto
–radical- de la sociedad se encuentra en la naturaleza de la persona – y en
Dios como autor de la naturaleza.- El origen próximo e inmediato que determina
la forma concreta de la sociedad depende de las facultades específicamente
humanas de la inteligencia y la voluntad. Las sociedades no surgen sin el
consentimiento, implícito o explícito, de las personas. Así, es manifiesta la
parte natural, dada a priori, y la parte activa de los hombres en la
formación de la sociedad.
De lo dicho surgen los principios fundamentales de la vida social:
1. La persona humana es el origen y el fin de la sociedad; 2. El principio de
solidaridad; 3. El principio del bien común; 4. El principio de subsidiaridad;
5. La dignidad del trabajo humano; 6. El destino universal de los bienes. Según
la persona humana como origen y el fin de la sociedad, toda persona
pertenece a la especie, poseyendo la razón y la voluntad, lo que le permite ser
libre, responsable y sujeta de derechos y de deberes: la persona es digna.
Sobre esa base, se erigen los derechos humanos que deben considerarse a
todas las personas sin discriminación.
La solidaridad obedece a la virtud dirigida a la
interacción y la interdependencia de las personas, siendo una actitud moral y
axiológica en la sociedad. Su tendencia fundamental es la defensa y la
promoción del bien común, como búsqueda del bienestar de los asociados, para
que cada uno logre, bajo su responsabilidad, la plenitud a la que aspira toda
persona. En este sentido, y por la sociabilidad, se establece una dialéctica de
reciprocidad: la sociedad se debe a la persona y la persona se debe a la
sociedad. Al respecto, Michael Ryan.
Este
principio ontológico (id quod est) es también un principio ético
(id quod debet esse). Los hombres como seres racionales y libres deben
ordenar sus acciones al orden objetivo. El orden objetivo social pide aquella
apretura de los miembros hacia la sociedad y hacia el bien común, que es
necesario para que puedan adquirir la perfección que le es debido como imágenes
de Dios. Eres social. Actúa socialmente. El hombre debe actuar de acuerdo a la
naturaleza social querida por Dios. Por lo tanto, los miembros tienen deberes
morales hacia la comunidad.
Este
principio ontológico y ético, se convierte también en un principio jurídico. La
sociedad, como unidad de orden, logra su fin mediante el derecho y la ley que
ordena la actividad de todos hacia el fin común y coordina los derechos de cada
persona.
Según el bien común, las personas, las instituciones y la
sociedad deben buscar el bienestar de todos los miembros. Asimismo, es de
considerarse que la sociedad como ente distinto de sus asociados, tiene su
propio fin: el bien común, promovido para que los asociados hallen los medios
necesarios para su plenitud. Así, el bien común debe ser promovido por todos y
cobijar a todos, y todos, al desearlo, deben someterse a él. En las palabras de
Michael Ryan.
El bien común
es la organización de los diversos elementos de las fuerzas sociales creando el
conjunto de condiciones que permite a todos los miembros buscar una plena
existencia humana.
Según la subsidiaridad, debe considerarse la reciprocidad
entre las partes y el todo del ente social, sobre todo en lo concerniente a las
obligaciones o deberes. Así como los miembros deben subordinarse a la totalidad
para promover y conservar el bien común, la totalidad debe proveer a los
subordinados los elementos materiales y espirituales que les ayude a alcanzar
su plenitud. Ello tiene unas implicaciones prácticas, las que se estipulan en
el texto “Ética social”, de Michael Ryan, L.C. Así:
1. Se afirma la
autonomía, el primado, la iniciativa y la responsabilidad de las personas y de
las sociedades inferiores.
2. Se prohíbe a
la sociedad superior impedir aquella iniciativa o asumir funciones propias de
las personas y de las sociedades inferiores.
3. Se impone a
la comunidad superior el deber de subsidiar a las inferiores, creando las
condiciones, etc., para que puedan realizar sus iniciativas.
El principio de subsidiaridad señala el carácter dinámico
de la sociedad sobre criterios de solidaridad. Así, el ente social es dinámico
por las fuerzas autónomas de sus miembros, pero reguladas y orientadas por
principios de autoridad y gracias a la voluntad quien desea plenitud y
bienestar, aspectos constituidos en la razón de ser de la sociedad y que
justifican el carácter social del hombre.
De allí surgen principios de orden metafísico, ético social y
jurídicos, entrelazados en la acción personal y social. El principio metafísico
responde al criterio de que la persona y la sociedad son libres de asumir su
ley y de ejercer su autonomía. El
principio ético social responde al criterio de que la sociedad se debe
al carácter subsidiario, para que sus miembros alcancen la realización querida.
Y el principio jurídico, responde al criterio de la justicia distributiva: la
responsabilidad de dar a cada quien lo suyo. En resumen, Michael RyaN.
Aquí se funda
también el pluralismo como consecuencia de la concepción de la sociedad como
organismo en el cual se respeta el lugar, la función y la autonomía de cada
parte. Esta concepción orgánica de la vida social con su dinamismo interno,
cuerpos intermedios, concertación hacia el bien común forma un sub-principio
importantísimo. Dicha organicidad, a su vez, asegura otra cualidad esencial: la
participación. Es un punto importante y ocupa un puesto predominante en la
doctrina social de la Iglesia reciente. Su fuerza radica en el hecho de que la
participación justa, proporcionada y responsable asegura la realización de las
exigencias éticas de la justicia social.
Según la dignidad del trabajo humano, el trabajo es un
valor y un bien individual y social. Por el trabajo el hombre hace aquellas
acciones que afirman y realizan su ser. El trabajo, como actividad productiva
en los aspectos materiales y espirituales, se constituye en un fundamento de la
estructura social.
Según el destino universal de los bienes, toda la obra de
Dios está destinada para los hombres, así que, por el principio de justicia y
de caridad, todos los hombres deben disfrutar las obras de la creación, y
también de las obras humanas: ninguna criatura humana debe excluirse de los
beneficios de la cultura. Pero estos principios no son posibles si hay un vacío
en la autoridad social, como resultado de la acción social. Esta autoridad es
una consecuencia del orden social, por ello se funda en la naturaleza del
hombre y de la sociedad, siendo intrínseca a ella. Asimismo, por la autoridad
social se da el principio de unificación, tan necesario en la convivencia. Allí
se sostienen también los criterios de justicia y los fines pedagógicos
indispensables para la formación de los individuos.
Así, el origen inmediato de la autoridad está en la sociedad y el
origen remoto se halla en Dios. Al respecto, en el texto mencionado, Michael
Ryan.
(...) Si la
sociedad exige necesariamente un principio unificador que dirija las voluntades
y las actividades de los socios hacia el bien común, podemos decir que el
origen inmediato de la autoridad social está en la misma sociedad, que, en su
esencia, requiere todo aquello sin lo cual no puede subsistir. Como
consecuencia las notas esenciales de la autoridad se derivan de la misma
naturaleza de la sociedad y son
anteriores a las determinaciones libres de la voluntad humana.
Dios es el
origen último de toda autoridad en cuanto creador del hombre y de su esencia
social. En este sentido toda autoridad humana es de alguna forma una
participación de la infinita potestad de Dios; cuando se manda legítimamente se
hace en el nombre de Dios.
Según sus funciones, la autoridad debe conocer y determinar el fin
y los medios más aptos y justos para alcanzarlo. Debe tener la claridad para orientar
a los asociados. Debe diseñar las leyes y defender y coordinar los derechos y
deberes de todos. A su vez, los límites de la autoridad los determina, en lo
inmediato (leyes naturales), el bien común, y en lo remoto Dios (leyes
sobrenaturales). Otros límites los demarcan los derechos de los súbditos y de
los Estados, por tanto, la autoridad debe considerar la justicia y la
prudencia, sometimiento a su poder lo que pertinente a las acciones externas o
fuero externo. También, los socios deben obedecer a la autoridad en lo
relacionado con el bien común, considerando que cada quien puede adelantar sus
acciones personales conducentes al bien común.
4.
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA POLÍTICA.
Para comprender el concepto y la validez de la ética social, se
debe conocer las nociones propias del fenómeno político y los diferentes
momentos históricos propios de la ética y de filosofía política. Al respecto,
la cultura de Occidente hunde sus raíces en la cultura greco-romana, la que le
da paso al medioevo para alcanzar luego la cultura moderna y después el mundo
contemporáneo. A continuación, se presenta un recorrido histórico de las formas
del pensar político.
4.1. EDAD ANTIGUA.
4.1.1. Grecia
y el mundo helénico.
La filosofía griega presenta dos periodos: los presocráticos y la
filosofía clásica. Los presocrátiocos, o primeros físicos, quieren conocer el arché
de lo existente. Para la filosofía clásica y la sofística hay una
problemática compleja, cuyo centro es el hombre y sus acciones, surgiendo
conceptos como la ética, la política y la antropología, y que tendrán
tratamientos disímiles y diversos, no sólo por los sofistas interesados en la
política, sino por Sócrates, Platón y Aristóteles. Así, en la Grecia de
Pericles el hombre es el centro de la filosofía, a quien se le considera como
amante de la libertad e individualista, pero entregado al reconocimiento y
defensa de la polis, razón de ser de la vida ciudadana. Michael Ryan.
Para los
atenienses la libertad tiene una dimensión más amplia que la política: es derecho a hacer lo que se quiere. Es de cuño
individualista. La Democracia (Atenas, siglo V) se define como gobierno del
pueblo, pero su significado le viene más bien por su oposición a las tiranías y
a las oligarquías que por su concepto claro de pueblo. Se funda sobre la
igualdad política, pero no pone el problema de la igualdad social. Su carácter
principal es la participación activa de los ciudadanos en la vida pública.
Quien evade este deber es considerado como un inútil. Los poderes legislativo y
judicial son de la asamblea popular, preocupada sobre todo, después de amargas
experiencias, de evitar el abuso en el poder ejecutivo. Prefieren un poder no
excepcional, designándola a suerte y no escogiendo a los más capaces.
Sócrates, y
distinto de los sofistas, interesados en la política, el gobierno y el Estado
(lo que incidirá en la consolidación de la democracia griega), se preocupa por
la interioridad y el alma humana, y establece de una axiología, cuya cúspide es
el saber, o máxima areté, propio de
la condición humana que desea obtener la excelencia. En el Diccionario
mencionado, dice José Ferrater Mora.
Muchos
autores consideran a Sócrates como fundador de una reflexión ética autónoma,
aun reconociendo que la misma no hubiera sido posible sin el sistema de ideas
morales dentro de las cuales vivía el filósofo y especialmente sin las
cuestiones suscitadas acerca de ellas por los sofistas.
Sócrates
influye en Platón, quien profundiza y sistematiza su pensamiento hacia un
discurso total y coherente sobre el mundo, la vida y el hombre. Este ateniense
de 427 a. C., aborda temas como el pensamiento, la antropología, la política,
la ciencia y la ética, entre otros. Su Teoría de las Ideas parte de un
dualismo: la separación en el hombre del cuerpo y el alma, donde ésta pervive
antes del nacimiento y después de la muerte del cuerpo, el que se torna en la
cárcel del alma, siendo mortal, mutable e imperfecto. Así, la esencia del
hombre es el alma, expresada en las ideas, las que deben cuidarse y cultivarse
mediante el ejercicio de la razón para retornar al Demiurgo o Mundo de las Ideas. Distinto del mundo de los sentidos,
el Demiurgo es perfecto, inmutable y
eterno, de donde se infiere una axiología rigurosa para el hombre griego que
busca la perfección y el bien.
Sobre política, Platón propone un sistema perfecto erigido sobre
la justicia, para una ciudad que propicie la formación de ciudadanos buenos.
Está convencido que ante el vicio siempre triunfa la virtud. Por ello propone
un Estado estructurado sobre tres elementos: Los filósofos-reyes: (de
ambos sexos), Esta clase, resultado de una paideia rigurosa, comporta el
saber y se encarga del gobierno de la República. Los Guardianes, que
comportan la virtud de la valentía, se materializan las órdenes de los gobernantes
y defienden la ciudad: constituye un ejército. Los campesinos y artesanos,
que comportan la virtud de la moderación, sostienen económicamente al Estado. Michael
Ryan.
En su edad
madura (Las leyes) Platón ya no busca un Estado ideal sino el mejor
Estado posible. Cae en la intolerancia respecto a la libertad religiosa – dura
represión al ateismo -; su anterior abolición de la propiedad privada para la
clase dirigente queda mitigada y pasa al concepto de “todos propietarios”; la
aristocracia agraria sería la base de la ciudad. Propone una vida cotidiana
minuciosamente disciplinada con rigurosas normas de moralidad privada, comidas
en común, prohibición de ir al extranjero, delación obligatoria entre los
ciudadanos. En fin, un sistema rigidísimo, consecuencia en parte a las
desilusiones políticas sufridas.
A su vez,
Aristóteles construye una filosofía opuesta a su maestro Platón. Plantea un hylemorfismo para explicar la esencia
del universo y del hombre: la materia posee una forma y la forma es inherente a
la materia; así, el cuerpo es la materia y el alma es la forma, siendo las dos
entidades expresiones de la misma esencia. En el hombre el alma es la razón, y
el alma sensitiva y vegetativa, herencia de animales y vegetales. Por ello,
interesado por las acciones humanas, Aristóteles profundizará en las
dimensiones individuales y sociales, en lo público y lo privado, elaborando
asombrosas teorías sobre la ética y la política, y que aún hoy son claves para
la comprensión del hombre y la sociedad. Dirá Michael Ryan.
De su concepción ética del bien, como “vía del medio” entre el
bien y el mal absoluto, deriva la fórmula política ideal: democracia moderada,
fundada sobre la clase media, fiel a las leyes y lejos de los excesos.
Aristóteles tiene confianza en el valor de la mayoría, pero toma en cuenta el
mérito.
Sobre la ética (o ethos) Aristóteles señala el telos o fin último como la razón de ser
o el ideal al que tiende la condición humana. Este telos es la excelencia o plenitud de las capacidades humanas. Así,
por las acciones habituales honestas y la libertad guiada por la razón, el
hombre se aproxima a su forma más humana. Por ello propone un arte de vivir o
del vivir bien, bienestar que también debe ser propio de la comunidad y que denominará
política, o arte de vivir con los
demás. En tal orden, la ética y la política son dimensiones relacionadas dado
que se dirigen al mismo fin: el bienestar del hombre. Para el Estagirita el
hombre es social, y se debe a la comunidad tanto o más que así mismo. Michael
Ryan.
Para
Aristóteles el hombre es un animal político – de “polis”-, porque el hombre
tiende por naturaleza a vivir en, por y para la polis: comunidad perfecta. Por
tanto, vivir en la ciudad no significa un mero “estar en” o “instalarse en”,
sino que conlleva una tarea, un deber ético.
La
importancia de la ética para la comunidad y la sociedad radica en la necesidad
de establecer unas regulaciones sobre las costumbres acogidas por todos y sobre
las acciones conscientes y conducentes al mejoramiento del ser colectivo e
individual. De allí surge la ética política, de modo que no se puede abordad la
política sin considerar la ética, y viceversa. Dirá Aristóteles.
Ya que vemos
que cualquier ciudad es una cierta comunidad, también que toda comunidad está
constituida con miras a algún bien (por algo, pues, que les parece bueno obran
todos en todos los actos) es evidente. Así que todas las comunidades pretenden
como fin algún bien; pero sobre todo pretende el bien superior la que es
superior y comprende a las demás. Esta es la que llamamos ciudad y comunidad
cívica.
Estos
postulados sitúan la ética y la política en la esencialidad de la condición
humana, provocando la comprensión de los sistemas sociopolíticos, y más si se
les asuma de la reciprocidad entre el individuo y la sociedad para el
surgimiento del estado. En su búsqueda de recrear y crear la cultura para su
beneficio, el hombre traza formas sociales plegadas a sus intereses. Así, los
sistemas sociopolíticos son dinámicos y tienen un carácter histórico. Por ello,
su reflexión no alcanza aún la profundidad que se conoce en la época moderna.
4.1.2. Roma y
el cristianismo.
Una vez la civilización griega es absorbida por el imperio romano,
su fuerza pierde toda dirección y se ampara en la nostalgia, por tanto el
interés por la ética y la política se pierde. El imperio romano deviene en
condiciones económicas, políticas, sociales y culturales propias, por eso son
otras las preguntas que llaman a los filósofos. Pero en la política el imperio
romano necesita establecer reglas de juego con sus nuevas colonias, de modo que
el Derecho se constituye en objeto del pensar filosófico. En el texto “Ética
social”, Michael Ryan.
Graves fenómenos sociales agravaban la situación de la República:
había dos grupos nuevos inquietos: una clase media desangrada por las guerras y
por la competencia con las grandes propiedades senatoriales se iba convirtiendo
en proletaria, y los nuevos ricos – los odiados recaudadores de impuestos –
reclamaban parte del poder del senado. Tiberio y Cayo Graco perderán la vida en
el vano intento de hacer una reforma agraria en contra de los intereses
patricios. Pocos años después se tendrán las revueltas de los esclavos.
Cicerón es
representante del pensamiento filosófico del Derecho y de la Roma republicana;
toma una posición mediadora entre la oligarquía y el partido popular. Sobre la
“ley natural” dice que de la relación de la recta razón y la naturaleza emana
la verdadera ley, la que deben atender los hombres, puesto que es eterna y
universal. Por ello, no hay modo de evadir la responsabilidad debida: pervive
siempre en las acciones de los hombres. Michael Ryan.
Esta
concepción de ley natural constituye una elevación por encima de lo particular
y lo contingente, hasta un ideal universal y necesario de conducta, que
describe de qué manera uno debe comportarse para ser verdaderamente hombre.
Está por encima de la ley humana. Aquí Cicerón hace la clara distinción entre ius
y lex, distinción fundamental para toda la filosofía social y para
el tema de los derechos humanos.
Y Roma deja
la república y acoge la monarquía absoluta de los emperadores; allí se rinde
culto a Roma y a la personalidad. No obstante, con Vespasiano (a. 69) empieza
una línea política distinta, caracterizada por la amplitud y la integración del
imperio romano: asumen el poder los nobles de la provincia, obedeciendo a una
tendencia más moral (estoica) que política, por la intención de posibilitar la
participación de todos en los intereses del imperio.
En el siglo I los cristianos se someten al Estado, pero en el
siglo II logran las clases elevadas, provocando el problema de conciliar la fe
y la política, o la fe y el Estado. Se genera así un cambio en la perspectiva
filosófica, dado que rompe con el modelo anterior de la ley positiva. En
consecuencia, y a partir del Edicto de Milan (a. 313) el poder civil de Roma le
da derechos a la Iglesia y la llama en su auxilio. En relación con este
problema, Michael Ryan.
Se resolverá diversamente en Oriente y Occidente. En Oriente se
lleva al límite la teoría del origen divino del poder político. Un pensamiento
neoplatónico conduce a la idea de un orden social querido por Dios, del cual el
monarca es imagen y expresión. En esa línea la herejía ariana subordina el
Verbo al Padre, haciéndolo la primera creatura para luego decir que el Logos
“fortifica al príncipe con su soplo, lo ilumina con su revelación, le participa
su virtud”. No es de maravillarse que partiendo de estas premisas el emperador
intervenga en Oriente en la designación episcopal e, incluso, en cuestiones
dogmáticas. Pero, a partir del siglo IV, la Iglesia comienza a tomar posición
frente a ciertas cuestiones con carácter social-político: los esclavos, la
pobreza (cf. Gregorio de Nisa, Juan Crisóstomo).
Ahora bien:
Occidente carencia de autoridad civil, por lo que la Iglesia se obligó a
ingresar en espacios como el ejercicio del poder y de la política. Se menciona
el caso de San Anselmo y la defensa de San Agustín.
4.2. EDAD
MEDIA.
Sobre la
cultura grecorromana se erige el Medioevo (del Siglo II al Siglo XVI d. c.)
Posee sus condiciones económicas, políticas, sociales, culturales y
espirituales y sus problemas y preguntas sobre la ética política, por ejemplo,
el equilibrio Iglesia-Estado. En el debate, y durante siglos, la Iglesia
afianza su poder. Así, en el siglo VIII el papado tiene más poder y se ve
obligado a intervenir en lo socioeconómico. Ya en los siglos XII, XIII y XIV la
Iglesia ha alcanzando su afianzamiento en lo espiritual y en lo temporal, y
ello gracias al fenómeno retardatario del feudalismo.
Es de señalar
que la Iglesia lidera la cultura de la época mediante los monasterios y las
universidades, espacios privilegiados para el juego de las ideas. Asimismo,
orienta la construcción de las catedrales y las cruzadas. Estas condiciones
permiten en el Siglo XIV el renacimiento urbano, promoviendo la laicización del
poder político y los nuevos derechos de la ciudad. Debe precisarse que en las
universidades, y desde el siglo XII, se impulsa el estudio del Derecho
Canónico, abordando la polémica de la dualidad y autonomía de los poderes y el
primado del poder espiritual. En esta confrontación participará Santo Tomás de
Aquino.
En este contexto
aparece un pensador que determinará en buena medida la filosofía de la alta
escolástica, cuya obra alcanza la cumbre del Renacimiento Filosófico del
Siglo XIII: Santo Tomás de Aquino
(1224-1274). Influido por Aristóteles y la obra platónica y neoplatónica, santo
Tomás hace una síntesis monumental, conocida en occidente como Aristotelismo Cristiano. Allí, este pensador determinará las
acciones que unen al hombre con Dios: el ligare
(Uno en Dios), el apartamiento (la vida terrenal) y el religare (religión) como retorno a Dios y a la eternidad. En
seguida, asume una posición moderada sobre el problema de los poderes,
indicando que la salvación del alma se da en la obediencia al poder espiritual
y que el bien de la ciudad se debe al poder temporal, sobre el que la Iglesia
no debe intervenir. No obstante, señala que ambos poderes hallan su fin en
Dios. Traza un esquema racional de tal magnitud (Dios, naturaleza, hombre) que
allí hallan su lugar la sociedad y la autoridad civil. Michael Ryan.
La concepción de una sociedad, tal como la que había transmitido
la tradición cristiana, era, para santo Tomás, eterna. Podía haber
controversias, pero las discrepancias no podían producir cambios esenciales en
aquella. Su filosofía trató de encontrar las razones de esa concepción, de
construir un esquema racional de Dios, de la naturaleza y del hombre, dentro
del cual encontrasen su lugar debido la sociedad y la autoridad civil. En este
sentidola filosofía de santo Tomás expresa en la forma más madura las
convicciones, tanto morales como religiosas, en que se fundaba la cultura
medieval.
Santo Tomás
asume la gnoseología de la alta escolástica y reúne la tradición de la Edad
Media, afrontando la diversidad y divergencia de las ideas. Por ello, su obra
lo ubica más allá de las escuelas y lo señala como fuente de distintos posibles
en la filosofía, la teología y la ciencia, donde la fe es la realización plena
de la razón y del conocimiento. Asimismo, concibe el universo como una
jerarquía que va de Dios a todos los seres, y cuya esencia es la subordinación
a un fin.
Sobre la vida
social y política surge una visión sistémica de la naturaleza, dado que ve la
sociedad como un sistema de fines y propósitos: cada parte juega su papel y se
articula entre sí y con el todo, buscando la vida buena. Así, la sociedad actúa
por los intercambios y los aportes del trabajo de las partes (individuos y
clases) rigiéndose por el principio de que lo inferior sirve a lo superior, de
quien recibe orientación. Este principio le permite al individuo y a las clases
interactuar en un marco jurídico externo, cuyo fundamento es el bien común
pre-establecido y designado por Dios, poseyendo un valor sagrado. Michael Ryan.
Esta concepción teológico-histórica, unida a la creencia de que el
imperio romano cristianizado constituiría el último estado en el desarrollo de
la humanidad, da al sistema su estabilidad: no vale la pena pensar en una
modificación del orden existente. Los que aleje de ese orden será malo y será
castigado en el juicio final delante de toda la humanidad.
Sobre la base
de estas deas, el concepto aristotélico del bien común recibe un valor social
acrecentado y funda no sólo una construcción jurídica, sino también una
doctrina y una ética de la sociedad.
Su concepción
de gobierno también es holística y responde al bien común, siendo el interés
del gobernante conducir las acciones de sus subordinados hacia el logro de la
vida feliz y virtuosa. Asimismo, como en la relación alma-cuerpo, el gobierno
es una magistratura de la comunidad, de modo que para ser legítimo el ejercicio
del poder debe obedecer a los límites que le designa la ley. Y sobre la ley
halla una fuerte relación entre ley humana y ley divina: la primera es parte
del gobierno divino que lo rige todo, por tanto su finalidad, más allá de
regular las relaciones humanas, es el bien común. A su vez, la ley humana es un
corolario de la ley natural porque la sociedad es apenas un periodo de
transición hacia la eterna contemplación de Dios. A propósito, Michael Ryan.
La voluntad
arbitraria no tiene nada que ver ni en la naturaleza ni en la sociedad. Ambas
están gobernadas por razones o fines más bien que por fuerza. Santo Tomás no
pensaba en una voluntad divina o humana que hiciese la ley mediante un fiat,
ni en la naturaleza ni en la sociedad. Sus cuatro formas de ley son cuatro
formas de razón, que se manifiestan en cuatro niveles distintos de la realidad
cósmica, pero que constituyen una sola razón en todos ellos. Los nombres que
les dio santo Tomás fueron ley eterna, ley natural, ley divina y ley humana.
En suma, santo Tomás define la ley como “la ordenación de la razón
para el bien común, hecha por quien tiene a su cargo el cuidado de la comunidad
y promulgada solemnemente”. Por ello, y acerca de los Derechos humanos, propone
la tesis de la libertad religiosa, precisando que los padres deben educar a sus
hijos en la religión que consideren correcta.
Por su parte,
Dante será partidario de la Monarquía universal: considera el imperio como la
mejor forma política porque promueve la paz y porque allí confluyen dos
autoridades designadas por la Providencia: sacerdotium e imperium.
Sin embargo, sobre el gobernante asegura que recibe el poder directamente de
Dios, de modo que no posee superior humano, estableciendo una independencia con
la Iglesia y mostrando un primer síntoma de decadencia de este periodo: la
ruptura entre razón y fe, o lo espiritual y lo material. Así, los gobiernos no
debían intervenir en los asuntos de la fe y la fe no debía intervenir en los
problemas del Estado. De allí surgió la fragmentación de la cristiandad, además
por la fracción de los estados nacionales europeos. En el texto mencionado, Michael
Ryan.
En el siglo
XIV, con la transferencia de la sede papal a Avignon, se atiza la
contraofensiva del poder laico contra el eclesiástico. Diversos pensadores
animarán este proceso. El ataque más virulento lo conduce Marcelino de Padua;
afirma que no hay poder espiritual fuera de los laicos. Guillermo d´Ockham busca
reformar la Iglesia separando su acción de la del Estado. John Wycliffe,
profesor en Oxford, exalta el poder temporal y aforma que si el “dominium”
civil es incompatible con el estado de pecado, esto vale también para el estado
eclesiástico. En la misma línea hablará Hus; el pontificado es inútil.
4.3. EDAD
MODERNA.
El Renacimiento
abre tiempos de novedad y un movimiento en muchas direcciones, como la
renovación de lo antiguo, dándole a esta época su nombre: se rescataron
valiosos elementos de la cultura greco-romana, manifiestos en los libros y en
el arte. Hubo un regreso al platonismo y al aristotelismo.
Nace la
modernidad en la consolidación de las monarquías y las naciones soberanas y en
la expansión del comercio. Se propaga el racionalismo y se dan guerras civiles
y de religión. Asimismo, y ya definida en el siglo XV, la modernidad genera
nuevas interpretaciones sobre lo jurídico y la soberanía, y que tienden hacia
el derecho natural, racionalista, alejado de la metafísica. Además, se instaura
el pensamiento empírico, influyendo en el pensamiento político.
Deben
considerarse los avances culturales e intelectuales: el descubrimiento de
América, el renacimiento, Reforma protestante y guerras de religión en el siglo
XVI; consolidación de las monarquías, desarrollo económico, consecuencias de la
Reforma, influencia de la ciencia en la política, en el siglo XVII;
consolidación de la burguesía, influencia de la biología y la teoría de la
evolución en la política, el Siglo de las luces, la Revolución Francesa, la
independencia de los Estados Unidos y auge de la opinión pública y el debate
político público y privado, en el siglo XVIII.
4.3.1. Precursores.
El tema del
poder le llamó la atención a la ciencia y abrió la necesidad de una nueva idea
de hombre de Estado. Por ejemplo, Niccolo Machiavelli
(1469-1527): Su filosofía del hombre, del derecho y del Estado es una
consideración mecánica-cuantitativa de la naturaleza. Su libro El Príncipe
es una formula sobre la jugada oportuna en cada situación de las fuerzas
políticas. Los hombres son cuantos de
poder, incluyendo al príncipe. Michael Ryan.
La tesis de
base de Il principe es “el fin justifica los medios”. Es licito usar
todos los medios para lograr el éxito. Aunque el libro no es a propósito
anticristiano, sí critica el cristianismo en cuanto que las virtudes que
propone debilitan a los ciudadanos y al Estado mismo. Lo que hace falta es la
“virtud”, entendida como valentía. El método que usa es partir de ejemplos
históricos para establecer criterios para la política. Es un buen testimonio de
la política pragmática de su tiempo.
A este
pensador se opone Erasmo de Rótterdam (1457-1536) quien establece
relaciones de sentido entre la moral y la política, siendo partidario de de que
el príncipe se forme en los valores y los principios humanistas. Se opone a la
guerra. Se le considera un humanista del Renacimiento. En esta perspectiva,
aparece Tomás Moro (1480-1535) humanista, idealista y santo. En
su "Utopía" precisa un ideal político y social desprendido del
platonismo y del modelo monástico cristiano.
A su vez, Francisco
de Vitoria (1480-1546), su doctrina busca aplicar los principios
cristianos y tomistas a la condición humana, realzando la dignidad de la
persona como fundamento de su sistema jurídico. El hombre posee la capacidad de
llevar a plenitud sus potencialidades en una proyección libre y abierta, en
claro servicio a la república y al bien común. El bien común, la potestad civil
y la comunidad universal son bases sobre las que se erigen el respecto y la
dignidad de las personas. Plantea el problema de la guerra, sólo justificándola
cuando hay injuria de un estado sobre otro. A partir de allí se perfilan la
teoría de los Derechos Humanos y lo que hoy se conoce como el Derecho Internacional
Humanitario. Vitoria señala las inconsistencias jurídicas y las injusticias de
unos estados sobre otros, en especial el descubrimiento de América. Dirá Michael
Ryan.
Francisco de Vitoria formula la Carta Constitucional de los
Indios. Su tesis vino a articularse sobre tres principios claves: el derecho
fundamental de los indios a ser hombres y a ser tratados como seres libres, el
derecho fundamental de sus pueblos a tener y defender su propia soberanía, y el
derecho fundamental del orbe a hacer la paz y colaborar en bien de ella y la
solidaridad internacional.
En otra
línea, Lutero y la reforma protestante, influirán la política de
la época. Parte de la tesis de que, por el pecado, hay una separación entre lo
espiritual y lo temporal: la política se opone a los valores espirituales, por
eso el estado eclesiástico no debe considerarse. Aparece la figura de la
Iglesia invisible. Además, la reforma vitaliza las ideas liberales que se
consolidan sobre criterios como que la finalidad del Estado debe limitarse al
orden y a la prosperidad de la sociedad, sendo el pueblo la máxima autoridad.
En el mismo orden Juan Calvino (1509-1564) propone un “Estado de
Autoridad”, basado en la obediencia al poder que procede de Dios. Se desprende
el criterio de la convivencia de la libertad cristiana con la servidumbre
civil: la posibilidad de acción del cristianismo en el mundo secular sobre la
base de una política racional.
Por su parte,
los representantes de la contrarreforma se enfrentan al
absolutismo monárquico: Roberto Bellarmino (1542-1621) afirma que
aunque la autoridad sea espiritual, el Papa puede oponerse en el campo político
a lo que amenace la salvación de los cristianos. Luis Molina
(1535-1600) dirá que la deposición de un príncipe herético es un deber impuesto
al pueblo por voluntad del pontífice.
4.3.2. La ciencia política.
A partir de
esos conceptos de política se consolida un conocimiento más riguroso, de modo
que, en perspectiva epistemológica, se empieza a constituir en ciencia. Jean
Bodín (1557-1638) pone los cimientos de esta ciencia, destacándose la
familia como la institución básica de la sociedad que permite el ámbito privado
del hombre. Sobre la estructura familiar propone un poder soberano
paternalista.
Juan Althaus (1557-1638)
indica que los fundamentos del Estado son los grupos intermedios; propone
integrar la sociedad en federaciones donde confluyan regiones y ciudades
autónomas. Sobre esta estructura sitúa el origen de la soberanía en el pueblo:
el rey es delegado sujeto a las leyes y a las reglas pactadas. Estos
planteamientos anuncian ya la teoría del contrato social.
En otro
orden, el teólogo y jurista español Francisco Suárez (1548-1617). Piensa
que la autoridad social no procede de la familia sino de la naturaleza social
del hombre, fundada en el orden natural y originario de la creación: antes del
pecado original. Por eso sitúa a la comunidad en el plano de la naturaleza.
Asimismo, y distinguiendo entre lo temporal y lo espiritual, considera que el
Estado va más allá del encuentro entre voluntades, concibiendo la sociedad como
una unidad orgánica de individuos libres y conscientes, quienes se asocian para
alcanzar el bien común, entendido como el bien material: objeto último de la
felicidad política.
También
plantea que la soberanía es una institución de derecho natural y en clara
dependencia de la libertad humana, por lo que la comunidad debe respetar los
pactos y acuerdos. Asimismo, si bien la delegación del poder al rey es
irrevocable, el poder eclesiástico trasciende el civil (el espíritu sobre la
materia) sin que halla una autoridad directa ni se confundan los poderes.
Postula, además, un concepto empírico del derecho de gentes, señalándolo como
obligación absoluta a raíz del derecho natural. Por ejemplo, no se puede
imponer una ley internacional a las comunidades nacionales, aunque se promueva
la solidaridad universal, dado que el universalismo es cristiano en el
espíritu, pero no el dogmatismo.
4.3.3. La teoría iusnaturalista.
A propósito
de la ciencia política, el siglo XVII se caracteriza por el alejamiento de la
filosofía política de la teología: los problemas humanos empiezan a salirse de
la controversia religiosa, secularizándose las interpretaciones de los
intelectuales que ahora estudian a los clásicos: estoicismos, platonismo y
aristotelismo, sobre todo. Además, los avances de las ciencias naturales
influyen en las disciplinas interesadas en los asuntos sociales; estos asuntos
se asumen ahora como naturales, de modo que se les aplica los métodos
físico-matemáticos. En suma, la filosofía política se impregna de racionalismo y de empirismo.
En este
contexto Hugo van Grotius (1583-1645), uno de los clásicos del derecho
de gentes y del derecho natural, escribe su gran obra sobre el derecho de la
guerra y de la paz; es un compendio del derecho y de la filosofía del derecho,
donde es posible establecer la dignidad y la libertad del hombre mediante el
recurso de un derecho que es superior a toda legislación humana. A su vez, Samuel
Pufendorf (1632-1694), teórico del derecho natural, plantea que éste es
necesario e inmutable y deducido de la naturaleza de las cosas. Basado en los
filósofos griegos y latinos, postula que toda ley procede de una autoridad
superior (Dios u hombre), de manera que el derecho positivo adquiere un valor
racional.
4.3.4. El pensamiento político inglés.
Inglaterra le
da a la modernidad un buen número de filósofos comprometidos con la corriente
empirista, la que influye en el pensamiento político de Europa. Uno de ellos es
Thomas
Hobbes (1588-1679), quien rompe, por un lado, con la filosofía clásica
griega (Aristóteles y Platón) aceptada por Occidente; y por otro, recupera
otras tendencias de la filosofía antigua, las originarias del materialismo y al
naturalismo (Demócrito y sofística). Precursor del naturalismo moderno, propone
una una nueva forma de materialismo y de naturalismo, constituyéndose en aporte
determinante para el materialismo de la ilustración, el materialismo científico y dialéctico del Siglo XIX, encabezado por
el filósofo alemán Carlos Marx.
Hobbes se
interesa por las leyes que rigen la materia y de la naturaleza. Concibe estas
leyes como categorías inmanentes al hombre y directrices de las acciones
humanas y sociales. Asimismo, explica la inmanencia entre cuerpo y pensamiento,
y las leyes de la naturaleza humana en perspectiva individual y en relación con
el ser político: ciudadano y Estado. A propósito, dirá Michael Ryan.
El soberano es el órgano del Estado y de la Iglesia al mismo
tiempo. Es una soberanía absoluta, si bien según la razón, por tanto, no es
arbitraria. El Estado, el Leviatán tiene la apariencia de un gigante cuya carne
son aquellos mismos que lo han creado para defenderse. Un gigante relativamente
bonachón, simboliza la suma de los intereses y la rigurosa unidad: nada de
fracciones, partidos, cuerpos intermedios. Hobbes exalta las virtudes burguesas
como la prudencia, la medida... y no aquellas virtudes aristocráticas de la
gloria y el honor.
Por su parte,
los Levellers
( 1647-1650), movimiento de artesanos y pequeños propietarios, buscaban la
igualdad civil y política, sin buscar la igualdad por la abolición de la
propiedad. Su ala radical, Los Diggers, querían reformas sociales y económicas
sobre la base de la superioridad de la propiedad comunitaria. Anticlericales y
admiradores de cristo, rechazaban la revolución violenta.
A su vez, John
Locke (1632-1704), empirista y Padre del liberalismo moderno y burgués,
defenderá la propiedad y un poder eficiente y libremente aceptado que permita
la libertad individual, pero sometida a la mayoría. También, el Estado natural
es casi social, pero carece de autoridad jurídica, por lo que los hombres
buscan una sociedad política que asegure la libertad por la autoridad. Así, el
fin del Estado es jurídico y busca la felicidad: la paz, la armonía, la
seguridad y la libertad. Entonces la sociedad se instituye mediante un contrato
social libre para la protección del derecho a la vida, a la propiedad y a la
libertad; de no observarse respeto por las reglas los ciudadanos pueden levantarse
y exigirle al príncipe su cumplimiento. Por ello, el poder legislativo es
supremo y el poder ejecutivo es limitado. Ahora bien: partidario de un
cristianismo razonable, separa lo espiritual de lo temporal, tendiéndose por la
libertad religiosa. Dirá Michael Ryan.
Locke tudo
mucha influencia en el tema de los derechos humanos. Escribió una famosa Carta
sobre la tolerancia en 1698. En 1598 se había promulgado el Edicto de
Nantes que garantizaba la libertad para católicos y hugonotes; pero en 1685 fue
revocado y se provocó un retraso serio en la causa de los derechos humanos.
Todo el siglo XVII estuvo lleno de guerras de religión que se caracterizaron
por su extrema brutalidad –v.gr. la Guerra de los Treinta años de 1618 a 1648
que terminó con la Paz de Westfalia reconociendo libertad de religión para las
minorías-. La carta de Locke, aunque es notable como defensa de los derechos
humanos, excluía, sin embargo, a los católicos. Esto demuestra que el tema de
los derechos estaba todavía muy débil. Locke tuvo mucha participación en la
rebelión que puso a Guillermo de Orange en el trono, y se convirtió en el
defensor de esa revolución y de la Carta de los Derechos (Bill of Rights) a
la que dio origen. Este documento, junto con el Habeas corpus (1679) y
la Carta Magna (1215), se considera como un hito en la historia del
reconocimiento de los derechos humanos en la ley inglesa.
David Hume (1711-1776),
empirista, cuestiona el derecho divino y la ley natural eterna. Asume que la
base del gobierno es la costumbre conducente al respeto por conveniencia de
intereses: la utilidad mide las instituciones. Apartado del concepto de
contrato social, propone la educación del pueblo para contrarrestar las
organizaciones de masas. Y Adam Smith (1723-1790) empirista y
fundador de la economía política, dice que la verdadera riqueza es el trabajo y
señala las ventajas de la competencia y el ahorro. Asimismo, más allá de toda
disciplina, indica que el deber del Estado es facilitar la producción, mantener
el orden y la justicia y proteger la propiedad.
Asimismo, Thomas
Robert Malthus (1766-1834), partidario del liberalismo, busca la
libertad y el bienestar, pero limitando la cantidad de beneficiarios: los
pobres deben asumir el celibato porque los ricos no están obligados a darles
trabajo. Pero Con Jeremy Bentham (1784-1832) el utilitarismo inglés, burgués y
moderno alcanza su más alta expresión. Es una filosofía mercantil que, al
tiempo, quiere consolidar el orden mediante el control del individuo: cárceles,
procedimientos legales, organización jurídica, etc. El Estado debe reducirse a
las funciones jurídicas y no económicas, excepto la seguridad de la propiedad
privada. Es partidario de un autoritarismo democrático, proponiendo el sufragio
universal y la soberanía popular. Asimismo, señala la democracia como mecanismo
conciliador de los intereses del soberano y los intereses de la aristocracia
del dinero.
4.3.5. El pensamiento político en Holanda.
Su principal
representante es Benedict Spinoza (1632-1672), quien se preocupa por el ser, la
naturaleza, el conocimiento y el espíritu, promoviendo la razón como contraria
al miedo y al odio. Plantea que los problemas político y religioso son dos
caras de la misma moneda, por lo que cada quien debe ejercer la libertad y la
religión según su criterio. Su visión política busca la tolerancia y la
libertad, donde ésta es un derecho de naturaleza; así, los súbditos tendrían
derechos inviolables. Por eso, el gobierno monárquico, el soberano es
intérprete del derecho civil y sagrado y el gobierno democrático se identifica
más con la idea de Estado natural.
4.3.6. El pensamiento político en Italia.
Giambattista
Vico (1668-1744), rechaza el individualismo y el utilitarismo del siglo
XVIII: la utilidad no es principio explicativo de la moralidad sino la
expresión de lo caduco del hombre. Así, busca el orden eterno de las cosas del
que depende el destino de las naciones, postulando que luego de las democracias
las naciones volverán a la monarquía. Asegura que el progreso y la historia no
son lineales sino espirales. Y lejos del empirismo, busca las fuerzas oscuras,
los sentimientos, los mitos y leyendas con su imaginación y poesía, señalándolo
como pre-romántico.
4.3.7. El pensamiento político en Francia.
El Cardenal Richeliu
(1585-1642), hombre de
acción, mantiene con firmeza el poder y lucha contra la aristocracia, el
feudalismo y las guerras de religión. Busca la síntesis entre ética y política.
Propone en el Estado el primado de la razón, pero platea que el poder del
soberano debe basarse en la fuerza. Asimismo, dice que el clero es el primer orden del reino y debe
estar al servicio del rey. A su vez, René Descartes (1596-1650), plantea
que el progreso social debe realizarse mediante un proceso ético: la moral del
sabio es diferente de la moral del príncipe porque sus responsabilidades
justifican la superación de las normas comunes.
Blaise Pascal
(1623-1662), partidario del jansenismo (obedecer y despreciar), se
opone a la centralización monárquica y a la relación catolicismo-poder. Dice
que la justicia necesita la fuerza para imponer el orden y la paz. Distingue
entre justicia y caridad, destacando ésta. Por su parte, Jacques Bossuet (1627-1704),
señala la política y la historia como corolarios de la fe. Concilia la visión
providencialista con un determinismo: necesidad de orden y legitimidad de los
poderes constituidos. Defiende la autoridad porque su origen está en Dios.
Asimismo, el Arzobispo de Cambrai, Francois Fénelon (1651-1715) traza
un plan ideal del régimen a partir de la utópica Salento: sociedad
aristocrática, jerárquica y estable, gobernada por consejeros; austera, rural y
antmercantilista, refleja un espíritu universalista: la humanidad trasciende la
patria, la familia y el sujeto.
Charles-Levis
Montesquieu (1685-1755), aristócrata liberal, admira y divulga la constitución
inglesa. Precursor de la sociología por la relación entre la legislación y los
caracteres ambientales de un país: costumbres, clima, religión, comercio, etc.
Propone la separación de los poderes (no deben estar en las mismas manos) y la
armonía de los poderes: soberanía conjunta del rey, el pueblo y la
aristocracia. Opuesto al despotismo, propone la descentralización, señalando la
utilidad de los parlamentos y la nobleza. Piensa que la verdadera reforma debe
ser intelectual y moral. Relaciona la libertad con la seguridad en el sentido
de que ésta provee los elementos de la subsistencia. En últimas, propone un
socialismo de estado de tipo patriarcal, en donde el legislador debe poseer la
virtud de la moderación
Jean-Jacques
Rousseau (1712-1778) inicia el romanticismo. Logra un contraste entre
hombre natural y hombre artificial, tendiéndose por el primero y proponiendo la
figura de El Buen Salvaje. Su obra es una crítica a la sociedad (sobre todo
francesa) y a la civilización europea basada en el racionalismo abstracto.
Por ello, opone a la inteligencia los
sentimientos amistosos y benévolos, la buena voluntad y la reverencia,
señalando que el valor de la vida está en las emociones comunes o en los
instintos y criticando el racionalismo y la ilustración porque destruyen las
virtudes, la fe y la religión. Así, plantea que la ciencia es el fruto de la
curiosidad ociosa, la filosofía farsa intelectual y la civilización oropel. Su
pensamiento político busca el retorno a los orígenes como camino de progreso y
norma de juicio, criterio directivo para devolverle al hombre el orden y la
justicia que le son propios. En el texto Ética Social, Michael Ryan.
En su definición de naturaleza, rechaza el concepto de naturaleza
en guerra de Hobbes diciendo que esto puede ser verdad de las personas
públicas, los Estados soberanos, pues los hombres no luchan en cuanto
individuos aislados, sino en cuanto ciudadanos o súbditos. Pero también rechaza
la sociabilidad natural de los teóricos del iusnaturalismo. El hombre es
simplemente asocial. Vivía en estado natural como un ser libre, igual, bueno,
con buenos sentimientos, v.gr., la compasión.
Además,
plantea que la desigualdad y la guerra nacen con la evolución de las facultades,
la invención de las artes y la propiedad privada. Su Contrato Social se basa en
una voluntad general que cada quien reconoce como propia y que al obedecerla
cada quien se obedece a sí mismo, surgiendo un cuerpo moral y colectivo con
vida propia y autonomía. En este estado civil se sustituye el instinto por la
justicia, moralizando las acciones. Así, el estado civil continúa y perfecciona
el de la naturaleza. No obstante, la voluntad general, expresada en la mayoría,
representa la razón y constriñe a la minoría a aceptar esa voluntad y ser
libres.
Influido por
Platón, la ciudad-estado (comunidad) es el principal instrumento para
moralizar, representado el valor moral más alto: la sociedad educa al hombre.
Es un teórico del absolutismo político basado en la democracia y justificado
por la teoría de la voluntad general que legitima que una minoría manipule las
masas. Así, el Estado encarna la unidad y valor absoluto que no respeta la
libertad natural del individuo sino que lo fuerza para darle una forma de
libertad más perfecta: la sumisión a su poder totalitario. Michael Ryan.
Todas las formas de gobierno degeneran. Lo importante es educar al
pueblo en las virtudes, en el civismo, en la frugalidad, en la religión –una
religión civil con pocos dogmas -, en la tolerancia. La intolerancia es el
único dogma negativo.
Francois-Marie
Arouet Voltarie (1713-1784) busca una política del sentido común en la acción y la
tolerancia. Partidario de la jerarquía de las clases sociales, rechaza la
instrucción del pueblo. Lucha por reformas civiles y administrativas como la
garantía para la libertad de pensamiento y expresión y la abolición de los
arrestos arbitrarios, los procedimientos secretos, la tortura y la pena de
muerte. A su vez, Dennos Diderot (1713-1784) partidario de la evolución y del
progreso, representa al movimiento de la Enciclopedia. Propone el deber de
mejorar a los hombres y de contribuir a su felicidad. Plantea que el gobierno
mejor es el que dura más y más tranquilamente.
En tal contexto
se da la Revolución Francesa (1798).
Allí se elabora la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano en un
documento de 17 artículos, vigente: Derecho a la libertad, la propiedad, la
seguridad y resistencia a la opresión. Los hombres nacen igualmente libres e
independientes y la soberanía reside en la nación. También surge el
jacobinismo, partidario de la guerra, la salud pública, la nación en armas y la
idea de que el patriotismo responde a una misión nacional. Saint-just y
Robespierre cultivan la virtud y animan el terrorismo.
Por su parte,
Bafeuf
plantea que la revolución política no sirve sin la revolución social:
comunidad de bienes y abolición de la propiedad privada hacia el igualitarismo.
En el texto mencionado, Michael Ryan.
Bafeuf proponía imponer durante un largo periodo una dictadura del
comité insurreccional, pues era necesario un gobierno fuerte para instaurar el
comunismo. Hay que subrayar aquí la originalidad de proponer una organización
política para realizar la línea ideológica. Será el inspirador de los
profesionistas de la conspiración y de los intelectuales idealistas mucho más
allá de las fronteras de Francia.
4.3.8. El pensamiento político alemán.
El Iluminismo
alemán tiende al dogmatismo lógico, preocupándose más por la moralidad y la
religión que por la política. Acepta el despotismo ilustrado del Movimiento
Sturm und Drang – tempestad y asalto – antimonopolista y antiintelectual, que
busca la exaltación nacionalista. Pero el romanticismo valora los elementos
irracionales (mito y raza) que superan y comprenden al individuo.
Gottfried
Wilhelm Leibniz (1646-1716), religioso y poseedor del saber de su época, plantea
que Dios es el fundamento del derecho natural en tres grados: no dañar a nadie,
tratar a cada quien como le es debido, vivir piadosamente. Dice que el universo
es un gran coro y la armonía suprema es la metafísica. La política debe buscar
la conciliación y la unidad mediante el sentimiento nacional que busca el
universal. Así, medita sobre la unidad de las lenguas, sobre una organización
internacional para la paz y la expansión del cristianismo, sobre la utilidad de
los intercambios culturales internacionales. Lucha por la unión de la iglesia y
preanuncia la obra de los enciclopedistas e iluministas.
Immanuel Kant (1724-1804),
el Padre del Idealismo Alemán, se inspira en Rousseau, Montesquieu y el
Iluminismo, para trazar sus planteamientos políticos tendientes al progreso de
la humanidad en la libertad, la moralidad y la paz perpetua. Sobre el mundo
moral, la realidad política está dominada por el mundo de los fines, regido por
un Estado de derecho donde la política debe subordinarse a la moral. Más que
filosofía, la política es praxis para que los hombres afirmen sus derechos,
siendo su objeto la defensa de los derechos del hombre. Así, define libertad en
cuanto hombre e igualdad en cuanto sujeto a ley moral universal: en el mundo
concreto histórico la libertad se instituye imperfectamente; la naturaleza y la
política llegan a la legalidad y no a la moralidad. El Estado de derecho en la
historia es esperanza del reino futuro de los fines: la moral.
Johann
Gottlieb Fichte (1762-1814) es el primer ideólogo del nacionalismo alemán y del
pangermanismo. Concibe la libertad como la esencia interior del hombre y del
alma colectiva. Propone una filosofía del universal pero sobre la la nación
alemana. Representa un nacionalismo metafísico, religioso, místico, romántico,
pedagógico, autárquico, racista –antilatino y antihebreo -.
Friedrich
Hegel (1770-1831) Piensa que la idea de la auténtica realidad objetiva,
y la historia (historia de la razón) es el desarrollo de la dialéctica de la
idea originaria hacia el Espíritu universal. El acceso del sujeto a este
espíritu se realiza mediante el pueblo porque éste posee el ideal moral, siendo
organización espiritual y materialización de la ética. Asimismo, los individuos
entran en conflicto, pero las guerras dan unidad y salud ética a los pueblos,
conjurando la alienación del hombre en los intereses y conflictos de clase. Por
lo mismo, la Razón se sirve de las pasiones de quienes persiguen sus fines. Así
se realiza el fin ulterior: el progreso de la libertad o la toma de conciencia.
La historia
el Espíritu se revela en las totalidades concretas y los pueblos son de tal
índole, por eso la a política es la ciencia de la realización histórica de la
libertad en sus encarnaciones y mediaciones concretas: la familia, las
corporaciones, el Estado. El diálogo mediador de lo privado y lo público lo
realiza el Estado y el hombre logra la verdadera libertad en la Razón y en lo
universal. Así, el Estado usa una estrategia para que los hombres libres
alcancen un nivel más universal. Michael Ryan, L.C[40].,
precisa:
Al describir la constitución de su Estado, Hegel sigue el modelo
prusiano: un monarca hereditario que encarna la continuidad del Estado; estados
–en vez de parlamento- no electivos y con representación corporativa, es decir,
en función de los intereses; funcionarios –burocracia- que ejercitan la
autoridad principal, expresando la misión del Estado del cual son servidores y
amos.
4.3.9. La revolución norteamericana.
Se da en el
siglo XVIII y se vuelve modelo. Sus causas principales fueron los contrastes de
intereses, el abuso de autoridad de los gobernadores sobre las asambleas
coloniales y la tolerancia religiosa impuesta por los puritanos. En las comunas
se daba el auto-gobierno y la democracia directa –town meetings- que generaron
el individualismo y el deseo de independencia. Así, la declaración de
independencia se basa en la ley natural y en los inalienables derechos del
hombre: vida, libertad, búsqueda de felicidad.
Alexander
Hamilton (1757-1804), representa la aristocracia industrial del norte. Su
idea de la política se muestra en el poder centralizado y el mercantilismo
cerrado, mientras su nacionalismo se basa en la economía, cuyo crecimiento y
productividad no se concilia con un gobierno popular. A su vez, John
Adams (1735-1826) representa el liberalismo no igualitario,
aristocrático y pesimista. Fue el segundo presidente de EEUU. Por su parte, Thomas
Jefferson (1743-1823) amplia la democracia, extiende la educación, el
sufragio y la tolerancia religiosa. No acepta la concentración del poder ni el
privilegio de nacimiento ni la esclavitud.
4.4. Edad contemporánea.
Es de
precisar que los actuales sistemas sociopolíticos hallan sus bases en el
devenir de la historia del pensamiento y de la sociedad, que determinan las
nuevas concepciones sobre la ética política. De hecho, el carácter social del
hombre es un fenómeno clave para la comprensión de la condición humana, de su
dinámica y su devenir. Por ello hoy se abren diversas escuelas de pensamiento.
4.4.1. El positivismo.
Saint-Simon (1798-1853)
y Auguste
Comte (1798-1853) representan el espíritu positivista, cuyo reduccionismo
llevó a la filosofía política y social a la etnología, la historia, la
filosofía de la historia, la estadística y la sociología. Dentro de sus
bondades es de destacar el asumir los asuntos sociales como realidad propia, a
partir de la pregunta por lo social, lo que desencadenó múltiples respuestas.
En tal orden, esta corriente parte del carácter nomológico-deductico de la
física y la matemática, guiando a las ciencias sociales en la aplicación del
método científico de las ciencias naturales, incluyendo a la Psicología
experimental.
4.4.2. El individualismo.
Concibe la
sociedad desde el individuo y no desde el hombre, siendo aquél lo real y fuente
de todas las leyes y que reclama libertad e igualdad. A su vez, tal libertad
permite el progreso y la prosperidad de la sociedad. Por ello reivindca la
igualdad en tanto la ley debe ser la misma para todos, con igual oportunidad.
Allí se plantea una especie de selección natural en cuanto sería los mejores
quienes gozarían de los privilegios. Según Michael Ryan, L.C[41].,
son Puntos de vista del individualismo:
Filosóficamente: individualismo atomista. Éticamente: el hombre es
fin en sí, sin ninguna vinculación moral. Políticamente: único creador y señor
del Estado. Jurídicamente: único creador de las leyes. La única norma es el
interés privado.
La filosofía
y la historia del individualismo vienen del nominalismo, el renacimiento,
la reforma, el racionalismo iluminista, el naturalismo y
el humanismo. Esta corriente le da valor a la persona como parte activa
en la sociedad y la defensa de la libertad, pero niega la subsidiaridad: la
persona vive en la masificación y al asedio de los fuertes y del Estado. Éstos
y los débiles surgen de la ley de la libre competencia. Así, le otorga al
Estado muchas funciones, determinándolo como la fuente de todo el derecho, lo
que lleva al despotismo estatal y al totalitarismo.
4.4.3. El
liberalismo.
El término “liberal” nace en Cádiz (1812) España, y es abierto a
significados múltiples: puro, mitigado, religioso, político, económico. Como
movimiento práctico y teórico, fue sustituyendo el antiguo régimen, desde
finales del Sglo XVIII. Desde entonces ocupa un lugar relevante en la política.
Con el ascenso de la burguesía, rica por el comercio y el acceso a la propiedad
de la tierra, surge una nueva clase social y un poder que supera a la nobleza y
al pueblo como tal. Tal clase se apoyó en la ideología que urgía la igual de
derechos para todos los hombres, así que el liberalismo se identificó con ella:
ideas, intereses, tendencias y formas de vida. Estos principios se
materializaron por primera vez en el movimiento propio de la independencia a
los Estados Unidos en 1776. Asimismo, la Revolución francesa (1789) se impregnó
de ellos, lo es evidente en la Declaración Universal de los Derechos del hombre
y del ciudadano y en el lema “libertad, igualdad, fraternidad”.
Aunque se han
juntado en la historia, liberalismo y democracia son distintos. Aquélla alude
al gobierno del pueblo y enfatiza la igualdad sobre la libertad y la libertad
de la masa sobre la libertad individual. Pero ambos ven al individuo como
fuente de derecho y del orden social, moral y político. Asimismo, la democracia
moderna nació por el liberalismo, siendo censataria: el sufragio lo ejercían
sólo los propietarios y las mujeres eran excluidas; luego evolucionó hacia el
sufragio universal. También fue influida por el marxismo y por el cientificismo
del siglo XIX (darwinismo), asumiendo la vida como una competencia determinada
por la selección natural que permite la sobrevivencia del más apto.
El
liberalismo pretendió el cambio en la estructura política sobre la base
legítima de los derechos naturales y de teorías distintas del poder como
concesión de Dios al rey. Una de tales teorías (en perspectiva religiosa)
planteaba que el poder era dado por Dios al pueblo quien lo delegaba a la
autoridad política, pudiendo recuperarlo. Otra teoría (deismo y ateismo)
planteaba el poder como emanación directa del pueblo, quien lo otorgaba al
Estado a través de un contrato social.
Desde su
origen, y por la ley de la oferta y la demanda, el liberalismo defendió la
propiedad privada como expresión de libertad; exigió libertad de comercio,
abolición de las barreras aduaneras, libertad de empresa y de contrato de
trabajo, sin la intervención del Estado. Asimismo, y por la libertad y la
responsabilidad individual, no apoyó las agrupaciones; pero el mundo obrero
halló en esta teoría social directrices para las asociaciones sindicales y la
seguridad social. Hoy, por la economía social de mercado y la intervención
prudente del Estado, es más social, demostrando en el siglo XX mayor duración y
resultados frente al socialismo.
Se reconoce
que el liberalismo promueve los derechos de los individuos y la iniciativa y
laceración de riqueza. Pero fortalece conductas como el aborto, la eutanasia,
la legalización de la droga, etc. También provoca un egoísmo radical y le
otorga al Estado campos como la educación y la cultura, lo que se contradice
con su concepto de libertad, pero no con la intención de liberar a los
individuos de las “ideologías” moralizantes y religiosas. Así, ante el peso de
la realidad individual y social, el liberalismo asume el pragmatismo. En suma,
ofrece buenos resultados en lo político, lo económico y lo social y asume
valores compartidos por la Iglesia Católica. Pero su doctrina es materialista,
concibiendo un hombre aislado, asocial y absolutamente autónomo y libre de toda
ley moral objetiva y antecedente.
El
liberalismo se rige bajo principios y valores, siendo fundamental la libertad
individual. Como valor supremo y absoluto debe ser protegido por encima de
todo, constituyéndose en la finalidad y la función de todo grupo social. Este
principio puede conducir al egoísmo. Se puede definir como un humanismo
absoluto, una edificación del hombre, un personalismo liberal.
Otro
principio es su doctrina social. Sobre la sociedad en general, plantea que el
individuo no es social sino una voluntad individual que permite el nacimiento
de la sociedad: ésta, que no busca un bien común, es fruto de la libre decisión
de los hombres poseedores de intereses propios. La única ley de la sociedad es
garantizar las libertades individuales. Sobre la familia, que no es una
institución natural, surge del contrato de las partes. Su fin es individualista,
buscando la felicidad personal. Se puede disolver.
Sobre el
Estado, nace del contrato social y de la libre decisión de limitar la propia
libertad, para tutelar los intereses de los individuos. No desea ser clasista,
pero es instrumento de la burguesía, tampoco desea reducir el poder del estado,
pero le otorga poderes extraordinarios. Sobre la economía, fue una reacción
contra las restricciones del mercantilismo. Sus leyes económicas son: el
automatismo de la economía de mercado; la autoordenación de la economía
competitiva mediante el mecanismo de los precios según la ley de la oferta y la
demanda; la armonía interna entre los intereses individuales y los generales
mediante el libre juego de las fuerzas: obra de la mano invisible. Hoy se da el
neoliberalismo que acepta la intervención de una “mano Visible” del Estado que
oriente la economía, sin perder los principios de la libertad de mercado.
Quiere enmendar las perturbaciones sociales creadas por el liberalismo clásico.
Sobre la iglesia, se puso en contra de la Iglesia y de toda autoridad. Quiere
reducir la religión a lo personal y privado.
IV.
El socialismo.
En su origen intervinieron varios factores: a. Las utopías:
creaciones literarias que recrean formas sociales alejadas de la situación de
desigualdad e injusticia social del mundo real. Por ejemplo, la primera
comunidad cristiana y su ideal de pobreza, la vida monástica y su organización
interna basada en la vida común. b. A principios del siglo XIX surge el término
socialismo a través de Saint-Simon, Fourier, Cabet, Proudhon, Blanc,
Owen a los que Marx llama utópicos por carecer de rigor científico. c. El
socialismo surge del racionalismo y del individualismo iluminista: confianza en
la bondad del hombre y en su capacidad
de evolucionar, y búsqueda de la prosperidad terrena. d. La situación de los
obreros: defensor de los proletarios como conjunto de hombres que no poseen
medios de producción, sólo su fuerza de trabajo, dependiendo del trabajo y de
quienes tienen los medios de producción. El socialismo quiere mejorar las
condiciones a partir de una mejor distribución de los bienes y mediante el
cambio de las estructuras económicas. e. De la revolución a la política: sobre
el marxismo y en la segunda mitad del siglo XIX, se fundaron partidos políticos
revolucionarios. Querían hacer la revolución completa para el ascenso del
proletariado al poder. Sin embargo, tuvieron que modificarse e insertarse en
situaciones políticas pluralistas.
Se conocen
dos tipos de socialismo: el marxista (socialismo colectivista, comunismo) y el
no marxista (neosocialismo). El concepto
se refiere a la corriente opuesta a la propiedad privada o que busca su
significativa reducción. Aún así, es un concepto difuso. Hasta 1848 y en Francia,
había un socialismo premarxista, al que Marx antepuso su socialismo científico,
basado en las leyes que rigen la realidad y el mundo económico social. A partir
de Marx, y hasta hoy, se dan las corrientes de socialistas marxistas y
socialdemócratas.
El socialismo
clásico critica la economía individualista capitalista y propone una sociedad
mejor (mesianismo), a partir de la transformación de las estructuras económicas
que busque la socialización de los medios de producción. Se daría el predominio
de la sociedad (colectivismo). Los actuales partidos socialistas se identifican
así: a. Aceptación del juego democrático de la democracia liberal. b.
Aceptación de la economía de mercado y la coexistencia de empresas privadas y
estatales. c. Acentuación de una política de intervención del Estado en la
redistribución del producto del trabajo mediante la política fiscal, de
seguridad social y educativa. d. Intervención del Estado en la cultura,
promoviendo una visión del hombre puramente natural, relativa, cambiante,
laicista. Choca con la Iglesia en aquellos aspectos que comparte con el
liberalismo.
El socialismo
logró enmendar los vicios propios de liberalismo. Aún así, asume los principios
del liberalismo en su concepción inmanentista y materialista del hombre y la
sociedad. Recuérdese la Quadragesimo anno: “el socialismo, ya se considere como doctrina,
ya como hecho histórico, ya como acción, si
sigue siendo verdaderamente socialismo, aún después de sus concesiones a
la verdad y a la justicia de las que hemos hecho mención, es incompatible con
los dogmas de la Iglesia católica; ya que su menra de concebir la sociedad se
opone diametralmente a la verdad cristiana”.
V. El
colectivismo y el comunismo.
La diferencia
entre los sistemas colectivistas radica en los valores que los inspiran: el fascismo
asumió la nación, el nacionalsocialismo la raza aria y el comunismo el
proletariado. Le niegan individuo sus derechos y su fin transocial,
proyectándose como un individualismo colosal: un gran individuo cerrado,
autónomo y fin en sí, de allí que surja de los postulados del individualismo
sustentados en el positivismo jurídico y en la teoría inorgánica de la
sociedad.
A su vez, el comunismo
alude al sistema social fundado en la comunidad de bienes económicos y la
aniquilación, mediante el Estado comunista, de la propiedad privada de los
medios de producción y la división clasista de la sociedad. Sostenido en el
proletariado y la búsqueda de la sociedad comunista, se basa en el materialismo
dialéctico y el materialismo histórico de Marx: los medios de producción, la
lucha de clases, el valor y la plusvalía, la alineación, el aumento de la
miseria de los trabajadores, las crisis, la política y la instauración del
Estado comunista mediante la dictadura del proletariado.
Influido por
Hegel, Marx plantea que la historia surge de lucha de clases, generando la
conciencia política de la clase trabajadora, encargada de acabar con la
burguesía como ésta lo hizo con la nobleza. Su tesis central es que las
condiciones materiales de vida, resultado de las fuerzas y de las relaciones de
producción, determinan la sociedad: política, religión, moral, ciencia, etc.
Así, la revolución comunista, en su línea ética, debía rescatar al hombre para
el hombre, liberándolo del mito de Dios y de la propiedad privada, de modo que,
ya sin el Estado, el gobierno se limitaría a la administración de las cosas.
Son muchas
las causas del actual fracaso del comunismo. Se destaca el problema del
materialismo como dogma, que pretende que el espíritu es la superestructura de
las relaciones materiales, desconociendo su propia dinámica. Se asume el
espíritu como un subproducto de la materia, de modo que si se dominan las leyes
de la materia se puede someter el espíritu: si se cambian las estructuras
cambia la historia (carácter mecanicista). Niega la trascendencia del espíritu.
Otra causa es
el determinismo histórico: la exclusión de lo humano (la libertad y el ser del
hombre) en las ciencias humanas, dada su positivización en tanto reducción de
sus objetos a leyes cuantitativas y verificables. En este sentido, la
sociología marxista es positivista, queriendo estudiar al hombre en términos
explicativos causalistas, derivados de la filosofía materialista. Tal
pretensión pretende reducir al hombre al dato puro, cuantificable, predecible y
controlable, negando su libertad, su responsabilidad y su dignidad como ser
humano.
Otra causa es
la idea de progreso como interpretación mecanicista de la historia y que se
reduce a todo lo que le sirve al socialismo. Así, es considerado como un
proceso necesario de desarrollo de la historia y que responde a leyes
inobjetables, de modo que ante él el hombre se torna inerme e impotente, por
tanto, la libertad, la responsabilidad y la dignidad de la persona no sólo nada
pueden hacer ante el progreso sino que se constituyen en su obstáculo.
Un factor que
provocó la caída de este modelo tiene que ver con el fracaso material en
las esferas económica y social, demostrando la falibilidad de la teoría y de
las leyes científicas. Otro facto fue la fuerza de la religión, dado que fue
imposible, y dentro de la ciencia misma, ocultar la pregunta sobre Dios y la
construcción espiritual que tiene su origen en la profundidad de la naturaleza
y de la condición humana. Así, de ser opresión la religión empezó a ser
liberación, repercutiendo en todos los ámbitos de la sociedad. Otro factor fue
la influencia de los medios de comunicación como desestabilizadores del
autoritarismo.
COMENTARIO:
El liberalismo pretendió el cambio en la estructura política sobre la base legítima de los derechos naturales y de teorías distintas del poder como concesión de Dios al rey. Una de tales teorías (en perspectiva religiosa) planteaba que el poder era dado por Dios al pueblo quien lo delegaba a la autoridad política, pudiendo recuperarlo. Otra teoría (deismo y ateismo) planteaba el poder como emanación directa del pueblo, quien lo otorgaba al Estado a través de un contrato social.
Desde su origen, y por la ley de la oferta y la demanda, el liberalismo defendió la propiedad privada como expresión de libertad; exigió libertad de comercio, abolición de las barreras aduaneras, libertad de empresa y de contrato de trabajo, sin la intervención del Estado. Asimismo, y por la libertad y la responsabilidad individual, no apoyó las agrupaciones; pero el mundo obrero halló en esta teoría social directrices para las asociaciones sindicales y la seguridad social. Hoy, por la economía social de mercado y la intervención prudente del Estado, es más social, demostrando en el siglo XX mayor duración y resultados frente al socialismo.
Se reconoce que el liberalismo promueve los derechos de los individuos y la iniciativa y laceración de riqueza. Pero fortalece conductas como el aborto, la eutanasia, la legalización de la droga, etc. También provoca un egoísmo radical y le otorga al Estado campos como la educación y la cultura, lo que se contradice con su concepto de libertad, pero no con la intención de liberar a los individuos de las “ideologías” moralizantes y religiosas. Así, ante el peso de la realidad individual y social, el liberalismo asume el pragmatismo. En suma, ofrece buenos resultados en lo político, lo económico y lo social y asume valores compartidos por la Iglesia Católica. Pero su doctrina es materialista, concibiendo un hombre aislado, asocial y absolutamente autónomo y libre de toda ley moral objetiva y antecedente.
El liberalismo se rige bajo principios y valores, siendo fundamental la libertad individual. Como valor supremo y absoluto debe ser protegido por encima de todo, constituyéndose en la finalidad y la función de todo grupo social. Este principio puede conducir al egoísmo. Se puede definir como un humanismo absoluto, una edificación del hombre, un personalismo liberal.
Otro principio es su doctrina social. Sobre la sociedad en general, plantea que el individuo no es social sino una voluntad individual que permite el nacimiento de la sociedad: ésta, que no busca un bien común, es fruto de la libre decisión de los hombres poseedores de intereses propios. La única ley de la sociedad es garantizar las libertades individuales. Sobre la familia, que no es una institución natural, surge del contrato de las partes. Su fin es individualista, buscando la felicidad personal. Se puede disolver.
Sobre el Estado, nace del contrato social y de la libre decisión de limitar la propia libertad, para tutelar los intereses de los individuos. No desea ser clasista, pero es instrumento de la burguesía, tampoco desea reducir el poder del estado, pero le otorga poderes extraordinarios. Sobre la economía, fue una reacción contra las restricciones del mercantilismo. Sus leyes económicas son: el automatismo de la economía de mercado; la autoordenación de la economía competitiva mediante el mecanismo de los precios según la ley de la oferta y la demanda; la armonía interna entre los intereses individuales y los generales mediante el libre juego de las fuerzas: obra de la mano invisible. Hoy se da el neoliberalismo que acepta la intervención de una “mano Visible” del Estado que oriente la economía, sin perder los principios de la libertad de mercado. Quiere enmendar las perturbaciones sociales creadas por el liberalismo clásico. Sobre la iglesia, se puso en contra de la Iglesia y de toda autoridad. Quiere reducir la religión a lo personal y privado.
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